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Mandatarios concretarán una mayor unión política


WASHINGTON-La Cumbre de Río de Janeiro de jefes de Estado y de Gobierno de Europa y de América Latina, logró algo más trascendental que asentar los cimientos de un área de libre comercio que cruzara el Atlántico.
Al comprometerse a concretar una mayor convergencia política y cultural, los gobernantes de los 48 países reunidos por primera vez para forjar una nueva alianza, dejaron entrever que la ambición del nuevo
proyecto es de impulsar la construcción de un mundo abierto multipolar y más allá del control de una o dos superpotencias.
En esto coinciden con el objetivo de los que anhelan fortalecer a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tras el colapso de los dos grandes bloques que configuraron la Guerra Fría y la experiencia del conflicto entre la OTAN y Serbia por los sucesos en Kosovo, que por momentos evadió la autoridad del máximo organismo mundial.
Así lo enfatizaron los tres copresidentes del histórico encuentro-Fernando Henrique Cardoso de Brasil, Gerhard Schroeder de Alemania y Ernesto Zedillo de México-al igual que el presidente de Francia, Jacques Chirac, el propulsor original del histórico encuentro.
Estos confían que la configuración de la "nueva arquitectura mundial" se perfilara con mayor claridad y detalle durante la próxima cumbre que se realizará en España en el año 2002 cuando el gobierno de
MADRID OCUPARA LA PRESIDENCIA DE LA UNION EUROPEA
El presidente del gobierno español, José María Aznar, al igual que el primer mandatario panameño, Ernesto Pérez Balladares, aceptó que existe una creciente competencia entre Estados Unidos y la Unión Europea y por el comercio y las relaciones económicas con Latinoamérica. Ambos lo consideraron muy positivo.
"Eso es muy bueno para Mercosur, para el conjunto de Latinoamérica. Porque si no habría un monopolio," apuntaló Aznar. "Todo lo que sea competencia siempre será bueno".
Evidentemente el enfoque noticioso de esta reunión sin precedentes de apenas dos días, se detuvo mayormente en el proyecto económico con vistas a comenzar las negociaciones de libre comercio entre la UE y el Mercosur en el mes de este noviembre y los obstáculos que aún prevalecen en el camino debido más que nada al proteccionismo del que gozan los productores agrícolas en Europa.
Asimismo, se esperaba que el alto impacto que ha tenido en el desarrollo y estabilidad económicos la última crisis financiera que comenzó con el descalabro asiático, concentrara la preocupación de los gobernantes.
Así fue que en la "Declaración de Río" reiteraron las propuestas ya de rutina como el fortalecimiento del sistema financiero y la necesidad de promover políticas bancarias transparentes, así como su compromiso de "participar activamente en el diseño de una nueva arquitectura financiera internacional".
Sin embargo, no todo fue económico y financiero. La "Declaración" abre con un fuerte compromiso para fortalecer la democracia, las garantías de las minorías y la ONU y el respeto a los derechos humanos; celebrar elecciones libres, atacar a la corrupción, y condenar las leyes extraterritoriales, como la ley Helms-Burton, aunque esta no fue mencionada por su nombre por insistencia de los europeos.
Es eminentemente significativo, por ejemplo, que los gobiernos colocaron como prioridades del Plan de Acción el trabajo conjunto para fortalecer la capacidad de gestión de la ONU para que responda con mayor efectividad en las tareas del próximo milenio, con "total respeto" a los objetivos y principios de la carta del organismo y la promoción de la Declaración de los Derechos Humanos.
Más aún, en el último punto fueron muy específicos en definir programas para fortalecer esos derechos, así como adoptar medidas nacionales orientadas a prevenir y combatir la xenofobia, las manifestaciones de racismo y todas las formas de intolerancia.
Estos puntos tan específicos evidentemente fueron inspirados por los trágicos sucesos en Kosovo, pero para muchos latinoamericanos evocaron las sangrientas luchas civiles en Guatemala así como las represiones que las dictaduras militares impusieron en Sudamérica en las década de los 70 y parte del 80 con la cada vez mas evidente complicidad de Estados Unidos.
Pero fueron los lazos culturales al fin y al cabo que se asoman como la cal y la arena de la nueva arquitectura. Hasta Schroeder, el líder socialdemócrata alemán, que por lo general se concentra en los temas económicos, se hizo eco de este sentimiento al declarar:
"Europa precisa socios estables. No puede haber solo integración comercial, sin también una integración cultural".
También es significativo que el más importante acto cultural realizado en el marco de la cumbre, fue la entrega del primer Premio de Latinidad que otorgan de manera conjunta las academias de Letras de Brasil y de Francia al escritor mexicano Carlos Fuentes.
A través de su prolífica carrera de escritor, diplomático y conferencista, Fuentes ha hecho suya la lucha contra la represión y la intolerancia. Pero también ha dado capital intelectual a muchos de los objetivos de este encuentro transatlántico mediante el convincente argumento que la literatura es el instrumento ideal para crear mundos nuevos.
Como lo señaló el periódico mexicano La Jornada, el autor premiado retó una vez más a Francis Fukuyama al pronunciar que "La historia no ha terminado porque no hemos terminado de contar historias".
Al aceptar el premio de las manos de Cardoso, Chirac y Zedillo, Fuentes, como le es habitual, mezcló el humor con la expresión de sus más profundas convicciones.
Así contó al presidente Cardoso que ya de niño, habiendo vivido en Río donde su padre fungió de diplomático, aprendió a compartir la convicción del filósofo Alfonso Reyes de que "Dios es brasileño".
En tono más serio, citó la lección que le impartió su alma mater, la UNAM, donde estudió Derecho, que "la justicia le da a cada cual lo suyo y la verdadera unidad es el respeto a la diversidad".
La latinidad del futuro, reflexionó Fuentes, una vez afirmada y concertada la unidad de sus identidades, "será el buque insignia de un siglo XXI, que será mestizo o no será: que será migratorio o no será.
Para el autor de "La Muerte de Artemio Cruz" y su más reciente novela "Los años con Laura Díaz", latinidad y juridicialidad son sinónimos, ya que son un concepto incluyente.
"El triunfo de nuestra identidad", señaló, consiste en no desdeñar la de nadie, porque "con la identidad de todos proponemos el respeto a la diversidad de cada uno".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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