Nación

Pactan con los narcos para superar la miseria

Los ofrecimientos de los narcotraficantes continuamente tientan a los centroamericanos, quienes ven en esta actividad una forma de salir de la pobreza


La incertidumbre y la desesperanza son las compañeras diarias de Evelyn Andino, una hondureña que se encuentra detenida en el Centro Femenino de Rehabilitación de los Algarrobos, en Chiriquí por un caso relacionado con drogas.

Evelyn, como miles de centroamericanos víctimas de guerras internas, desastres naturales y otros conflictos regionales, se ven sumidos en la miseria, situación que los lleva aceptar ser mulas por unos cuantos dólares de los narcotraficantes.

Historia. En 1998, cuando el huracán Mitch azotó a Honduras, Evelyn lo perdió todo durante este evento, desde su familia hasta las pertenencias materiales que poseían; sólo se salvó ella y un hermano. Luego del desastre, fueron a vivir con su abuela, pero tiempo después regresaron nuevamente a vivir a orillas del río, en la colonia Monterrey Norte donde construyeron una casa de madera.

 

Esta sencilla mujer, con rostro de desaliento, nos contó que en ese momento la pobreza tocó las puertas de su casa para llevarla a vivir la más grande miseria, encima de esto, su esposo se fue a Estados Unidos y los abandonó para siempre. Ella tiene tres hijos, a los cuales no ve desde hace dos años.

La situación económica se fue agravando para Evelyn y sus hijos, por lo que ella intentó seguir los pasos de su padre con un negocio decente, la venta de ropa.

Propuesta. El negocio no era tan malo pero necesitaba una mejor inversión para que resultara rentable. Fue en ese momento cuando recibió la propuesta de transportar tres paquetes de cocaína por dos mil 500 dólares y parte de la mercancía que necesitaba para su negocio.

 

Ella, en su necesidad, y presionada porque debían abandonar el lugar donde residían, aceptó sin meditar las consecuencias de esta acción.

Estos narcotraficantes le proporcionaron un auto con el que llegó a Panamá, realizó las diligencias que debía hacer y regresó con la mercancía, hasta allí todo fue fácil, aseguró.

Sin embargo, de regreso los descubrieron en Guabalá llevaba 34 paquetes de cocaína en un doble fondo del vehículo. El conductor era Don Carlos, un amigo de ellos en Honduras, quien desconocía a qué venían a Panamá, también fue condenado de igual forma a prisión y está purgando su pena en la cárcel de David.

 

Para Evelyn, los días pasan sin novedad, sin ayuda de nadie, espera pacientemente que el consulado de Honduras o la embajada de este país en Panamá agilice los trámites de una repatriación. Mientras tanto, se entretiene cosiendo almohadones con cuya venta se gana uno o dos dólares, mientras espera la ayuda de quienes le ofrezcan su mano para conseguir los enseres de aseo personal, la ropa interior, las toallas sanitarias y la ropa que cada día tienen que utilizar.

Realidad. En el centro de Rehabilitación de los Algarrobos, se encuentran detenidas nueve extranjeras, todas involucradas con delitos de drogas.

El deseo de ver a su familia es el único y mayor deseo de estas mujeres, quienes anhelan la repatriación a sus respectivos países.

 

Cada historia es diferente, pero todas están unidas por el dolor y la tristeza de no tener a nadie amado cerca para que las auxilie.

Aunque no se quejan del trato en el Centro solicitan al presidente electo, Ricardo Martinelli, incluir en su agenda la repatriación.

Evelyn se siente arrepentida pues la necesidad no la dejó pensar.

Lo único que la hace seguir adelante es el deseo de ver a sus hijos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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