andaba de apuro. El tiempo se redujo a casi nada debido a su inesperada agenda en Panamá, que se apretó más debido a su visita urgente al Programa Mundial de Alimentos de la ONU, con sede en la Ciudad del Saber, donde se enteró de la ayuda que se está enviando a la devastada Haití. Aún así, José Miguel Insulza, secretario General de la Organización de Estados Americanos, OEA, cumplió su palabra y concedió la entrevista. Las maletas estaban en el umbral, atendía una llamada urgente de Washington, y sus ayudantes estaban ansiosos: tenían que estar en el aeropuerto de Tocumen a las 5:00 p.m. La cita era en un hotel sobre la Avenida Balboa, y ya eran las 4:20 de la tarde. Con algunos ojos sobre las manecillas del reloj, se inició el diálogo.
Panamá América. ¿Por qué esta visita tan precipitada a Panamá?
JMI. Mi presencia aquí no tiene nada de imprevista. Lejos de ser una visita inesperada, se trata de una visita largamente postergada. El día que ganó las elecciones, llamé al señor Presidente (Ricardo Martinelli) para felicitarlo, y le prometí que vendría pronto. No pude programarlo hasta la toma de posesión pero, como usted sabe, desgraciadamente para esos días fue el golpe en Honduras. Luego quedé con el Canciller (Juan Carlos Varela) en venir por acá antes de fin de año y tampoco pude. Ya tenía que cumplir alguna vez, y agradezco al Presidente que me haya recibido. Tuvimos una larga y fructífera conversación.
P.A. ¿Y de qué hablaron usted y el presidente Martinelli?
J.M.I. La OEA tiene una serie de programas diversos aquí. Sin embargo, lo más destacado de la conversación puede ser el deseo de establecer, en la Ciudad del Saber, un centro para la solución de conflictos en materia comercial (Arbitraje). Contrario a lo que se piensa, no creemos que deba tener sede en Washington, sino aquí en Panamá.
P.A. Los más suspicaces dicen que vino a sondear el voto panameño para su reelección como Secretario de la OEA.
J.M.I. Yo separo muy bien los temas. Que me desmienta quien pueda decir que en alguna visita a los países miembros, yo haya tocado el asunto de la reelección. Nunca aprovecho mis visitas oficiales para hacer campaña. A pesar de que por ahora no tengo contrincante, no creo que lo deba hacer. Es posible que más adelante haga un par de giras por algunos lugares, pero no lo haré con recursos de la OEA. Es más, hasta pediré licencia.
P.A. ¿Cuándo se realizará esa elección?
J.M.I. Eso lo decide el Consejo Permanente de la OEA. Yo he pedido que sea en un tiempo razonable antes que termine mi mandato (26 de mayo de 2010). Debe ser tres o cuatro meses antes. Cuatro no se puede, pues ya estamos en enero. Espero que no se pase más allá del 26 de febrero.
P.A. También se ha dicho que durante la crisis de Honduras, José Miguel Insulza actuó de manera errática, no como “El Panzer” que todos conocen en Chile, y eso debido a que no quería perder los votos de sus amigos del Caribe y la izquierda en América Latina para la reelección.
J.M.I. Eso no es cierto. Actué como correspondía, siguiendo los lineamientos de la Asamblea General y el Consejo Permanente; aplicando lo que establece la Carta Democrática. El veredicto unánime, hasta hoy, de todos los países miembros, es que eso fue un golpe de Estado. En la Carta Democrática está claro el camino que se debía seguir, y que culmina con la suspensión, si no se restablece el orden constitucional. Eso fue lo que se hizo, y después se me encargó para que negociara un diálogo. Primero apoyamos el Acuerdo de San José. Después fui con delegaciones ministeriales. Formamos la misión verificadora que se nos había pedido. Por desgracia, nada de eso ayudó al restablecimiento de la democracia en Honduras. Yo espero que eso ocurra después del 27 de enero (toma de posesión del presidente electo, Porfirio Lobo); quiero dialogar con él.
P.A. ¿Hay caminos reales para superar la situación en Honduras?
J.M.I. Sí hay caminos. Hubo un período de dictadura en Honduras, y el nuevo gobierno debe separarse claramente de eso. Deben restablecerse plenamente los derechos de las personas. No sería malo tener una comisión de la verdad como se estableció en el Acuerdo de San José. El presidente Lobo prometió llamar a un diálogo para la unidad nacional, ojalá lo haga. Cuando todas estas cosas estén en marcha, espero que las sanciones contra Honduras se levanten. Pero no lo decidiré yo; lo decidirán los países miembros.