Quien conduce un auto en Panamá, lo hace basado en meros cálculos a juzgar por la señalización de las calles o, lo que es igual, las líneas blancas y amarillas que deben estar pintadas en el centro y contornos de las avenidas.
Si la carretera es de concreto, es más clara y, por tanto, durante el día y la noche no ofrece mayores dificultades para la visibilidad. Sin embargo, si llueve, esa visibilidad baja a índices alarmantes.
Si la vía es de asfalto, las líneas blancas y amarillas son vitales para que un conductor pueda guiar su vehículo durante la noche. Si llueve y la calle no está señalizada, a ese conductor sólo le queda el recurso de encomendarse al Creador para llegar a su destino, pues la calle "desaparece" de su vista como por arte de magia durante fracciones de segundos, los que pueden constituir la diferencia entre la vida y la muerte.
Tal es el caso de las autopistas y ensanches de la Interamericana. En la autopista Arraiján-Chorrera, hace mucho tiempo que las líneas blancas dejaron de verse, salvo en algunos tramos donde aún quedan vestigios de que la carretera alguna vez fue señalizada.
En el ensanche Arraiján-Panamá, hay tramos donde las líneas se borraron hace mucho tiempo, aunque la verdad sea dicha, en Loma Cová, lugar con un alto índice de accidentes de tránsito, el muro de contención ubicado en el centro a lo largo de la carretera, fue señalizado (sólo en esa área) con cinta fosforescente amarilla, el pasado sábado.
Unicamente se colocaron algunos metros de cinta en la curva de esa loma y fueron pintadas las líneas blancas en el centro, no así en los contornos. Pero como se dice en buen panameño ¡algo es algo!.
En Arraiján cabecera, en la entrada de la población, en el sector donde está un importante cruce, desde donde el conductor decide si va hacia el centro del pueblo, a las afueras, hacia la policlínica del Seguro Social o hacia la Interamericana, no hay señalización alguna.
Quien no conoce el poblado, no sabe si alguna de las vías es en una sola dirección porque no hay nada que lo indique.
Y si de la entrada a Vacamonte o a Vista Alegre se trata, allí no hay una sola señal que indique que ese es un desvío, pese a encontrarse en la carretera más importante del país, a la altura de la autopista Arraiján-Chorrera.
Es muy común observar vehículos que retroceden utilizando los hombros de la carretera porque se pasan de la entrada, con lo que se pone en peligro la vida de muchos en una vía tan transitada.
Y qué decir de la Transístmica. Se supone que a la altura del paso elevado vehícular ubicado cerca del complejo hospitalario de la Caja de Seguro Social hay dos carriles, y debajo del puente hay uno adicional para los autos que se desplazan desde y hacia el centro de la ciudad, utilizando ese paso.
Pues la falta de señalización ha dado lugar a un carril adicional, con lo que el "juega vivo" del panameño aflora, especialmente en las horas pico.
Si se suscita un choque, no hay manera de saber quién se salió del carril, porque sencillamente no existe. Habría que encontrar al culpable por mero cálculo.
También la entrada a la ciudad de Panamá desde el puente de Las Américas adolece de señalización vial. Una vez más, se impone el cálculo y la pericia en el manejo.
Y así, se pueden citar las calles de Arraiján, parte de la Vía España, la Ricardo J. Alfaro, entre muchas otras que, a diferencia de la Avenida Balboa o Calle 50, no cuentan con las líneas debidamente demarcadas para garantizar la seguridad de los conductores, pasajeros y peatones