Vea un día en el Comedor Parroquial Ricardo Galindo Quelquejeu:
Manos que alivian el hambre
El Comedor Parroquial Ricardo Galindo Quelquejeu se creó en 1981 para aliviar el hambre y disminuir la desnutrición en el popular barrio El Chorrillo.
En un solo salón conviven todos los días la infancia y la vejez. Ambas asisten puntual al Comedor Parroquial Ricardo Galindo Quelquejeu para saciar su apetito. La escena es contrastante, a un lado están los niños con mucha algarabía e inquietud y del otro los ancianos, callados y pacientes, todos; a la espera de un plato de comida.
Son cinco mujeres las encargadas de preparar los alimentos, el menú de hoy: arroz, lentejas, pollo y, si lo pides, ensalada de lechuga y tomate, todo equilibrado, tratando de evitar grasas, colorantes o salsas.
Los invitados a comer son los niños del Instituto Nuestra Señora de la Merced y los adultos mayores del Hogar de Ancianos San Pedro Nolasco de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima en el barrio El Chorrillo, donde vive la señora Leonor, quien llegó al hogar desde 1995.
"Ahora está más bonito, la comida está muy buena", expresa la señora mientras agrupa su plato y el de su compañero del hogar, que es invidente, para que sean recogidos, pues han terminado de comer.
Precisamente para aliviar el hambre y disminuir la desnutrición se creó el comedor en 1981, ante el nivel de pobreza y problemas sociales y familiares que existe en el popular barrio, cuenta el Fray Javier Mañas García, quien coordina la mayor parte de su funcionamiento.
Cien personas viven en las instalaciones, 45 adultos mayores quienes han sido abandonados en hospitales o que viven en situaciones paupérrimas, y unos 55 niños a los que también se les brinda un hogar transitorio que por circunstancias judiciales, están apartados de sus familias esperando a que se esclarezcan los motivos para regresar; todos reciben alimento diario.
A la hora de comer, las maestras entre el ajetreo se encargaban de que todo niño inquieto deje el "plato limpio", las trabajadoras del hogar también hacían lo mismo con los ancianos, pero esta vez, para ayudarlos a llevar cada cucharada a su boca.
Por día, en el comedor se sirven más de 830 raciones de comidas, dice el Fray Mañas García; sin embargo, mantener un comedor no es tarea fácil, por ello, no se da cobertura a todas las personas fuera de los hogares de la parroquia o del instituto. Solo el funcionamiento del comedor costó el año pasado 237 mil dólares, cifra dividida entre los alimentos y las personas que trabajan para él.
Además, tienen el apoyo de una fundación que contribuye con un 50%, otros donantes de dinero o especies y un subsidio de 2 mil 500 dólares por parte del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). El cambio de ser un comedor "público" a "selectivo" recibió críticas, admite Fray Mañas, por lo que tuvo que afrontar la incompresión y la mala interpretación de la comunidad.
Pero el párroco no quiere crear una dependencia de las personas en el comedor tras la entrega de comida gratuita, por eso explica que a los niños se les alimenta no solo con comida, sino con conocimientos, pues considera que se le deben dar alternativas y posibilidades para que por sus propios medios puedan comer.
Fray Mañas García lleva 12 años de estar al frente de la parroquia y de las distintas obras sociales que desarrolla, para él, lo importante es ver la felicidad y el entusiasmo de los niños; cree que al verlos salir del hogar ha contribuido con una herramienta, y que los ancianos puedan tener un lugar digno donde pasar sus días.
Vea un día en el Comedor Parroquial Ricardo Galindo Quelquejeu:
Vea un día en el Comedor Parroquial Ricardo Galindo Quelquejeu: