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Parece que los animales exhibidos esperan que entre un “alma” para cobrar vida, por lo menos una hora, tiempo que puede durar el recorrido. Mientras esto pasa, el silencio invade el recinto, que es interrumpido por las actividades externas que los deslucen: el tráfico pesado, el claxon de los autos, los puestos de comidas criollas, y el ruido propio del movimiento en las calles. Colegiales y personas caminan frente a él sin detenerse a mirarlo. El sitio, a pesar del ajetreo diario, se siente confiable.
Distinto a otros museos en la ciudad, ubicados en zonas turísticas, como el Museo Interoceánico (Casco Antiguo,San Felipe), que cuentan con modernas infraestructuras, o como el Museo de la Biodiversidad, que apenas están en construcción, el Museo de Ciencias Naturales permanece casi inadvertido en el corregimiento de Calidonia, un lugar histórico, pero que ya perdió su encanto.
Sigue anclado en el mismo lugar, hoy quizá el equivocado, y es de los pocos que no sigue los pasos del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, que de la Plaza 5 de mayo fue trasladado a Curundu; o como el Museo de Arte Contemporáneo que ya tiene lista la maqueta para una nueva sede en el Casco Antiguo. Hoy se ubica en la Avenida de Los Mártires.
A las 4:00 p.m. cierra sus puertas, desde las 9:00 a.m. cuando las abren, quizás tratando de evitar aquellas actividades que perturban el apacible sitio.
De noche, el lugar se transforma, ya no es el mismo. La inseguridad se empieza a sentir y transcurrido el reloj se apodera de él. Algunos orates deambulan por las calles, no se puede siquiera cruzar de un lado a otro porque los vehículos pasan a velocidad, aquí no hay cortesía de paso. Las "fondas" del día cerraron, pero se activaron los puestos informales de venta de chorizos y "carnes en palito".
Las luces de los hoteles y hostales cerca del museo se roban la atención de las personas, dejando que solo sean los postes de alumbrado los que le den luz. Las dos esquinas del museo tienen dos funciones al oscurecer: una sirve de parada improvisada para abordar transportes "piratas" y la otra, para que mujeres con provocadores atuendos esperen a varios acompañantes por dinero. El enorme árbol que se ubica en la acera de contraria al museo se presta como escondite para que las “almas perdidas” se oculten cuando hay rondas policiales.
Las especies expuestas al público, que son decomisadas o donadas por personas que han encontrado a los animales muertos, son mudos testigos de esta realidad nocturna, esperando el día para tratar de conquistar, tal vez a esas mismas “almas perdidas”.
Los visitantes, el alma de los museos
Yamir Guevara, guía del museo, quien trabaja allí desde el 2009, cuenta que el águila crestada fue llevado por unos "pelaos de Calidonia" que lo encontraron y llevaron al museo, ahora, forma parte de la colección.
En la sala "la cámara de las maravillas" se muestra una recopilación de peculiares piezas y la de fauna extranjera con exhibición de animales cazados por los hermanos panameños Young, durante expediciones por Alaska, Estados Unidos, África e India.
Algunas aves en exposición han perdido el colorido en sus plumas con el paso del tiempo, pero aunque el visitante trate de concentrarse en la exposición, no se puede ignorar que la infraestructura interior del museo es poco atractiva para enamorar al público.
De hecho, en el trayecto solo se escuchaba el sonido de uno de los abanicos que trabajaba para condicionar el área. Un grupo de jóvenes conversaban sentados en una esquina dentro del museo, no eran visitantes, eran practicantes universitarios.
Hay días en que el museo recibe, con suerte, a unas 20 o 30 personas o grupos de estudiantes, en otras ocasiones, solo entra uno o dos visitantes, a pesar de que el valor de la entrada es de sólo un dólar para adultos y turistas, 25 centésimos para niños y 50 centésimos para jubilados.
Un equipo de 15 personas, entre ellas, cuatro guías, un taxidermista, un restaurador y un museógrafo que trabajan para el museo, son quienes han tratado de ambientar las exposiciones del museo; convirtiéndose en una especie de "decoradores" que buscan un mejor aspecto a su lugar de trabajo. Afuera, un hombre le devuelve el color negro a las verjas que lo han perdido por el polvo.
Es miércoles, y a poca afluencia de visitantes el edificio del museo parece mirar con anhelo al público de la Lotería Nacional de Beneficiencia (LNB), que abarrota las instalaciones para cambiar sus billetes por dinero que han ganado con algo de suerte, pero el museo no ha muerto del todo, y una propuesta para su recuperación, tal vez lo haga recobrar el auge que tuvo algún tiempo.
Una propuesta que promete potenciar al museo La guía Guevara, con un suspiro, dijo que el museo necesita muchas cosas, entre ellas, menciona la iluminación y aires acondicionados, por ello la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), desarrolla el proyecto de museografía, que busca que los museos sean centros de aprendizaje, especialmente el de Ciencias Naturales pues evidencia la historia natural del istmo. Se trabaja en un anteproyecto de remodelación de este museo y se han involucrado a estudiantes de arquitectura y diseño de la Universidad Santa María La Antigua (USMA), los beneficiados serán los turistas, científicos, investigadores y la población en general. Una vez sea presentado, el anteproyecto busca captar el apoyo e interés del sector empresarial para que el Museo de Ciencias vuelva a tomar vida.
Parece que los animales exhibidos esperan que entre un “alma” para cobrar vida, por lo menos una hora, tiempo que puede durar el recorrido. Mientras esto pasa, el silencio invade el recinto, que es interrumpido por las actividades externas que los deslucen: el tráfico pesado, el claxon de los autos, los puestos de comidas criollas, y el ruido propio del movimiento en las calles. Colegiales y personas caminan frente a él sin detenerse a mirarlo. El sitio, a pesar del ajetreo diario, se siente confiable.
Una propuesta que promete potenciar al museo La guía Guevara, con un suspiro, dijo que el museo necesita muchas cosas, entre ellas, menciona la iluminación y aires acondicionados, por ello la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), desarrolla el proyecto de museografía, que busca que los museos sean centros de aprendizaje, especialmente el de Ciencias Naturales pues evidencia la historia natural del istmo. Se trabaja en un anteproyecto de remodelación de este museo y se han involucrado a estudiantes de arquitectura y diseño de la Universidad Santa María La Antigua (USMA), los beneficiados serán los turistas, científicos, investigadores y la población en general. Una vez sea presentado, el anteproyecto busca captar el apoyo e interés del sector empresarial para que el Museo de Ciencias vuelva a tomar vida.