Nación

Otra alerta por origen de res con "vacas locas"


Según las investigaciones realizadas por el departamento de Agricultura de Estados Unidos, la res detectada en Washington con Encefalopatìa Espongiforme Bovina, enfermedad conocida como mal de las “vacas locas”, supuestamente procede de un rebaño de 74 reses que entró desde Canadá en el 2001.
Aunque Canadá solicita airadamente a su contraparte pruebas científicas que confirmen los resultados, las autoridades de Panamá no han descartado poner en vigor similares y rigurosas medidas sanitarias que desde el 23 de diciembre aplican a Estados Unidos, prohibiendo la importación de carne bovina procedente de ese país.
El Panamá América consultó con el Director de Salud Animal, Manuel González y el director de Cuarentena del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, Guillermo Vargas, y ambos señalaron que de confirmarse que la res infectada procede de Canadá, no descartan que se apliquen las mismas medidas que se tomaron una vez se confirmó el riesgo que puede representar una importación que tenga el mal de las vacas locas.
Estados Unidos importa a Panamá 189 toneladas de carne anualmente y la industria cárnica le genera a ese país $ 40 mil millones.

Eneida Garcés pudo regresar a Juradó a través de una comisión creada para que palparan la situación actual de la ciudad, junto a otros paisanos con motivo de la repatriación. Pero dijo que no regresará a su natal Colombia, pues en el estado en que se encuentra su hija, el hospital no tiene los especialistas ni las condiciones para ayudarla.
Eneida ya había terminado de preparar las cocadas que serían vendidas en el pueblo por el pequeño Plácido, de 10 años. Había que aprovechar la presencia de muchos turistas.
En medio de la conversación las lágrimas brotaron incontenibles. No soportó recordar que aún dos de sus hijos están en Colombia, y su dolor se profundiza porque el de 21 años se prepara para el servicio militar obligatorio.
Dice que cuando fue a Juradó aquello le pareció un "teatro montado". Por lo que le mostraron las autoridades, todo se veía normal.
Pudo averiguar que había sólo tres médicos y varias enfermeras, una escuela abierta y la otra ocupada por militares. "No tienen cuartel", lo que puede poner en peligro a los estudiantes si hay una incursión armada, sostuvo.
Sólo en el denominado casco urbano hay seguridad. Más de cien soldados profesionales cuidaban el área y se movilizarían al área rural, luego de ser relevados este mes por los soldados campesinos.
Eneida aseguró que el alcalde de la ciudad no le pudo responder sus inquietudes, ni tampoco de las condiciones actuales de Juradó. No quedó convencida, por lo que decidió no repatriarse junto a sus hijos.
Pensó primero en las condiciones de salud de Milena, quien aunque no reciba en estos momentos las terapias, tiene acceso a un buen servicio hospitalario.
También recordó a Didier Zuñiga, su otro hijo de 16 años, quien se ganó una beca para estudiar en el centro básico de Metetí. Tampoco quiere negarle la oportunidad a Plácido y a Stailer, de 12, de continuar con su educación básica.
Milena miraba a su madre con dolor, mientras Eneida decía que no puede regresar porque sus hijos pequeños tienen mucho temor.
Esta familia se acogió a los principios de voluntariedad para no retornar.
Eneida Garcés y sus hijos no han sido acogidos como refugiados. El ACNUR reconoce la figura de protección humanitaria provisional cuando el Estado que recurre a ella tiene un excelente proceso de elegibilidad de refugiados. En Panamá, por la gran demanda, no es posible responder adecuadamente.
Pese a su impedimento físico, Milena Mosquera se las arregla para vender bolis y paletas en su casa. En la tierra que la acogió disfruta de un paseo al atardecer en su silla de ruedas, y mirar las olas.


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141015
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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