Nación

Marcela Serrano y la mujer de hoy


En un albergue en la isla de Chiloé veinte mujeres tratan de despojarse de su pasado. Practican una terapia única y estimulante; lejos de los males que los agobian dejan salir a flote sentimientos y pasiones, revelando a sus congéneres gran parte de su intimidad.
Muy ricas o muy pobres, sencillas, intelectuales, poco conocidas o muy famosas, cualquiera puede ser la condición económica y social de las mujeres que llegan a este recinto, ya que el único y verdadero común denominador entre ellas es la tristeza. La muerte de un ser querido, el desprecio de los hijos, el desamor de los hombres son algunos de los motivos que provocan esta profunda tristeza en las mujeres.
Una de ellas es Floreana, intérprete del papel estelar de la obra; es la interlocutora audaz que nos hace llegar emociones, tragedias y amarguras después de escuchar a lo largo de su estancia en el albergue, cantidad innumerable de historias que estas mujeres le han confiado. Flavián sin embargo es el protagonista masculino que a través de sus confesiones a Floreana nos hace recordar que los hombres, como todo ser humano, también sufren.
Marcela Serrano ambienta la obra en un clima seco y frío, en un pueblo pequeño y alejado, entre personajes que aprecian la buena lectura y la música clásica como a los cigarillos y el licor. Se trata de seres complejos, deseosos de que la vida y sus demás hijos les entiendan y acepten cuando ellos mismos no terminan de hacerlo. Haciendo uso de un lenguaje fácil que busca un tono de poesía, la autora entreteje una novela alrededor de su tesis, como quien quiere a través de un cuento.
La equiparación del poder con la masculinidad ha conformado y ha justificado a su vez la dominación de los hombres sobre las mujeres en la vida real y su mayor valoración sobre éstas. Ayer como hoy es la sociedad quien otorga poder a los hombres, y éstos aprenden a aceptarle y ejercerle pues les hace disfrutar de ventajas y privilegios. Sin embargo ésta causa dolor y aislamiento tanto a hombres como a mujeres. Los hombres llegan a suprimir toda una gama de emociones y necesidades y estos mismos sentimientos y emociones ganan un extraño poder sobre ellos. Eliminan estas emociones porque limitan su afán de dominio y control sobre los demás seres a su alrededor, los mismos de quienes dependen en el amor. Y es que en la búsqueda de su masculinidad los hombres rechazan emociones como éstas que puedan estar relacionadas con la feminidad, es decir, demuestran gran temor ante la idea de dejar asomar el lado femenino que toda alma posee, como dijera Erich Fromm el hombre y la mujer son psicológicamente bisexuales.
A todo esto hay que sumar la reacción negativa del hombre ante la nueva independencia de la mujer; el hombre teme amar a un ser que difiere de él en sexo pero no en capacidad intelectual y posibilidades económicas.
Las mujeres hemos recorrido largas distancias. Hemos transitado por los caminos del sufrimiento, la pena y el tormento; víctima de amenazas, maltratos y también de la incapacidad afectiva de los hombres. Es pasado y todo esto quedará en el pasado.
Sueño con el mañana. Vivo en el presente y sueño que en el mañana las mujeres de hoy nos neguemos rotundamente a interpretar el rol que, hasta nuestro días, otras mujeres han aceptado tan sumisamente. Así será. Las mujeres del mañana escucharemos al corazón y seguiremos sueños e ideales, sabremos salir adelante por cuenta propia, ofreceremos respeto y cariño en la misma medida en que lo exijamos; dejaremos a un lado recuerdos amargos y quejas ya gastadas para enfrentarlos todo a la par de los que serán nuestros compañeros del diario andar por el sendero de la vida.
Cronistas CLEC-USMA
Referencia Bibliográfica
Serrano, Marcela. El albergue de las mujeres tristes
México: Alfaguara, 1997. 393 p.


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75552
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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