Si los funcionarios que allí laboran no lo soportaban, mucho menos los altos ejecutivos que con saco y corbata asisten a los eventos públicos que allí se realizan desde que la estructura fue remodelada y que anteriormente albergaba un convento y varias escuelas.
Debido a ello, se colocaron dos abanicos gigantes para apaciguar el extenuante calor de las personalidades que concurren a las instalaciones de esta maravillosa joya arquitectónica.
Al parecer estos ventiladores son los más grandes de Panamá, ya que cada una de las aspas mide alrededor de 24 pies, las cuales están diseñadas específicamente para sofocar el calor que se registra en el lugar.
Como son tan grandes, el aparato funciona a una baja velocidad y la temperatura es fresca.
Los modernos ventiladores, provenientes de Estados Unidos, tienen un costo de 18 mil dólares.
Este dinero fue suficiente para que este salón del edificio de la Cancillería se transformara en un ambiente agradable y tranquilo para la realización de diversas actividades.
Además son tan económicos que consumen menos energía que los acondicionadores de aire.
Además de los abanicos, la Cancillería figura el nuevo pabellón Centenario, un mirador al mar, dos niveles de estacionamientos y la Plaza de los libertadores.
La iniciativa de que la Cancilleria se trasladara a este edificio surgió en 1995, cuando se promovió ante la UNESCO.