Nación

No hay fondos para las exploraciones del INAC


La movilización de un equipo de expedicionarios a Darién "cuesta mucho y precisamente lo que no tenemos es presupuesto", explicó Rafael Ruiloba, director del Instituto Nacional de Cultura (INAC) a El Panamá América.
Las declaraciones surgen luego de que la entidad emprendiera investigaciones de los fuertes y cuevas en las costas de esta región para su posterior puesta en valor y su utilización como sitios turísticos únicamente "con donaciones y uno que otro dinero".
Hasta al momento han recibido el patrocinio de comerciantes de la comunidad china, la legisladora Haydée Milanés de Lay, al igual que han contribuido en aspectos de logística, la Asociación para la Conservación, la Policía Nacional, el Servicio de Protección Institucional.
Dionicia Laffo-Luna de Lum, del equipo de expedicionarios, coincidió en que se requieren fondos para seguir adelante.
"Uno va a Miami y se gasta hasta B/. 10 mil, yo preferí invertirlos en esta misión que califico como loable, pues se trata de dar con el paradero de esa historia que le pertenece a Panamá y que tantos beneficios le daría a esta provincia", subrayó.
Hasta el momento en las costas de Darién se llevan a cabo labores de limpieza en varias fortificaciones españolas similares al Conjunto Monumental de Panamá La Vieja, y se está investigando el interior de algunas cuevas.
Por su parte, el historiador Alberto Osorio Osorio, quien dirigió el INAC de 1990 a 1993, sostuvo que "el 80% de los fondos que recibe el INAC van dirigidos a salarios y para inversiones de este tipo no hay dinero".
A pocos minutos se divisaba la primera fortaleza, en la Isla del Encanto. Desde abajo no parecía más que una pared de piedra. Una vez arriba, luego de apartar la maleza que ha crecido alrededor, la vista es cautivadora.
Se trata de un fuerte vigía (de vigilancia) desde el que se observaban los galeones en su recorrido. Su edificación es un conjunto de piedra unida con argamasa, que según el historiador y catedrático de Filosofía, Alberto Osorio Osorio, quien también fue director del INAC de 1990 a 1993, era un material que reemplazaba al cemento y que estaba compuesto por lodo, cal y clara de huevo (por su facilidad como pegamento).
Ruiloba, en tanto, sugiere que en esta parte del Darién existía "una ruta alternativa" al Camino de Cruces de Portobelo, en caso de ataque de piratas o de peligro, como revelan algunos indicios. Se trata de un sistema de defensa de los conquistadores españoles a través de la provincia.
Las divisiones entre pisos, que en este caso eran tres, estaban hechas de ladrillo. La propia naturaleza parece estar conservándolas. Osorio, por su parte, las define como "fieles réplicas de las ruinas de Panamá Viejo" y coincide con Ruiloba al afirmar que "requieren ser restauradas y valoradas".
Estas fortificaciones formarían parte, según Osorio, de una cadena que viene por todo el Caribe; Puerto Rico, La Habana, Portobelo, Cartagena de Indias para repeler los ataques, por un lado, y para vigilar la abundancia de contrabando, por el otro, pues quebrantaba el monopolio económico de España.
En Osorio la pasión por lo que hace es evidente. Parecía haber hecho suyo cada detalle de aquellos años de piratas, corsarios y filibusteros, convirtiéndolos en una excitante leyenda. "De España vino el ingeniero Antonelli, un gran ingeniero militar de la época... imagínese la importancia de estas tierras".
A lo anterior, Osorio añade un ingrediente diferente. "Estas instalaciones tenían también un sentido de defensa contra los indígenas, pues éstos nunca aceptaron la presencia hispánica". "Supongamos que eran unos seis soldados con todos sus pertrechos rodeados de miles y miles de indígenas", añadió.


Sólo hizo falta subirse al bote y en un par de minutos más, el segundo "fortil", como también le llaman, saltaba a la vista. No fue necesario escalar. Un lodo espeso daba la bienvenida al bajar y se convertía en un expedicionario más colándose en los pantalones hasta casi media pierna. El sitio era plano y por fortuna, ya había sido abierta una trocha.
Este era mucho más grande, "el big mama", dijo Dionicia. Una torre inmensa es parte del diseño y casi incrustadas en la propia piedra, las ramas de "mata palo", una planta típica de la región, atraviesan las paredes como parte del decorado. Sin embargo, algunos de los expedicionarios y los propios nativos consideran que precisamente sus raíces contribuyen a mantener de pie la estructura.
"Las raíces están dentro de las piedras y las amarran. En el momento que la vegetación se muere las piedras comienzan a caerse", asegura Osorio, por lo que "se necesita un trabajo de consolidación de las ruinas a través de arqueólogos, arquitectos restauradores... es toda una empresa, pero se requiere presupuesto".
Al frente del edificio se ubican los ventanales, en varias dimensiones, lo que obedece, según se cree, a un intento por reducir el impacto de entrada de los ataques o disparos.
El también historiador y profesor Alvaro Menéndez Franco, las describe como "fosos elevados para que no los pudieran atacar desde tierra. Los soldados entraban y los fosos se levantaban con cadena y había un hueco tan profundo que no era posible subir". Esto constituía su defensa. De frente tenían batería de cañones a varios niveles. En el caso de Portobelo, por ejemplo, los fuertes llegaban a ser ocupados hasta por unos 500 soldados.
El valor histórico de Darién es evidente en cada uno de los pasajes narrados por los conocedores de la historia panameña. Los doctores Patricia Pizzurno y Celestino Andrés Araúz lo subrayan en su libro " El Panamá Hispano (1501 - 1821)", donde señalan: "los españoles encontraron en Darién un lugar estratégico para realizar sus expediciones de descubrimiento y conquista, tanto en el interior de la región como en el propio Golfo de Urabá".
Menéndez Franco, por su parte, relató con sumo detalle a El Panamá América en su oficina de la Universidad de Las Américas, esa historia del Panamá del XVI que conoce al dedillo. En su narración citaba fechas y pasajes apasionantes y poco conocidos.
"Los españoles estuvieron presentes en el Pacífico desde 1508, cuando intentaron la fundación de algunos españoles, concretándose la de Santa María La Antigua del Darién, en 1510".
Es también un convencido del potencial económico de esta provincia. "Donde más oro se encuentra en toda América es en los ríos de Darién", explica. Se encontró plata en México y Perú, minerales en lo que hoy es Bolivia, piedras preciosas en Sudamérica y México, mas no oro.
Justo un año antes había surgido Nombre de Dios, en el límite de lo que hoy es Colón y San Blas. Los españoles se vieron forzados a la construcción de varios fuertes militares a lo largo de la región a raíz de las incursiones de corsarios y piratas.
El historiador considera que las estructuras estudiadas actualmente por el INAC pueden responder a una ruta tardía a la que se ven obligados los españoles porque los piratas conocían los caminos utilizados.
Los fuertes de la Isla El Encanto y sus alrededores podrían ser el punto de partida hasta el Archipiélago de Las Perlas para saltar a las costas de Coclé, pero de hecho, "son fortiles defendiendo la riqueza española". La plática de Menéndez Franco estaba repleta de episodios, que contados con la facilidad de sus palabras, nos transportaban al meollo del asunto.
Su descripción transmite el olor de la pólvora de los cañonazos de aquellos enfrentamientos por la posesión del oro y dibuja a los conquistadores poniendo el primer pie en las tierras descubiertas. Y es que en esta ruta "no se encontró oro pero sí las perlas de mayor tamaño del mundo". Para muestra, un botón.
"La perla de mayor tamaño pescada jamás fue sacada del Archipiélago de Las Perlas, en la Isla de San Miguel, que estuvo por mucho tiempo en la corona de España, llamada La Peregrina y Felipe II se la regaló a la reina de Inglaterra".
Prosiguió. "En una subasta el actor de cine Richard Burton la compró y se la regaló a su esposa Elizabeth Taylor, quien la conserva. Omar Torrijos quiso enviarme a que hablara con ella en Londres para que se la vendiera a Panamá para incorporarla al Museo del Hombre Panameño, pero él murió y yo no pude hacer nada"... Esta ruta, según dice, puede ser comparada con otra que parte desde Natá hasta el Lago Gatún, donde fueron aniquilados piratas.


El turno tocaría ahora a las cuevas que también son objeto de estudio de la institución. Después de pasar por el poblado de Punta Alegre, un sitio caracterizado por su actividad económica basada en la comercialización de mariscos, fue necesario escalar antes un cerro desde donde la vista hacia el mar es indescriptible, lo que le ha valido el título entre los moradores, de "El Mirador".
Arriba esperaban por nosotros Bernuil, Jorge, Tolín y Plinio, cuatro indígenas que habían limpiado el camino para hacerlo más transitable. Se trataba de una empinada topografía que giraba a manera de circunferencia hasta la cúspide. Una vez allá, en la cima, todo el suplicio del recorrido es olvidado.
Los senderos de piedra utilizados por los españoles aún pueden verse. Se definen calles y caminos en medio de una nutrida vida silvestre.
Mientras, en las faldas de aquel cerro, la primera cueva que visitamos permanecía repleta de murciélagos, como era de esperarse. Más adelante, en Punta Cueca, ubicamos la segunda. Allí los trabajos del INAC llevan ya varios meses. Su exploración significó el derribo de gigantescas piedras que fueron dando paso a múltiples hipótesis relativas a la existencia de importantes riquezas al fondo de la cueva.
No obstante, de lo que sí existe una teoría confirmada y, sobre todo, respetada, es "de no atentar contra la cultura indígena presente en estas áreas", según dijo Ruiloba.
El indio Plinio nos lo explicaría después. "Se enciende un tabaco cuando uno llega porque así lo pide el espíritu del español que habitó esta cueva, además se le coloca una vela verde, agua y vino", nos dijo y de inmediato agregó "tampoco se permiten chistes dentro de ella, ni beber o fumar y mucho menos relaciones sexuales".
A nuestra salida del sitio uno de los expedicionarios encendía el tabaco, tal como Plinio lo dijo. Para Menéndez Franco las cuevas tienen un "doble carácter". Son lugares naturales y militares para guardar no sólo riquezas, sino también víveres y armas.

 

Lo cierto es que la historia de estas tierras es aún un "gran misterio en espera de exhaustivas investigaciones". Mientras éstas concluyan, sus habitantes permanecerán en ellas como los más fieles guardianes de una época fantástica.
A pocos minutos de Playa Brava, después del pueblo de Punta Alegre, se divisa un terreno por donde los pescadores de esta región, de Garachiné y Taimatí, dicen que desciende desde la montaña, una cadena de oro. Se cuenta que en Perú se le hizo un regalo a un galeón español que llegó a Lima. La reina recibió una cadena y un ancla de oro.
El arca vino cargada con tesoros y en las costas de Patiño sufrió un ataque de piratas. Al salir mal librado, descargó la mitad del oro, el resto siguió en el galeón y éste se hundió justo en la sima de esta montaña. En noches de semana santa se le ve alumbrando.
En un morro (monte pequeño) también en las costas de Patiño, llegaron una vez unos marines norteamericanos y acordonaron el área, impidiéndole el paso a los pescadores. Trajeron helicópteros de dos hélices y se llevaron unos cañones que se dice, eran de los galeones.
Por allá por los años "70 llegó a estas costas un barco de ingleses. Algunos muchachos de entonces lo abordaron para preguntarles si querían comprar langostas. Los navegantes les mostraron un mapa y les dijeron que andaban tras tres cofres con riqueza que estaban en una cueva.
Frente al poblado de Mogocénega, en Punta La Virgen, un niño estaba pescando y sacó un pedazo de lona que se dice que cubría un millonario tesoro. Los adultos intentaron llegar al lugar para explorar, pero el pequeño se desmayó una y otra vez y los lugareños lo tomaron como una premonición y allí terminó todo. Nada más se ha sabido desde entonces.
Los indios de estas tierras hablaban inglés y francés para aliarse con los piratas y los guiaban por la espesura de la selva en contra de los españoles.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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