La información ha surgido, durante recorridos recientes por distintos puntos del distrito capital.
En ocasiones, el fenómeno se relaciona con el hecho de que una persona adulta no estudiada, le inculca ese mismo patrón de conducta a sus hijos.
Salia Salazar, coordinadora del programa "Paso Seguro", consideró que los problemas económicos no son los únicos responsables de esta historia. También tiene que ver con "costumbre o cultura que ejerce el núcleo familiar totalmente distorsionado".
Los menores trabajadores llevan en sus espaldas el peso de la negligencia de los adultos. Se ha tenido la experiencia de que a la hora de rescatar a los niños de las calles, los padres están con sus hijos; es decir, "anuentes de que ellos trabajan".
Indicó que en la mayoría de los casos, estos niños no asisten a la escuela y, lo peor, no tienen esa motivación por parte de los adultos.
En cuanto al aporte de un infante que trabaja en las calles, se informó que lo mínimo que llevan a casa son B/.14 por día, producto de la venta de golosinas. De eso, le daba a su madre B/.10 y él se quedaba con B/.4.
A juicio de Salazar, el trabajo de los menores los mantiene a un paso de ser unos delincuentes, pues "aprenden cosas que no van a favorecer su crecimiento".
Según Salazar, los niños que participan en el programa "Paso Seguro" son parte de un seguimiento. A los que son detectados nuevamente en las calles, se les llama inmediatamente al padre y se le cuestiona sobre el porqué.
Igualmente, indicó que dentro del programa se cuenta con una educadora que, periódicamente, visita las escuelas para supervisar que el menor esté asistiendo.
Esta iniciativa cuenta con 106 niños; sin embargo, cifras oficiales revelan que en Panamá son casi 50 mil los menores que laboran.