"Hay que tener vocación para desempeñar el trabajo de asistente de enfermera".
Estas son las palabras de Juana Cunningham, una panameña que anhelaba superarse y lo consiguió por cultivar el gran don con el que Dios la premió: la paciencia para atender con alegría y entusiasmo al prójimo.
Juana dijo que inició a laborar en el Centro Médico Paitilla a los 35 años de edad, desempeñando el cargo de trabajadora manual.
Si podía ayudar a los enfermos, lo hacía de corazón, sin pensarlo dos veces.
Luego de cinco años el hospital implementó un nuevo programa que consistía en preparar a algunas de las personas que ya trabajaban allí como asistente de enfermería.
Ella fue una de las seleccionadas, y trabajó 19 años asistiendo a los enfermos en lo que necesitaban, dándoles sus alimentos, suministrándole los medicamentos, y alegrándole la vida en los momentos más difíciles.
Señaló que trabajar como asistente de enfermera fue para ella fue muy satisfactorio, aunque sea un trabajo muy sacrificado, debido a que se laboraba en turnos rotativos, y en fechas importantes como el día de la madre, Navidad y año nuevo, pero su entusiasmo y responsabilidad le permitió ganar varios premios como la mejor empleada del mes y del año.
Este trabajo también la ayudó a educar a sus tres hijos. Incluso uno de ellos es médico, quien se inspiró al ver laborar a su madre; el otro se graduó de mecánico automotriz, y la otra estudia Licenciatura en Finanzas.
Juana es conocida en el hospital como una persona muy buena, entregada y servicial en su trabajo, bendecida por la mano de Dios para atender con gran paciencia a los enfermos.
Hoy día se jubiló, luego de 24 años de servicio. Ahora se dedica completamente a su hogar, a disfrutar de la comodidad de su casa, y a desvivirse por sus plantas, las cuales cuida con mucho cariño. Agregó que ser asistente de enfermera fue maravilloso para ella, y que le da gracias a Dios por haberle permitido esa gran oportunidad.