Monumentos, placas conmemorativas, bustos y pedestales rayados o cubiertos de eses de pájaros están por todas partes, en especial, en la ciudad capital.
Además de que muy pocos panameños se toman un tiempo para admirarlos o al menos para leer sus inscripciones, no reciben el debido mantenimiento para mantenerlos en buen estado.
No es extraño observar completamente rayada la placa conmemorativa alusiva al sitio desde donde el capitán Raúl Chevalier efectuó los disparos de cañón que obligaron al cañonero Bogotá a abandonar nuestras aguas el 3 de noviembre de 1903. Esa placa está en la Plaza de Francia.
Mensajes de amor y todo tipo de frases han sido escritos en la placa, al grado de que son más llamativos que la inscripción en sí.
Tampoco el pedestal ni el busto de quien fuera el primer presidente de la república, el doctor Manuel Amador Guerrero, recibe mantenimiento.
Tanto es así, que las eses de talingo han ensuciado su cara, y el óxido cubre gran parte del pedestal que sostiene el busto.
Lo mismo ocurre con todos los hombres probos que han dado vida a la nación y cuyos bustos están colocados en la Plaza de la Independencia, allá en Catedral o en el Paseo de las Bóvedas.
Y qué decir del monumento al general Tomás Herrera, ubicado en el parque del mismo nombre. También está sucio de eses de pájaros y no presenta un aspecto cónsono con la hidalguía de la figura que representa.
Ahora bien, aunque no presentan buen aspecto, al menos decenas de bustos y monumentos conmemorativos que representan a grandes hombres forjadores de la historia y de la patria, se observan por toda la ciudad.
Sin embargo, muy pocos hay de mujeres que también entraron a la historia por sus valiosos aportes al mundo.
Uno de ellos es el de la reina de Castilla, Isabel La Católica, en Panamá Viejo, erigido en 1966 por su generosidad y decisión que hicieron posible el descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón.
También destaca el de la educadora Sara Sotillo, situado en la entrada de la barriada Miraflores, en Betania, donde reside gran cantidad de docentes.
También existen monumentos muy vistosos, limpios y debidamente mantenidos, como el de Vasco Núñez de Balboa, en la Avenida Balboa, y el erigido en honor al doctor Belisario Porras, expresidente de Panamá y en cuyo pedestal se lee un hermoso poema de Ricardo Miró.
Todos estos hombres y mujeres están revestidos de majestad porque supieron desempeñar su papel en el momento histórico en que les correspondió vivir. Justo es que si se les ha homenajeado para la posteridad con un busto o monumento, éste se mantenga limpio y bien cuidado para que presenten un aspecto acorde con la grandeza de sus protagonistas.