Washington.- El diálogo entre Panamá y Estados Unidos parece hoy día dominado por unos malentendidos, que además nadie parece realmente deseoso de despejar, por lo menos por ahora.
Esta es la opinión que fuentes oficiales expresaron inmediatamente después de la reunión la semana pasada de Peter Romero, el subsecretario de Estado para asuntos Hemisféricos, con la presidenta Mireya Moscoso y su equipo de relaciones exteriores y seguridad.
Los dos temas inmediatos que llevaron a esta conclusión fueron la vaguedad con que fue tratado el acuerdo de "fuerzas visitantes" y la decisión de "continuar conversaciones" sobre el problema pendiente de la limpieza de los polígonos de tiro, que, en otras palabras, significa que aún está lejos de ser resuelto.
Es cierto que tras la visita de Romero al Palacio de las Garzas, unos y otros insisten en que las negociaciones bilaterales sobre materias comerciales, estratégicas y de cooperación para desarrollo social y la aplicación de la ley, avanzan con normalidad. Pero cuando se habla de perspectivas concretas, queda en evidencia que cada cual entiende en términos generales lo qué le conviene entender, señalaron fuentes diplomáticas que han seguido el proceso de las relaciones EU-Panamá en detalle.
La declaración pública del vicecanciller Harmodio Arias de que la propuesta del acuerdo de "fuerzas visitantes" ha sido rechazada es un ejemplo más de esta ambigüedad.
Porque en el Departamento de Estado insisten en que en ningún momento el acuerdo fue objeto de negociación, sino más bien de "tanteo" y "conversación".
Pero como señaló el embajador de Panamá en Washington, Guillermo Ford, a este corresponsal "en algunos casos conversar es el equivalente al inicio de una negociación, porque sino, con qué fin estamos conversando?".
También fuentes estadounidenses consideran que Panamá exagera el tipo de compromiso que implican los acuerdos de "fuerzas visitantes".
"Estos son acuerdos que hemos concertado con unos 30 países involucrados en la lucha antidrogas y se trata más bien de acordar ciertas metodologías de colaboración, tal como lo hemos concluido con Costa Rica, donde nuestras fuerzas navales colaboran en el patrullaje de las costas, lo cual otorga ciertos derechos o beneficios recíprocos en caso de abordaje o de tareas conjuntas en los puertos", expresó un funcionario experimentado en estos tratados.
Pero fuentes panameñas dicen que algunos "beneficios" requeridos por Estados Unidos se asemejaban a las "inmunidades" solicitadas en el curso de las fracasadas negociaciones para el Centro Multilateral Antidrogas (CMA) con el gobierno anterior.
En lo que respecta al polémico tema de la limpieza de los polígonos, aunque ambas partes reiteraron su intención de continuar el diálogo "a nivel diplomático", hablando en privado fuentes panameñas indicaron que el gobierno de la presidenta Moscoso no ha descartado la opción de presentar el caso al arbitraje internacional, ya sea a nivel hemisférico a través del Comité Jurídico Interamericano o, lo más probable, ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Estas opciones están siendo estudiadas por la Cancillería panameña y la embajada de Panamá en Washington, con la asesoría de Arnold & Porter, uno de los bufetes de abogados más prestigiosos de Washington, que tiene como uno de sus directores a William D. Rogers, quien ocupó altos cargos diplomáticos durante los gobiernos de John F. Kennedy y Gerald Ford. Arnold & Porter también ha estado involucrado en estudios técnicos para evaluar el daño potencial causado a las tierras revertidas por la continua presencia de explosivos sin detonar y otras substancias tóxicas, donde las fuerzas armadas de Estados Unidos realizaron sus maniobras desde la Primera Guerra Mundial, de 1917 hasta la década de 1980.
Desde el abandono de las bases militares de Estados Unidos que culminó en diciembre del pasado año, el Departamento de Defensa insistió en que había detonado los explosivos y limpiado las substancias tóxicas "hasta lo posible" y que intentar excavar más podría poner en peligro el balance ecológico de la región selvática. Por su lado, el gobierno panameño insiste en que vastas hectáreas aún quedan por limpiar, mientras que el Departamento de Estado parecía adoptar una posición intermedia.
Ante esta coyuntura, Romero llevó a Panamá una nueva propuesta que, según fuentes del propio Departamento de Estado, "el Pentágono adoptó un nuevo lenguaje más flexible". Sin embargo, nadie quiso entrar en detalles y de parte panameña, sólo se informó que continuaba el diálogo "a nivel diplomático".
En general, todos los funcionarios preguntados sobre el futuro de las negociaciones bilaterales en los temas acordados el pasado noviembre, tras la reunión de la presidenta Moscoso con su homólogo Bill Clinton en la Casa Blanca, mostraron su interés por conseguir algunas soluciones, pero ningún cronograma concreto, a los problemas que aún quedan pendientes como el ataque conjunto al peligro del narcotráfico, la protección de la frontera con Colombia o la solución para el entredicho sobre los polígonos.
El consenso de los observadores aquí es que la visita de Romero fue más bien un gesto cosmético para demostrar el interés del gobierno de Clinton en crear una nueva relación con Panamá tras el histórico traslado del Canal a la soberanía panameña, pero que en estos últimos seis meses que quedan hasta finalizar su mandato estarán ocupados por maniobras en el área de política interna para fortalecer la posición del vicepresidente Al Gore en su campaña por la presidencia contra su rival Republicano, George W. Bush.
En tanto, en círculos latinoamericanos de Naciones Unidas surgió la especulación de que si Moscoso asistiría a la Cumbre del Milenio para volver a plantear la situación de su país ante el organismo mundial y aprovechar la ocasión durante la segunda semana de septiembre para concertar una entrevista bilateral con Clinton que asistirá por lo menos dos días del evento del 6 al 8 de septiembre.