Ellos ejercen dobles funciones. Y es que según encuestas aplicadas por autoridades de Salud, muchos de estos mismos parteros son curanderos de la comunidad.
Esta información fue revelada por Sonia de Graell, coordinadora del Programa Maternal de Panamá Oeste, del Ministerio de Salud (MINSA), quien detalló que hay dos tipos de parteros, los capacitados y los empíricos.
En Panamá, una gran cantidad pertenece a este último grupo, que en medio de una urgencia se ve en la necesidad de ayudar a una mujer en el proceso de parto.
Los empíricos no tienen ningún tipo de documentación, mientras que los capacitados por el MINSA, que son unos 60, gracias al apoyo de ONG como la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA).
Justamente hace poco fueron capacitados 22 residentes de Cirí Grande y El Cacao, ambos del distrito de La Chorrera, áreas que por su difícil acceso, en los últimos años han registrado un considerable número de partos en casa.
"Hay muchos empíricos, y eso es lo que se quiere, que los que lo están haciendo de esa forma en la comunidad, se capaciten", reiteró Graell, explicando que a éstos se les ubica a través de censos en regiones rurales.
Actualmente mantienen un listado de todas las personas capacitadas con al menos 40 horas o más, quienes también reciben un carné y un certificado que los acredita para desarrollar esta labor.
Los nombres figuran en cada instalación y región de salud donde se impartió el entrenamiento.
Según la funcionaria, estas personas han asistido al menos cinco partos, pero el objetivo real no es que atiendan todos los que se registran en su área, sino que aprendan a detectar complicaciones y saquen a tiempo a las pacientes para que reciban atención médica.
"Ellos son una especie de vigilantes de las embarazadas en su área", comentó.
Capacitación... ¿por qué?
Sonia de Graell es consciente de que son muchos los que cuestionan la capacitación. Lo que ocurre es que se preguntan por qué no se envían médicos.
La explicación de Graell es que estas comunidades rurales son inaccesibles, con viviendas muy distantes las unas de las otras, por lo que se hace difícil instalar centros de salud en esas zonas por sólo tres o cuatro familias.
Al igual que en otros países, a estas personas se les suministra como parte del equipo médico quirúrgico, gasas, cinta de hiladillos, guantes, todo estéril, incluso deben presentarse en los centros de salud cada mes para informar lo que han hecho en su comunidad y abastecerse de nuevos materiales.
No obstante, como no se les da pinzas ni tijeras, porque éstas necesitan esterilización, cada vez se le suministra cierto número de navajas estériles, pero para cortar el cordón umbilical únicamente.
"Esto es para reemplazar la implementación de cuchillos y machetes", comentó Graell, al tiempo que advirtió que entre las prácticas erróneas que detectan está el cortar el cordón umbilical después de la expulsión de la placenta.
Afortunadamente, en el caso de Panamá Oeste, la experiencia indica que capacitar a estas personas ha sido positivo, aunque también es necesario que la gente de la comunidad busque la ayuda oportuna y comunique que tiene a una embarazada en casa.
Tal vez para ser partera, además de voluntad, hay que tener nervios de hierro. Al menos, este siempre fue el secreto de doña Clotilde Eneida Bocanegra de González.
A sus 87 años y conocida en Taboga como "Mamá Ene", si sus manos hablaran, de seguro tendrían muchas historias que contar. Fueron éstas el primer contacto exterior que tuvo gran cantidad de niños taboganos.
En contraste con la mayoría de las comadronas, "Ene" hizo sus pininos en este oficio a los 18 años, cuando la única partera del área enfermó. Ella no sólo la preparó, sino que además le regaló un libro instructivo y su maletín, que contenía desinfectante, alcohol, gasas, tijera, guantes y algodón.
El primer parto que asistió fue el de una tía política. Orgullosa recuerda que nunca nadie murió, excepto una bebé. "Días antes del parto, a esta mujer, que tenía 10 hijos, le dije que saliera de Taboga para que tuviera médicos cerca y no quiso... Me mandaron a buscar porque tenía una hemorragia. Ella no murió, pero la bebé se ahogó con tanta sangre", detalló.
Aún así, asegura que nunca ha tenido miedo, y hasta se ríe con sólo recordar que una vez una enfermera la asistió y ésta le confesó que se moría de los nervios.
En su curriculum figuran también dos primerizas, ambas sin control prenatal, así como una mujer con el bebé fuera de posición, es decir, "sentado". Lo asombroso de esta historia es que sin ascos, Ene introdujo sus manos en la mujer y acomodó a la criatura con los brazos levantados para que no desgarrara a su madre al salir.
Ene vive ahora en Pacora, sin embargo, todavía guarda su maletín en Taboga, ya que dos veces ha ido de paseo y termina recibiendo a alguna criatura.
Estudios han demostrado que la mortalidad materna y perinatal puede disminuir gracias a la vinculación de parteras debidamente capacitadas.
En Bangladesh, Gambia y Guatemala la presencia de una partera capaz de realizar sin riesgos funciones ampliadas con respecto a la maternidad, es una forma eficaz de reducir la mortalidad perinatal.