David Ramírez se ha hecho famoso en los últimos días. Él es el taxista residente en Santa Librada y el día de las inundaciones de la 9 de Enero fue a llevar a una pareja y sus dos niños al lugar.
Cuando se percató, el agua había subido lo suficiente como para no dejarlo salir.
A Ramírez no le quedó más remedio que ayudar a los pasajeros para que salieran del vehículo y salvar sus vidas. Huyeron para no ahogarse.
Hacía sólo tres meses que Ramírez había comprado el taxi. Le costó B/. 4 mil, pero no tenía seguro.
Con el dinero que ganaba, mantenía a su familia compuesta por dos hijos y su esposa.
La tragedia lo llevó a, prácticamente, mudarse a la 9 de Enero y allá ha contado con el apoyo de los residentes, con quienes comparte el dolor por haber perdido el producto de tanto esfuerzo.
Este hombre optimista dice que no tiene cómo pagarle a los lugareños por tanta generosidad, por lo que su agradecimiento lo hará sentir ayudándolos a limpiar sus casas para que intentan rehacer sus vidas.
Balbina Herrera, ministra de Vivienda (MIVI) , señaló que lo primero que se tiene que hacer es limpiar, por lo que a las 3: 00 p.m. de ayer, un equipo interinstitucional entró a las viviendas que se inundaron, para limpiar.
Herrera dijo que en el día de mañana se realizará una reunión con los afectados para ver la situación; si la inundación se dio por la exposición de basura o porque colapsó el sistema.
Indicó que se tiene que esperar hasta mañana para tomar una decisión, pues se tiene que esperar que los técnicos digan qué fue lo que sucedió.
Manifestó que si hace 18 años ocurrió una inundación similar en este sector y desde ese tiempo no se repitió hasta ahora, significa que si se da un buen manejo o disposición de la basura, puede que no vuelva a ocurrir.
Herrera indicó que si se hace un buen trabajo y los técnicos garantizan que manejando bien la disposición de basura no vuelve a suceder, se procedería a evaluar y valorar la situación con las familias; sin embargo, dijo que no se quiere adelantar hasta que los ténicos den la última palabra.
Rudy Guzmán, quien tiene 12 años de residir en esta área, dijo que el que las aguas hayan bajado es un "gran alivio, pero a la vez genera expectativa saber qué quedó". Así se sentía ayer durante el día.
La mayoría de los damnificados coincidían en las ganas inmensas de entrar a su casa; sin embargo, no podrán hacerlo hasta que las autoridades lo ordenen.
También piden ser reubicados, eso sí, como aclaró Guzmán, a un sector no muy lejano, porque ella, por ejemplo, trabaja en Calidonia y todo su sueldo lo gastaría en pasaje.
Igual que Rudy, varias familias vivieron la pesadilla de ver cómo quedaron sus casas después de más de una semana de estar sumergida debajo de agua y lodo.
Colchones, estufas, neveras, sillones, camas. Todos los enseres estaban destrozados y afectados por el agua y el lodo que les penetró.
Los sueños que se llevó el agua en la 9 de Enero
Habrá una reunión con los afectados y las autoridades para coordinar una pronta solución al problema del lugar.