"Creemos profundamente en la integración y en la unidad dentro de la diversidad, Kaimókara representa y rescata parte de esa individualidad, rescata la cotidianeidad de una población indígena, un valor cultural, étnico-social de Panamá".
Tal fue el planteamiento del Dr. Alejandro Alfonso, Representante en Panamá del Fondo de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, durante la presentación en el Cine Universitario de Kaimókara, vídeo documental, de 30 minutos de duración, de Luis Romero, basado en una idea original del sociólogo Raúl Leis.
Kaimókara, presentada por UNESCO y el Grupo Experimental de Cine Universitario, GECU, presenta los esfuerzos que tiene que hacer la etnia emberá del Darién para sembrar, cosechar y comercializar el plátano y cómo han podido prescindir de los intermediarios, de cuya explotación eran víctimas, organizándose.
Kaimókara, que en idioma Emberá significa sueño o utopía, pone de manifiesto que la cooperación, la educación y la capacitación son elementos claves para derrumbar barreras y promover el desarrollo colectivo. Precisamente al organizarse en una especie de cooperativa (TRA), los y las Emberás no solamente aprenden lo relativo a la producción y comercialización del plátano sino que se percatan de las ventajas que derivan de trabajar en equipo y compartir responsabilidades, venderse el producto entre ellos mismos y participar en familia en esta autogestión.
El ser artífices de su propio destino, el buscar nuevos caminos de superación con el respaldo del movimiento popular Fe y Alegría es una parte de las conquistas de la etnia Emberá que salen a relucir en Kamókara, cuya producción costó alrededor de 12,000 balboas.
También se pueden apreciar descubrimientos de talentos personales y ganancia en materia de autoestima. A la par, están presentes los cotidianos riesgos que tienen que pasar para transportar el producto. A la par, hay evidencias de cómo manejan ellos democráticamente sus asuntos y de la importancia que dan al diálogo en la toma de decisiones. Y de sus valores y tradiciones que luchan por preservar. Porque es el sello que los hace ser panameños y panameñas pero a la vez tener su cultura propia. Y, como dijo el Dr. Alfonso, precisamente "UNESCO tiene entre sus mandatos el trabajar desde la cultura y para la cultura de nuestros pueblos, procurando que los nuevos valores de la cultura puedan tener cada día un mejor espacio y rescatar la identidad nacional y la cultura que es lo que nos une como pueblos latinoamericanos".
Un hecho que destacaron tanto el Padre Miguel de Fe y Alegría como el propio director del documental fueron que se trató de que el elenco lo compusieran hasta donde fuera posible los propios protagonistas en la vida real. De esta forma, todo es más espontáneo, natural, ajustado a la verdad.
Kaimókara no es solamente un vídeo documental educativo, sino también vende la imagen de una cultura luchadora, la belleza agreste de un Darién con sus ríos y sus paisajes que son evidencia de la majestuosidad de la naturaleza que en nuestro país cuenta con una riqueza subvalorada y desconocida aún por el mundo y hasta por propios.
Mensajes sobre salud preventiva (control del embarazo, alimentación sana), agricultura orgánica (para proteger la salud de las personas y salvaguardar el medio ambiente), formación vocacional e integral, así como valoración de los demás como colaboradores en la consecución de metas comunes (porque todos y todas son asociados con deberes y derechos) salen a relucir en los diversos diálogos del vídeo documental en que chicos y grandes hacen oír su voz, plantean inquietudes, se dejan orientar y caminan con un norte común que es SOBREVIVIR como cultura, como familia y a nivel individual, pero sin avasallar a sus congéneres.
En este nuevo modelo de contrato social que pinta Kaimókara todos ganan, porque todos se esfuerzan, se respetan, se valoran y nadie mata los sueños de otros para lograr los suyos.