Dios mío, otro avión... se va a chocar, se va a chocar!, gritaban en coro muchas personas desesperadas que huían para salvar sus vidas, pero que a la vez no podían dejar de voltear la mirada hacia las torres gemelas, una de las cuales ardía luego que un avión se estrellara contra ella, aquel martes 11 de septiembre.
En este escenario estaba el panameño Arturo Griffith, al momento de ser introducido en la ambulancia que lo trasladaría al hospital, después de ser salvado de las garras de la muerte y sacado de la primera de las torres atacadas. Vio, como alucinado, con su rodilla destrozada, al otro avión cuando se estrellaba contra la segunda torre del World Trade Center en Nueva York.