Nación

Palancas: Víctimas de una explotación feudal

Después de la unificación del pasaje, los conductores siguen recibiendo una ínfima parte de las ganancias.


Feudalismo o capitalismo primitivo se puede llamar al sistema que impera a la hora de repartir las ganancias en el transporte público de pasajeros, donde la peor de las partes la lleva el conductor o palanca, que al final de 15 horas de trabajo puede estar quedándose, con mucha suerte, con tan sólo B/.20.00, si no es asaltado.
La repartición de las ganancias es abismal: de unos B/.70 mil que se mueven por día, sólo en concepto de pago de pasaje en el servicio de transporte colectivo en la capital, los propietarios de los buses se quedan con más del 80% de las ganancias y los conductores con una ínfima parte.
La práctica es vieja: desde que los sindicatos tomaron el control del transporte público en los años 70, desapareció la relación obrero- patronal entre el conductor (palanca) y el propietario del bus, y ahora sólo se trabaja sobre la base de un acuerdo de palabra entre ambas partes.
El salario se sustituyó por un sistema mediante el cual el conductor recibe como pago diario lo que le queda después de entregar una cantidad máxima de dinero, que es impuesta por el propietario del bus, lo que es conocido como “la cuenta”.
Hoy los propietarios exigen cuentas elevadas a los palancas: un conductor de diablo rojo debe entregarle al dueño al final del día B/.80.00, el tanque lleno y el bus aseado.
Para los palancas de los buses de lujo y los que utilizan los corredores, llegar a la cuenta no es tarea fácil ya que tienen que reportar una cuenta que oscila entre los B/.115.00 y B/.120.00 diarios.
En la capital, se movilizan más de 300 mil personas diariamente en transporte colectivo.
La unificación del pasaje no ha servido para mucho, según los palancas, ya que la crisis económica, la introducción de nuevas rutas y los colegiales “pirata” han mermado las ganancias que se especularon con los B/.0.25.
Para muchos el sistema de la cuenta determina, en realidad, la actual sicología de buena parte de los “palancas”: cierto desgreño en su presencia personal, un trato chocante con los usuarios, desdén por las reglas del tránsito, e incluso, indolencia en la forma como conduce el autobús.
Este trabajador no tiene espíritu gremial, no se siente obrero del volante, y lo que es peor: cree tener cierta categoría de propietario. Por tanto, no pertenece a sindicatos, no está amparado por el Código de Trabajo, no tiene vacaciones legalmente establecidas (prácticamente se mata trabajando, incluso de noche), ni se le reconocen todas las garantías de los demás obreros asalariados. Y, finalmente, no está dentro de las normas del Seguro Social.
Así definió a los palancas el reconocido escritor panameño, Francisco Changmarín, en un escrito sobre el calvario que sufren estos trabajadores del volante.
La descripción dada por Changmarín es la realidad que enfrentan más de 1,500 conductores de buses del transporte colectivo de pasajeros en la capital.
Además del sistema de cuenta, se han puesto en práctica otros sistemas de pago a los conductores, colocando máquinas para contar la entrada y salida de pasajeros al bus (molinete) y el salario fijo.
El sistema de molinete se colocó en los buses de la ruta Torrijos-Carter y Cerro Batea, conocidos como neveras, para llevar un control de la entrada y salida de pasajeros. En base a la cantidad total de pasajeros que ingresaban al bus se hace el cálculo que le corresponde al palanca.
El molinete fracasó y los dueños de buses de estas rutas utilizan el sistema de pago de cuentas a los conductores.
Otro sistema de pago es a través de un salario fijo, que prácticamente no es utilizado en el transporte público de pasajeros. Algunas cooperativas de transporte, como la del Servicio de Autobuses de Ancón, lo utiliza.

“No conocemos otra forma de pago”, sentenció Dionel Broce, presidente de la Asociación Unión de Transportistas de Pedregal, al comentar sobre el sistema de pago por cuenta a los palancas.
Según Broce, el sistema de cuenta puede que no sea el mejor, pero otros que se han ensayado en la capital, no han funcionado.
Manifestó que a pesar de que a los palancas no se les paga un salario, en el caso particular de la Unión de Transportistas de Pedregal, sí tienen derecho a vacaciones y al pago del XIII mes basado en un salario mínimo de B/.253.76.
De acuerdo con Broce, el sistema de pago por cuenta no es lo que ocasiona que los conductores manejen desordenadamente por las calles.
“El ser humano actúa de acuerdo con su conciencia y no es por la forma que cómo te pago o cómo te vistes la que va a determinar un cambio de conducta”, señaló.
Denunció que muchos proponen soluciones al problema del transporte público de pasajeros desde una oficina refrigerada sin conocer la realidad de lo que se vive diariamente aquí.
Indicó que el sistema de pago por cuenta es la fórmula que impera a raíz de muchos años de inexistencia de un sistema que regule la relación salarial entre dueños y conductores.
Para el dirigente transportista, la situación económica en el gremio no ha mejorado, a pesar de la unificación del pasaje, porque los propietarios tienen que correr con los gastos de los daños mecánicos y los causados por los usuarios, principalmente en los asientos.

Ernesto Torres, subdirector de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), aseguró que existe “algo” dentro del sistema de transporte que impide hacer cumplir la ley que regula el transporte, la cual establece que los conductores de buses deben estar amparados por el Código de Trabajo.
“No sé... hay algo dentro del sistema que no permite que las cosas se hagan como deben ser”, resaltó el funcionario.
Torres no identificó qué era ese “algo” que impide cumplir la ley, pero negó que eso sea un obstáculo para que la ATTT haga valer los derechos laborales de los conductores.
Según Torres, el palanca tiene conocimiento de que la ley lo protege y en el momento en que sus derechos son violados, puede acudir al Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral para interponer la denuncia contra el propietario de los buses.
De acuerdo con Torres, cuando se haga renovación total de la flota de buses, la ATTT va a exigir que todos los conductores trabajen por ocho horas, reciban un salario fijo, tengan derecho a vacaciones, XIII mes y a seguro social.
Señaló que esta medida acabaría en gran parte con el desorden de los conductores que violan las leyes de tránsito por lograr llegar primero a las principales paradas.

 
Torres lamentó la situación que sufren miles de transportistas, que trabajan por muchos años como conductores con la esperanza de lograr un certificado de operación para convertirse en propietarios.
El funcionario destacó que la legislación también establece el derecho de los palancas de tener la primera opción al momento de entregas de los cupos, pero son muy pocos los casos en que este aspecto se cumple.

El economista Walter Watson señaló que la eliminación del sistema de cuenta ayudaría a los palancas a salir de la economía informal, dándoles la oportunidad de obtener servicios elementales, como seguro social, derecho a jubilación y vacaciones, además de ser sujetos de crédito.
Para ello, Watson propone la creación de una Gran Corporación del Transporte Colectivo en el área metropolitana, integrada por varias agrupaciones, y que sea la entidad que administre la concesión de los cupos.
Según el estudioso, la nueva Corporación otorgaría a los actuales transportistas y sus palancas la primera opción para las vacantes de conductor.
Devengarán un salario digno con todas las prestaciones laborales, que podría ser de B/. 500.00 mensuales, con posibilidad de llegar a los B/. 700.00 con las prestaciones, según la propuesta.
Según Walter Watson, el transportista, al tener asegurados sus emolumentos, los que cobrará semanal o quincenalmente, cambiará su actitud hacia el usuario y el servicio que brinda, al no tener que conducir el vehículo en forma irresponsable.

Adbiel Abadía de 37 años, es palanca de un “diablo rojo” de la ruta Pedregal- Transístmica, que vive la cruda realidad de estos trabajadores.
Inicia la jornada desde las 3:30 a.m., hora en que sale de su casa en Las Acacias para llegar a la piquera de Pedregal.
A las 4.45 a. m. arranca el motor del 8B-139 para dar comienzo a su primera vuelta y a las 8:00 p.m. culmina su trabajo, tiempo que le permite completar cuatro vueltas desde Pedregal hasta la Gran Terminal en Albrook, un recorrido de más de 20 kilómetros, que lo hace muchas veces bajo un calor sofocante o un torrencial aguacero.
Es el único soporte económico de su familia, compuesta por sus tres hijos y su esposa, por lo que tiene que desafiar el sueño, el frío y la inseguridad de la noche para asistir a su trabajo.
“Con mucha suerte y bastante trabajo se logra sacar entre B/.20.00 ó B/.25.00 por día”, dijo Abdiel, quien en los últimos cinco años ha ajustado su escuálida entrada económica para pagar casa, escuela de los hijos, luz, agua y, además, vestir y alimentar a los suyos.
La fórmula es el ahorro diario para sobrevivir con esta entrada, comentó el conductor, quien a pesar de haber estudiado sólo hasta el tercer año de escuela secundaria, denota una buena educación.
Según Abadía, el aumento del pasaje no ha producido los resultados económicos que se esperaban, debido a que la creación de las nuevas rutas de Tocumen y la 24 de Diciembre por la Tumba Muerto han mermado pasajeros a la ruta de Pedregal.
Indicó que estas nuevas rutas han disminuido en casi un 90% los transbordos de pasajeros, que eran la ganancia neta de los conductores de la ruta de Pedregal, en puntos principales como El Parador.
Según el palanca, después de las 7:00 p.m., muchos busitos colegiales se dedican a transportar pasajeros desde El Parador, lo que también ha contribuido a mermar los ingresos.
Manifestó que la unificación del pasaje a B/.0.25 eliminó el problema conocido por los conductores como el “jopeo”, en el cual el pasajero no pagaba el pasaje real, sino que siempre declaraba los B/.0.15.
Con el “jopeo” se perdían casi hasta B/.15.00 por vuelta, pero ahora las nuevas rutas y los piratas son los que nos perjudican económicamente.
Para Abadía el sistema de cuenta puede ser sustituido por otro mejor para ellos, pero todo es voluntad de los dirigentes del transporte y del Gobierno para hacer cumplir la ley sobre el transporte público.
Sugirió que ambas partes, autoridades y transportistas se pongan de acuerdo para ensayar otras formas de pago, que puedan ayudar económicamente a los conductores.
Reconoció que el sistema de cuenta motiva a que muchos conductores tengan que viajar a altas velocidades para cumplir con el pago al propietario, ya que si no la completa, acumula una deuda en su contra.
Abadía denunció que en esta situación el Gobierno no ha tomado en cuenta que el transporte público está saturado con muchas unidades nuevas que han entrado al sistema, aunado a la crisis económica.
Abadía confirmó que actualmente no se rigen por contrato de trabajo. Se hace un acuerdo verbal entre el propietario del bus y el conductor, quien en última instancia se responsabiliza de todo lo que le suceda al autobús.
Manifestó que muchos propietarios descuentan a los conductores cuando son víctimas de robo, el dinero de la cuenta que debieron haber entregado.
Destacó que para evitar los robos, los palancas dejan guardado en la piquera o en otro lugar de confianza el dinero que van recogiendo durante las vueltas, y muchos como él, tienen un arma blanca para defenderse.
En la piquera de Pedregal, semanalmente entre dos y tres palancas son asaltados, comentó.
Otra desventaja para los conductores en la relación de trabajo es que tienen que pagar, aparte de la cuenta diaria ( B/.80.00), el aseo del bus, que tiene un valor de B/.4.00 y el tanque lleno de diesel, cuyo precio asciende a B/.17.00.
Abdiel Abadía sabe que éste no es el mejor trabajo, pero confía en que algún día la proporción de las ganancias cambie un poco a favor de los palancas.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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