A PESAR de las duras circunstancias por la que pasa, mientras Dios le dé fuerza para continuar, no se dará por vencido.
Este es el lema con el que todos los días se levanta Martín Domínguez Delgado, un humilde panameño que se dedicaba a trabajar como taxista para llevar el sustento a su hogar. El 31 de enero de 1997, cuando regresaba de una carrera que hizo hasta Veranillo, y se disponía a buscar a su esposa en Santa Marta para llevarla a las festividades de San Juan Bosco, fue asaltado por unos jóvenes, quienes además de robarle, lo hirieron de un tiro por la espalda con una pistola 9 milímetros.
Al borde de la muerte, fue trasladado al Hospital Santo Tomás, donde estuvo recluido por dos meses Se le practicaron más de cinco operaciones, debido a que esa bala le había destruido varios órganos internos, y lo peor de todo, atravesó su columna vertebral, impidiéndole para el resto de su vida volver a caminar.
Se fue recuperando poco a poco, pues él mismo sabía que era un milagro que aún estuviera con vida.
Fue desde entonces que aprendió a valorar cada uno de los días que Dios le permite vivir, y decidió luchar para seguir adelante, ayudando de alguna forma a su familia.
Actualmente se dedica a trabajar como cuidador de vehículos, en el Súper Extra de Ojo de Agua, en San Miguelito donde no es mucho lo que gana, pero que le sirve para llevarse un plato de comida a la boca diariamente.
Agregó que todos los días se levanta a las 5:00 de la mañana, y con su silla de ruedas, viaja desde el sector 5 de Santa Marta, que es donde vive, hasta Ojo de Agua.
Aunque esto resulte muy agotador por su estado, dijo que el principal motivo para seguir adelante es su hijo de 16 años que cursa el V año de Bachillerato, en el IPTC de Torrijos Carter.
Martín , con más de 8 años de estar en una silla de ruedas, manifestó que vive con su madre, pues la relación que mantenía con su esposa terminó hace años.
Agregó que lo que a él más le duele de estar discapacitado, es que no puede ayudar a su hijo como se merece, y brindarle el apoyo económico que necesita para sus estudios.
A sus 42 años, solicita a aquellas personas que de alguna forma puedan ayudarlo con una nueva silla de ruedas, pues la que tiene está deteriorada, también pide a alguien que le dé un trabajo, ya que él está dispuesto aprender si es necesario para ayudar a su hijo.
Recalcó que sus manos están en buen estado y esto le permite trabajar ya sea archivando papel, o cerrando puertas.
Contándonos cómo ha sido su vida desde aquel accidente, recordó que antes también trabajaba como pintor profesional automotriz, y aunque ahora no puede realizar aquellas labores, sólo pide un trabajo honrado para ayudar a su madre y a su hijo.
Afirmó que nunca pensó que ese accidente le pudiese ocurrir a él, sin embargo, por algo pasó, y que no va a cuestionar los designios de Dios.
A los ladrones que lo hirieron nunca los capturaron, pero él todo lo deja en manos del Creador.
Con el rostro lleno de esperanza dijo que trabajará hasta que muera.
Marcado por el destino
Las balas rompieron su columna, pero mantiene firme la esperanza y la fe en Dios.