Nación

Maltratadores planifican su ira

Los agresores confiesan que estudian las formas de golpear a sus parejas sin dejar huellas.


"CUANDO le pego a mi mujer, mi mente está en limpio. No pienso sino en ver cómo brota la sangre de su cuerpo. Es lo único que me calma y me hace decir: bueno ya, pero ni siquiera sus ruegos me detienen".
"No sé, antes me medía un poco. Le pegaba cachetadas, por ejemplo, porque ella no aguanta que le dé con el puño. Pero la última vez no me contuve. Casi la mato. Quedó con la cara hinchada y duró como una semana sin poder caminar".
"Franklin", como llamaremos a nuestro entrevistado, es un hombre agresivo que constantemente agrede a su mujer, pues no puede evitar la ira. Nos cuenta su historia mientras se abotona y desabotona sin descanso su camisa.
Hoy está en una fundación dedicada a brindar ayuda a hombres agresivos. Trata de aprender a controlar su agresividad. Tiene 37 años y está casado hace más de un año.
Cuando se unió a ella pensó que nunca le iba a dar un golpe. "Para mí la mujer era algo muy sagrado, pero me salí del límite", dice.
Es un hombre de contextura fuerte y muy inteligente, lo que le ayudó a ocupar un cargo directivo en una entidad del Estado.
Recuerda haber vivido una infancia de maltrato. Comentó que sus amigos lo veían como un hijo consentido. Pero en casa era lo contrario: era golpeado por su padre.
"Hasta los 10 años, más o menos, él me pegó con cables, palos -dice-. Luego "ya me daba puño y patadas".
Las lágrimas emergieron cuando remontó sus recuerdos a su época de adolescente y un tío ofrecía hasta 20 dólares a quien ganara peleas entre los primos. "Era "buco" plata, cómo no hacerlo. Yo solía ganar, y eso me fue subiendo el ego".
Aclara que no piensa justificar el maltrato a su mujer con estos comentarios, pero cree que pudieron influir en su personalidad agresiva, aunado al consumo de droga, desde los 16 años. En los momentos de consumo su impulsividad suele crecer.
Confiesa que los celos son uno de los detonantes de su ira. En momentos en que su esposa mira a otro hombre, en la calle, por ejemplo, apenas unos segundos, él le dice: "Cuidadito, cuidadito con una v.", "No se busque una patada gratis".
Al descubrir que los golpes en las piernas eran menos evidentes, Franklin cambió su modalidad, "ya dejaba de pegarle en la cara", "una pequeña herida en la pierna no creo que sea grave", dice.
El día después de darle una golpiza a su pareja, sus familiares le exigieron que se alejara de ella. Pero, dice que su esposa lo apoyó y le pidió a su familia que no se metiera.
Su esposa decidió mantener la relación. "Me quiere, supongo, o es masoquista".
Nuestro entrevistado ingresó al Centro de Orientación Integral del Ministerio de Desarrollo Social, pues tiene la intención de cambiar. Considera que la última paliza que le dio a su esposa lo hizo pensar.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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