EL DOLOR por haber perdido todo en el incendio de Curundú mantiene sumidos en la tristeza a los moradores; sin embargo, esa misma tragedia también los divide. Unos aseguran que con tal de tener una vivienda digna, no les importa el lugar al que los lleven, mientras que otros insisten en permanecer en el corregimiento.
Panamá América conversó con Ana Cecilia Serna y aunque ya habían pasado unos dos días, seguía preguntándose "qué voy a hacer".
Serna lo perdió todo, sólo pudo salir con lo que tenía puesto.
Esa experiencia la ha marcado, sobre todo porque vive con su madre de 82 años, que es sorda y que ese día estaba ajena a lo ocurrido. Su padre no camina, por lo que le tocó pedir ayuda para sacarlo de la casa.
Ella es una de las que no le importa el sitio al que la lleven, pues únicamente pide una solución.
Nuestro recorrido continuó hasta encontrarnos con Delfa María Serna, de 69 años. Ella habitaba un viejo caserón en el sector S del corregimiento de Curundú.
Hoy no queda nada de esa estructura en la compartió con su hijo durante ocho años.
Por la situación desesperante que se vive, ella quiere mudarse donde su hermana en Kuna Nega, pues confesó que nunca había encontrado la facilidad para irse a otro sitio.
"Es muy triste que uno de día y noche con hambre o lleno no pueda dormir ni comer tranquilo", expresó doña Delfa, mientras de sus ojos se asomaban unas lágrimas.
Ella como muchas otras madres están dispuestas a salir del barrio y ubicarse en los proyectos que decida el Ministerio de Vivienda (MIVI), todo para escapar de la violencia.
Mientras tanto, hay quienes a pesar de haberlo perdido todo y la evidente falta de seguridad en el área, se aferran a seguir viviendo en este sector.
"Carmen", como pidió que la llamáramos, se resiste a salir del barrio.
Dijo que ella esperará a que los escombros sean levantados para volver a construir su vivienda.
Es un asunto complejo. "María", otra consultada, contó que su tío trabaja en la Autoridad del Canal de Panamá y "gana bien", pero no quiere mudarse. Al igual que Carmen, tiene la esperanza de volver a construir su vivienda en el mismo lugar.
Lo cierto es que Carmen no dudó en justificar a su pariente y señaló que él no se quiere ir de allí porque le quedará muy lejos el trabajo.
Hermisenda Perea, diputada del sector, dejó claro que lo que se quiere es acabar con las casas de madera.Y es que todo eso pasa por el hacinamiento.
Por su parte, Senén Mosquera, representante de Curundú, dijo que se está coordinando con la ministra de Vivienda para ver cómo se eliminan las viviendas condenadas que se tienen en el corregimiento.
Mosquera indicó que poco a poco se está atacando este problema, pero muchas veces, debido al déficit habitacional, las personas se resisten a salir de allí.
Unas 50 casas se construirán en un terreno aledaño al Estadio Juan Demóstenes Arosemena.
Los residentes sólo tendrán que pagar los servicios básicos (luz y agua), ya que la empresa Cable & Wireless aportará los materiales y el gobierno el terreno.
El resto de las familias serán reubicadas en tres edificios cercanos a la junta comunal. En uno de ellos, por ejemplo, hay espacio para 42 soluciones habitacionales permanentes.