La Organización de los Estados Americanos (OEA) entra al nuevo milenio sin haber alcanzado objetivos esenciales como la consolidación democrática, el pleno respecto a la libertad de expresión y la integración económica, aunque logró progresos en "el fortalecimiento del sentimiento de comunidad entre nuestros pueblos".
Con la presentación de este panorama grisáceo y la promesa de alcanzar las ansiadas metas, el Secretario General de la OEA, Cesar Gaviria, fue juramentado formalmente para su segundo periodo de cinco años frente al controvertido organismo regional.
En una ceremonia de media hora en la Sala de las Américas, el expresidente colombiano de 55 años fue confirmado en su cargo por el presidente del Consejo Permanente, Sir Arlington Butler de Bahamas, en presencia de los cancilleres de Colombia y Panamá, los funcionarios de mayor jerarquía que asistieron al acto.
Pero ni Argentina, ni Brasil, ni México, ni Estados Unidos, los mayores contribuyentes al presupuesto de la organización, estuvieron representados por funcionarios de mayor jerarquía que sus embajadores ante la OEA.
Quizás esto fue conveniente ya que se quedaron sin escuchar las quejas del Secretario General sobre la salud financiera de la OEA que "continúa deteriorándose como consecuencia directa de los crecientes atrasos en el pago de las cuotas."
La ceremonia, que duró poco más de media hora, contrastó con la primera inauguración de Gaviria en la que se presentaron cuatro expresidentes colombianos, además de los escritores Gabriel Gracía Márquez y Carlos Fuentes que vaticinaron que el nuevo Secretario General logrará un gran acercamiento cultural, sin percatarse que el departamento de Asuntos Culturales estaba a punto de caer sacrificado a los cortes presupuestarios.
Quizás la mejor noticia que Gaviria ofreció ayer a la sala colmada de una nutrida delegación colombiana, los diplomáticos acreditados ante la OEA y la Casa Blanca, más unos doscientos funcionarios de la OEA, fue el anuncio de que en una reunión en Montevideo el próximo mes se adoptarán los primeros índices regionales para evaluar la lucha contra el narcotráfico, que sería un paso hacia la "multilateralizción" del proceso unilateral de la "certificación" que Estados Unidos ha impuesto al resto del mundo.
Sin mencionar de que el Congreso de Estados Unidos, por el momento no tiene la menor intención de abandonar la práctica anual de la "certificación", el Secretario General declaró: "En los próximos días el sistema interamericano tendrá motivos de regocijo cuando los países miembros adopten en Montevideo el Mecanismo de Evaluación Multilateral, MEM, que debe estar operando a comienzos del próximo año y que se debe convertir en el replanteamiento más importante que haya tenido lugar en América en las relaciones entre todos nuestros países para combatir el tráfico de drogas.
"Se les dará a los países unos instrumentos que les permitan ajustar, modificar o reforzar periódicamente sus políticas y hacerlo en un escenario donde se tengan en cuenta todas sus manifestaciones. Esto les permitirá ser más rigurosos en el análisis de sus acciones, cotejar la eficiencia de sus métodos de trabajo, sacar mejor provecho de sus aciertos y errores, y beneficiarse de la información hemisférica y las experiencias similares. No se trata de crear un tribunal supranacional, ni está previsto el establecimiento de sanciones.
"Y para lograr esto el sistema debe realizar análisis y evaluaciones técnicas y objetivas, aplicadas a todos los países por igual. El sistema estará basado en los principios de la Estrategia Hemisférica contra las drogas: corresponsabilidad, reciprocidad, equilibrio y consenso entre los Estados, imparcialidad y transparencia. No se trata de encontrar u mecanismo de carácter sancionario, sino de diseñar una verdadera estrategia de cooperación."
Gaviria inició su presentación con en tono cautelosamente optimista, haciendo resaltar el creciente papel de la OEA cuando instituciones democráticas estén en peligro de ser copadas por golpes militares como fue en los casos de Guatemala y Paraguay. No mencionó, sin embargo que también intervinieron los presidentes centroamericanos y del Mercosur, respectivamente.
"En las tareas de defensa y fortalecimiento de la democracia en el hemisferio," sentenció, "hoy contamos con una auténtica doctrina interamericana de apoyo y solidaridad con ella, que actúa automáticamente contra cualquier intento de los poderes públicos de anular a los demás o contra cualquier amenaza militarista que pretenda interrumpir la continuidad institucional en cualquiera de los países americanos. Pero es bueno reconocer que aún queda un largo camino por recorrer".
"A las viejas asechanzas, representadas por el temor a los golpes militares, se suman hoy nuevos peligros," advirtió. Estas amenazas, señaló, son "más sutiles que los anteriores pero no por ello menos preocupantes, tales como el debilitamiento del principio del equilibrio y la independencia de los poderes, el agravamiento de la impunidad y el subsecuente debilitamiento del poder judicial, el ataque a las libertades básicas como la libertad de expresión, y la presencia de severas intransigencias y polarizaciones entre sectores que impiden con frecuencia alcanzar consensos mínimos acerca de cómo encarar los problemas nacionales fundamentales, bien sean de índole económico, político o social.
"En muchos países la "luna de miel" con la democracia ha quedado en el pasado. Quienes la vinculaban con mayor prosperidad se han visto con frecuencia defraudados. La propia falta de estabilidad económica y de precios cercena toda posibilidad de mejoría en el frente social....Esta desilusión con la democracia se ha reflejado con frecuencia en los bajos niveles de participación en los procesos electorales y en una pobre evaluación de las instituciones públicas como se ve reflejado en numerosas encuestas y estudios de opinión."
En una breve reseña histórica, el Secretario General anotó como tras su creación en Bogotá en marzo de 1948, la OEA se constituyó en "el primer intento de hacer la unión hemisférica basada en principios y no en intereses económicos o estratégicos".
No obstante, Gaviria reconoció como de inmediato "infortunadamente lo que sobrevino fue la guerra fría y lo que predominó como denominador común para la unión fue el temor".
Al igual que en su discurso inaugural en 1994, Gaviria se comprometió a luchar contra las nuevas amenazas al sistema interamericano: "terrorismo, narcotráfico, y la corrupción."
También reiteró los votos que emitió hace cinco años para "ver solucionado el tema de Cuba, avanzando hacia una sociedad pluralista y democrática" así como para que "la paz florezca en mi país, Colombia, para que se pueda construir el progreso y la tolerancia donde hoy existe solo tristeza y desolación".
"Todos en América estamos de acuerdo en que la democracia es mucho más que la celebración de elecciones limpias y transparentes, o la posibilidad de acceder al Sistema Interamericano de Derechos Humanos", continuó. "Las amenazas a la estabilidad democrática persisten en numerosos países del Hemisferio".