El objetivo principal de este acto fue recordar el origen de la Cruzada Civilista Nacional, el espíritu que movió a esta organización, las manifestaciones públicas y honrar a las personas que dieron su cuota durante la lucha contra los militares.
La ceremonia de apertura estuvo a cargo de Bosco Vallarino, quien también formó parte del movimiento. Seguidamente el presidente de la CCIAP, Domingo Latorraca, recalcó la necesidad de fortalecer las instituciones democráticas, en la actualidad, para que dentro de 20 años los panameños de esa generación sigan conviviendo en un régimen democrático de bienestar colectivo.
Por su parte, el religioso, Fernando Guardia realizó la invocación, así como bendijo solemnemente el movimiento cuando se creó en el año 1987.
Durante el acto se le rindió un homenaje a Alberto Bolívar Conte, uno de los principales pilares de la Cruzada Civilista, quien recientemente falleció.
Su esposa, Rita de Conte, recibió la medalla Carlos Efraín Guzmán Baúles( civilista caído durante la dictadura), por parte de Carlos Guzmán, hijo.
Las palabras de clausura fueron pronunciadas por el ex presidente de la CCIAP y miembro de la Cruzada, Aurelio Barría, quien señaló que se debe crear nuevamente esa conciencia en la sociedad civil, para retomar el camino y repasar temas pendientes.
"Si bien hemos avanzado en un proceso democrático y hemos electo democráticamente a cuatro nuevos gobiernos en los últimos años, lo cierto es que hay una debilidad en las instituciones democráticas", agregó.
Barría enfatizó que si bien el Gobierno quiere combatir el flagelo de la corrupción y fortalecer la administración de justicia, tiene que trabajar para mejorar las condiciones de vida de los panameños, en plena responsabilidad social ciudadana.
En ese sentido, dijo que el progreso y crecimiento económico del país no están llegando a los niveles más necesitados, lo que está creando un sentimiento de frustración y que puede degenerar en una crisis social de "impredecible consecuencia".
Durante la actividad se realizó un reconocimiento a la mujer panameña que fue valiente y respaldó el movimiento civilista con aquellas marchas femeninas.
Igualmente participó en el evento, un nutrido grupo de hombres y mujeres conformado por gremios de empresarios, profesionales, médicos, maestros, obreros y políticos.
El 10 de julio de 1987 la Cruzada Civilista convocó al pueblo panameño a reunirse en la Iglesia del Carmen, donde fueron emboscados por las fuerzas antimotines llamadas Doberman.
La represión fue brutal, al punto que ese 10 de julio pasó a la historia como “El Viernes Negro”.
Este movimiento afrontó el riesgo y el peligro que representaba, sobre todos los panameños, el hacerle frente a Noriega y sus Fuerzas de Defensa.
Su grito fue claro: exigir justicia, buscar libertad y anhelar democracia.