Pese a las amenazas de los transportistas, de paralizar mañana el servicio a los usuarios, la ministra de Gobierno y Justicia, Olga Gólcher, reiteró que no se va a retirar el proyecto de reformas para la modernización del sistema de transporte, que se discute en la Asamblea Nacional.
Dijo que están a la espera de escuchar la contrapropuesta de los transportistas que se oponen a las reformas.
"Deben plantear por qué no están de acuerdo con la propuesta", sostuvo la ministra.
Además, advirtió que no se puede estar llamando a tomar medidas de fuerza, ya que lo que se impone es la comunicación y el diálogo.
Gólcher pidió a los transportistas no perder la comunicación, ni tampoco desesperarse.
Les recordó que el escenario de las consultas será la Asamblea Nacional, donde podrán seguir conversando, pero advirtió que la ley de modernización del transporte se mantendrá, ya que vienen cambios.
"Los conozco, hay un grupo que está consciente del cambio. Uno discute con cabezas frías y no con corazones calientes", enfatizó la ministra de Gobierno, ante las amenazas de un paro de transporte público previsto para mañana.
El llegó a Panamá por "coyotes" que lo contactaron junto a otros cinco en una plaza en Bogotá.
Comenta que durante la travesía, muchos lograron cruzar la selva darienita y avanzar en busca de trochas abiertas; otros fueron detenidos y deportados.
Juan tiene tres años de estar en el país. Este diario lo abordó en el Departamento de Migración cuando arreglaba su estatus legal.
"Pagué casi $500 para llegar a esta tierra y arriesgué mi vida en esa selva, pero ahora estoy bien".
Dijo que no ha sabido nada de las seis personas que ingresaron con él a Panamá. "Era una familia de Medellín, creo que me dijeron, pero no supe de ellos, nos separamos en cuanto llegamos a la ciudad", reveló.
Carlos cobra más de $2 mil por persona y comparte sus ganancias con dos ayudantes. Uno es un chofer con el que se encuentra en las carreteras que conducen a Darién, para llevar a los indocumentados a la capital.
El otro permite que los inmigrantes usen su casa, en Panamá, como guarida, mientras se reúnen con quienes los ayudan a conseguir empleos y vivienda.
Josefa, como llamaremos a la madre de Carlos, se preocupa por él, pero admite que la ganancia es demasiado buena como para dejarla.
"Estaba matándose por unos míseros dólares a la semana cortando césped", dijo la mujer de 42 años, que no quiso revelar su apellido para proteger la identidad de su hijo.
Para Henríquez, los traficantes de humanos son personas que se dedican a ayudar a indocumentados en su afán de salir de un país.
"Estos violan las reglas de Migración, trasladan a los indocumentados de un lugar a otro sin los requisitos que se les exige, como lo es el pasaporte, visas, y los llevan hacia otros países".
El término "coyote", explica la funcionaria, es propiamente utilizado en México tras darse casos de personas que laboraban al margen de la ley en la frontera con Estados Unidos y Suramérica.
"Son personas que cobran a emigrantes por trasladarlos de un lugar a otro y a su vez contratan a otros sujetos que le llaman los "polleros" para que los ayuden en el traslado o tráfico de personas de un país a otro", destacó.
El Código Penal panameño establece el trafico de humanos como un delito contra la comunidad internacional que amerita sanciones de 10 a 15 años de prisión.
A nivel mundial, se calcula que los traficantes humanos tienen una ganancia de $10, 000 millones anuales, filtrando gente ilegal a Estados Unidos.
Las autoridades panameñas y extranjeras registran un descenso en la migración, aunque se desconoce si será duradero.