Lo conocimos en su humilde residencia, en compañía de su hijo, quien lo asiste en las tareas de soldadura. Ortega quedó privado de sus manos tras un accidente con corriente de alta tensión en 1992, desde entonces ha sido un hombre distinto.
"Recuerdo que lo que me ocurrió no se lo deseo ni a mi peor enemigo -dijo el soldador-. Fue una situación muy dura y todavía me acuerdo y me siento afligido, pero yo voy pa"lante porque lo hago por mis hijos y mi esposa".
Desde el accidente ha tenido que cambiar todo, desde la confección de sus vestimentas hasta su manera de ver la vida. Ahora tiene ropa más compacta y menos complicada, la cual puede colocarse y quitarse de forma rápida y sin inconvenientes.
Con cinco hijos (dos después del accidente: un varón y una niña), ha comprado tres carros en los últimos 13 años; actualmente adquirió un "pick up" Chevrolet del año "78, en el cual realiza las labores de acarreo y mudanza, cuando los trabajos de soldadura escasean.
¿Se preguntará qué tal conduce? Es un buen chofer y admite y que ha tenido "roces" insignificantes, pero jamás ha chocado con otro vehículo u ocasionado un accidente. Es un verdadero as del volante. Cada día los residentes del barrio lo llaman a su celular para concretar labores de mudanza o acarreo de materiales de construcción.
"Siento que si se me vuelven a salir las manos, me muero o salgo huyendo, porque ya me he acostumbrado a estar así -advirtió Ortega-. Ahora me sorprende que personas con ambas manos, se encuentren robando y pidiendo plata; cuando esto me sucede, yo los mando a trabajar porque he aprendido a hacerlo (a trabajar) toda la vida".
Dos meses después de aquel trágico accidente, pensó en quitarse la vida. No obstante, la ayuda que recibió de su familia fue grande y resultó un aliciente que lo motivó a no dejarse llevar por las secuelas negativas de su tragedia. Paulatinamente comenzó su proceso de adaptación con las prótesis que lo ayudaron un poco al inicio de su accidente, pero después las abandonó y se libró de ellas por completo, debido a la incomodidad que representaban. A medida que fue superando las dificultades, le ha enseñado a su hijo mayor el arte de la soldadura para que aprenda una profesión y siga adelante en el largo camino por mejorar las condiciones de vida.
Estando en casa también aprendió a cocinar para sus hijos y se aplicó en pegar bloques y colocar techos en las residencias.
Pero una de las dificultades por la que atraviesa lo es la falta de los ingresos necesarios, ya que lo que recibe a través de su pensión es poco, y la actividad de la soldadura tampoco anda muy bien. Con el acarreo logra cubrir parte del pago de agua, luz y teléfono, pero no es igual cuando tenía sus manos y cobraba mayor cantidad de dinero.
Esto repercute en el estado de sus herramientas, las cuales se han estropeado por las propias condiciones del lugar y tiene la necesidad de reemplazarlas por otras. "Yo siento que, con todo esto que me ha pasado, he empezado a vivir otra vez -precisó Ortega-. "La gente que me ve, me pregunta porqué ando tan sonreído como si nada hubiera pasado, pero ha sido mi familia la fuerza que me ha hecho recapacitar y tomar otro aliento para vivir".