Nación

Moho por mantequilla y salsa con gusanos


EN ESPACIOS para gusanos, moscas, pestilencia, personas amontonadas, humedad y nulas opciones de resocialización se han convertido las cárceles La Joya y La Joyita.
Cada 15 días los que mantienen algún vínculo sentimental con los reos, los visitan. Después que los artículos son inspeccionados, se procede a la revisión personal.
"Ay pues mi´ja, a mí que no me toque esa, que le mete la mano a uno hasta donde no debe", decía una mujer con acento extranjero que estaba en la fila, al referirse a la policía que cumplía con esta nada envidiable labor.
-"El siguiente"-, decía una voz entonada con dejo y aburrimiento. En segundos las manos de los policías se desplazan por el cuerpo de los visitantes. Las filas son interminables.
Pero toda la incomodidad es soportable luego de cinco horas de espera, pues la gente siente que es menos el tiempo que resta para darle un fugaz saludo al familiar o amigo. La visita dura unos 25 minutos.
A muchos privados de libertad les llevan chuleta, pescado frito, leche en polvo, alimentos que se convierten en un manjar de dioses. Esto contrasta con el pollo crudo, a veces con una tonalidad "verdusca", arroz viejo y pan con moho que parecen ingredientes diarios del menú, según descripción de los reclusos.
Se quejan de que alguien es experto en multiplicar los panes, pues una pieza de pollo que debe servir para una persona, la dividen en pedazos. Dicen que incluso aparecen tripas y algunas veces gusanos en la comida.
Uno de los detenidos se pregunta si los encargados de suministrar los alimentos cobran cada pedazo de pollo como si fuera una "presa".
Cuando no hay pollo, una salchicha fugazmente hervida cabalga sobre el arroz. También es famoso el "arroz misterioso" (con tuna), "silba perro" (con carne molida). El guacho de rabito de puerco es una excepción.
Muchos detenidos buscan desesperadamente algo que hacer para vencer el tedio del encierro y la pestilencia permanente del ambiente, pero no encuentran ni el espacio, ni la oportunidad. Con gente hablando por doquier todo el día y parte de la noche, las radios sonando y los televisores funcionando a igual ritmo, intentar leer un libro es una empresa de titanes.
Ejercitarse ni pensarlo, pues sólo salen al patio cuatro horas al mes. Dentro de la celda, tratar de estirar los músculos los convierte en malabaristas.
Todo evidencia que el proceso de resocialización es letra muerta, pues según el artículo 54 de la Ley 55 de 2003, que reorganiza el sistema penitenciario, en cada centro deben realizarse programas y actividades de educación formal y no formal.
Uno de los detenidos que accedió a hablar con Panamá América expresó: "Hay que comenzar a matar a los fiscales para que esto se arregle". Su pesimismo es notorio y afirma que la situación en la cárcel no va a cambiar, pues están amontonados por culpa de los fiscales, que no mueven sus casos.
Se queja de que pasan administraciones y el problema empeora. Lleva más de dos años detenido. Su caso se suma al de los 2, 502 privados de libertad de La Joyita que no han sido llamados a juicio. Sólo unos 854 han sido condenados.
Esta cárcel sobrepasa en 81% su capacidad, que es de 1, 850 personas. Además del hacinamiento, es deficiente la atención médica.
Con sólo una ambulancia para más de 3, 000 personas, es fácil imaginarse lo que pasa cuando el vehículo no está y ocurre alguna urgencia.
Todo parece único en este penal, pues sólo hay una auxiliar y un médico para atender tres veces a la semana, y por unas horas, una población que por las condiciones en que convive, sufre con frecuencia de problemas intestinales, tuberculosis, bronquitis, infecciones en la piel y hongos.
Si tener un médico general en la clínica es toda una novedad, ni pensar en un odontólogo. También escasea el alcohol, las gasas, las jeringuillas y demás instrumental básico.
La clasificación de los detenidos es otra de las secciones muertas de la Ley 55. Los reclusos tratan de resolver a su manera el tema de la clasificación. Primero hacen la advertencia a las autoridades de los inconvenientes que pueden surgir cuando el nuevo inquilino es integrante de alguna banda o padece de alguna enfermedad contagiosa.
Si eso no funciona, recurren a los golpes y peleas. Cuando ese método falla, entonces aparece algún objeto punzo cortante que pone fin al problema.
"Si no matas, te matan", sentencia un detenido. Explica que en medio de esta situación, hasta el más calmado y "santurrón" aprende a no ser "congo".
Afirma que como el ocio es inmenso, los grandes crímenes se planifican entre "expertos" y "aprendices". Los primeros le refinan a los segundos las técnicas del delito y la dañina fraternidad se lleva a las calles. Mañana: Licitan alimentación de alimentos, ¿se acabará el problema?


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América