Entre risas y sonrojada por la pena, Juliana, una joven kuna, tejía una mola que luego vendería a un B/.1. Lo hace para subsistir, tal como contó a Panamá América, mientras a su alrededor las necesidades saltaban a la vista.
A ella la encontramos en su casa, entrando por Loma Cobá, en el distrito de Arraiján, después de 18 minutos de recorrido por un cerro y una calle de piedra y tierra de la que huimos antes de que la lluvia nos impidiera salir.
Juliana, habitante de una de las seis barriadas kunas de Arraiján, Boo Yala, no tiene planeado nada especial para hoy, más que seguir tejiendo.
A nivel del área urbana de Panamá hay nueve barriadas kunas: Dagar Kunyala (Vacamonte), Abia Yala (Loma Cobá), Boo Yala, Kalu Mogir Yala y Nueva Esperanza, en calle Negra, Arraiján. Koskuna (Veracruz), Kuna Nega (Chivo Chivo), Cativá y Orgún, en Colón.
En el día en que se cumplirán 514 años del descubrimiento de América y en que los grupos indígenas rechazan la opresión de la que aseguran han sido víctima, Juliana sólo piensa en las muchas necesidades que enfrenta.
Como una típica mujer kuna, no quería hablar y le costaba expresar lo que sentía a pesar de que se le realizó una sola pregunta: "¿cómo se siente en este Día de la Hispanidad?".
Se llevaba las manos a la cabeza y se encogía, tratando de esconder la cara.
Más tarde, en dialecto, dijo que eso no significa nada para ella, según nos tradujo uno de los guías que nos llevó por el área.
En Boo Yala han aprendido a sobrevivir "con lo que salga". No tienen agua potable, las calles son intransitables y las casas están en pésimas condiciones, además no hay rondas de la Policía Nacional.
Juliana confiesa que salió de la comarca Kuna Yala con el ánimo de mejores días, pero ahora vive con más dificultades.
Según el informe "Los pueblos indígenas de Panamá: Diagnóstico sociodemográfico a partir del censo del 2000", de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), "persiste un vacío entre las normativas legales y su implementación, lo que conlleva que en este siglo una proporción importante de la población indígena panameña siga viviendo en una situación de marginación y exclusión social".
En el Centro Familiar Comunitario de Educación Inicial (CEFACEI) ubicado en la comunidad Kalu Moguir Yala se encontraba Mildret Ávila, una maestra kuna que corroboró lo dicho por Juliana.
Dice que habitan un sector que se ha convertido en peligroso en los últimos tiempos, en donde la inseguridad parece ganar más espacio cada día.
Ella sostiene que están olvidados y realmente lo que se hace por ayudarlos es muy poco.
Generalmente los 12 de octubre invitan a las autoridades de la comarca Kuna Yala para explicar lo que ocurrió en esa fecha de 1492, haciendo una reseña histórica.
En ese sentido, Alcelina López, dirigente de la comunidad indígena Koskuna, ubicada en Veracruz, no podía ocultar su molestia por el olvido de las autoridades, las que dice sólo aparecen en "tiempos de campaña electoral para pedir el voto".
López cree que hacen falta proyectos para los jóvenes que están recurriendo a la drogadicción y las muchachas que inician relaciones sexuales desde temprana edad.
Los pueblos indígenas en Panamá están constituidos por siete grupos lingüisticos bien definidos, conocidos (en orden numérico) por ngöbes, kunas, emberás, buglés ó bokótas, wounán, nasos (teribes ó tlorios) y bri-bris.
Una de las últimas leyes que se ha sancionado en materia del derecho indígenas es la No. 20 de 26 de junio de 2000, de Propiedad Intelectual Indígena, que tiene como objetivo la protección de los derechos colectivos y los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas sobre sus creaciones.
Sólo en Arraiján, son unos 14 mil indígenas los habitantes.
La Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas de Panamá (CONAMUIP), una organización no gubernamental con 14 años en Panamá y subsidiada por Canadá, se encarga de apoyar a estos grupos indígenas entrelazando sus actividades con los dirigentes comunitarios. Hacen talleres y capacitaciones.
Al respecto, Sonia Henríquez, presidenta de la CONAMUIP, dijo a Panamá América que estas personas salen de las comarcas rumbo a la ciudad para brindarle una mejor educación a sus hijos y conseguir un trabajo.
Pero, más tarde, terminan sumidos en problemas de drogas, delincuencia, SIDA, tuberculosis, deserción escolar, embarazos en la adolescencia, violencia, pues viven en barriadas sin planificación.
En los sectores kunas no hay agua potable, luz eléctrica, calles pavimentadas, servicios básicos, aunque las comunidades está a 15 minutos de la ciudad.
"Este 12 de octubre los indígenas nos sentimos abandonados porque si se ven las viviendas y la parte social, los problemas son evidentes, por lo que debe ser un día de reflexión a nivel gubernamental", mencionó.
Mientras que a Heraclio López, coordinador de la Fundación Dobbo-Yala, le preocupa que "no hay un fondo específico para atender a los pueblos indígenas. El Ministerio de Educación habla de un plan intercultural, pero no hay fondos para eso".