Las niñas siguen siendo tratadas desigualmente respecto de los niños. La Convención de los Derechos del Niño no destaca de manera suficiente la necesidad de la eliminación de las diferentes formas de sexismo y violencia a que están expuestas las niñas y las adolescentes", afirma el Informe Nacional Clara González- Situación de la Mujer en Panamá, 1996, dado a la luz pública el año pasado.
Por otro lado, "la tasa de fecundidad del grupo de 15 a 19 años es de 89.7 por 1,000 mujeres de esa edad y de 3/1,000 en el grupo de 10 a 14 años. Aproximadamente el 90% de los niños nacidos de estas madres corresponden a adolescentes solteras", señala el Informe.
Sobre el tema que nos ocupa, la publicación "Panamá: La niñez y la mujer en la encrucijada del año 2,000", 2da. Edición, (del Ministerio de Planificación y Política Económica y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia ), informa que: "la maternidad precoz trae como consecuencia, en la mayoría de los casos, la deserción escolar. La obligación de dedicarse al cuidado de los hijos limita sus posibilidades de inserción en el mercado laboral, pasando a formar parte de la población no económicamente activa como amas de casa. El censo de población de 1990 detectó un total superior a 26,000 niñas menores de 18 años en condición de amas de casa.
"En provincias como Darién y Chiriquí, se estima que el 30% y 20% respectivamente de las menores de edad no económicamente activas son amas de casa y no asisten a la escuela. En la provincia de Panamá dicha proporción es inferior al 10%, señala el documento.
De igual manera, en diversos foros sobre violencia intra-familiar y abuso sexual se ha sacado a relucir una verdad que debe golpear la conciencia social: que el número de estupros, incestos y otros delitos sexuales contra las niñas va en aumento, aunque hay complicidad (y por esto existe un subregistro) por parte de madres y parientes irresponsables e insensibles de estas menores. Cuando a los familiares se les indaga por qué si tenían conocimiento de estas situaciones anómalas no las denunciaban, comúnmente aducen que no reportan los casos por temor a represalias o al castigo de la suspensión de ayuda económica y/o estipendios.
En el ámbito educativo el panorama sigue siendo sombrío para un número significativo de niñas y adolescentes del país que forman parte de quienes carecen de agua potable en sus comunidades, no tienen acceso a una disposición sanitaria de sus excretas, padecen desnutrición (sufren de bocio, son víctimas de la deficiencia de vitamina A) o enfrentan otro tipo de marginalidad.
Al hablar de niñas y su triste realidad hay que recordar que cada año mueren niñas menores de un año principalmente en Darién y en Bocas del Toro sin que nos demos cuenta los de la ciudad (quizás por la dispersión de la población también allá en el campo su muerte pasa desapercibida). A éstas se suman las que fallecen durante el parto por falta de atención profesional a sus madres.
La falta de servicios y atención eficiente y oportuna de la salud de las niñas y adolescentes es otra condición que coloca a estos grupos etarios de la población femenina en franca desventaja para desarrollar su cerebro y potencial como personas y las mantiene sometidas a estructuras que atentan contra su dignidad.
De la misma forma, el predominio de estereotipos sexuales y sexistas que las excluyen de ciertas actividades productivas y las van mentalizando para luego cuando adultas (si no se integran a grupos de autogestión y formación en género con igualdad de oportunidades o tienen acceso a la educación formal o informal donde aprenden a exigir sus derechos), quedar como millones de mujeres del orbe confinadas al hogar donde sus roles (no remunerados) son servidora del hombre y el resto de la familia, esposa, madre, cuidadora y celosa administradora de los bienes (salud, educación e intereses) de todos aun a costa de su sacrificio personal.
Para las niñas, el futuro debería ser más promisorio. El tiempo y el despertar de una conciencia social donde el verbo INCLUIR se conjugue en todos los ámbitos dando lugar a una real equiparidad genérica pondrán punto final a la EXCLUSION que hoy cercena las posibilidades de crecimiento integral de miles de niñas y adolescentes panameñas y millones en el mundo.