Familias panameñas sufren en carne propia la incertidumbre que provoca el tener a sus hijos combatiendo en la guerra. En este caso se trata de dos colonenses que fueron llamados al frente en el ataque a Irak.
Mientras tanto un cable de AP fechado en Washington afirma que Panamá expresó su deseo de integrar la coalición de naciones que apoyan la guerra en Irak, con lo cual se ha incrementado a 46 la lista de simpatizantes, informó la Casa Blanca.
No dijo qué tipo de apoyo ofrecía Panamá, que es sede de la estratégica vía interoceánica entre el Pacífico y Atlántico y que fue administrada por Estados Unidos hasta hace tres años.
El Gobierno iraquí advirtió recientemente que las eventuales represalias musulmanas no sólo irían dirigidas hacia Estados Unidos y Gran Bretaña, sino también contra los países que los apoyan.
En tanto, El Panamá América conoció a las familias Smith Daley y Ruiz Pomares, que tienen a dos de los suyos en este conflicto que apenas comienza y que nadie sabe cuándo terminará.
Este diario intentó obtener ayer con la Cancillería panameña y de fuentes norteamericanas la cantidad de nacionales que podrían ir al frente en esta guerra, pero el intento fue infructuoso.
Edgar Ernesto Ruiz Pomares, de 21 años de edad, es uno de los panameños que irán al frente. A su corta edad, luego de graduarse el 5 de junio de 1998 en el Gaither High School de Michigan, se inscribió en la Armada de Estados Unidos y ahora está esperando entrar en combate en Irak.
Su padre, Saúl Ruíz, dijo que Celia Pomares, la madre de su único hijo, lo llamó desde Brooklyn, para avisarle que Edgar (al que llama su Príncipe) estaba ya en Irak. Dar esta noticia no fue fácil para la angustiada madre, quien dio muchas vueltas, ya que no encontraba las palabras.
"Yo me siento preocupado, eso es normal, pero rezo mucho, para que nada le suceda. Tengo 8 años que no lo veo, sólo conversamos por teléfono", dijo Saul en medio de la tristeza.
Este panameño envió a su hijo a estudiar a Estados Unidos, pero nunca pensó que lo vería en el lista de una cruenta guerra.
Saúl indicó que está nervioso, pero trata de orar mucho para que Dios le permita ver nuevamente a su hijo, al que ama. Recordó que cuando Edgar estaba pequeño en Colón, hizo sus estudios primarios en la escuela Paulino San José y al llegar a IV año lo trasladó a EU para que continuara su preparación académica. El próximo 27 de junio Edgar cumplirá 22 años. Su padre espera poder cantarle el cumpleaños.
Vallentino Bellamy, otro colonense que va a la guerra, dijo a Canal 13 desde Loussiana que cuando esté en el frente "llevaré la foto de mi madre (difunta) y pensaré en Dios para que me proteja". Bellamy es un joven que sueña con regresar sano y salvo de la guerra para estudiar en la universidad y volver al país "que tanto" quiere: Panamá. Este panameño forma parte de una compañía de transportación del Ejército de EU que provee a las tropas en el frente.
"En este momento me siento bien, pero al llegar allá no sé cómo estaré, porque esto es algo muy difícil con todas las cosas que están pasando allá", dijo. Agregó que ahora no siente temor, sin embargo, "cuando esté allá le estaré temiendo a las armas químicas que supuestamente tiene este país".
Mientras Bellamy hablaba con Canal 13, su abuela a través de otra línea telefónica y con lágrimas en sus ojos le pedía que se cuidara mucho. "Me siento triste, estoy llorando y muy preocupada", dijo la angustiada mujer. "No se preocupe que estaré bien", contestó el soldado.
Otro de los soldados panameños que ya ha estado en otras guerras, como la del Golfo Pérsico en 1991 y que actualmente espera en la Base de Pensilvania como reserva, es el sargento primero, Vicente Smith Daley, de 45 años. Este soldado también participó en la invasión a Panamá en diciembre de 1989.
Vicente, quien fue corredor cuando vivía en Colón, sufrió los estragos de la guerra en el Golfo ya que su sangre quedó contaminada en esa ocasión con los armas químicas de Sadam Hussein, según relató su madre Deisy Smith de Daley de 62 años.
La última vez que la señora Deisy compartió con su hijo fue en mayo del 2002, cuando éste visitó Colón y luego se la llevó a Estados Unidos por dos meses. El soldado Vicente viajó a EU el 14 de noviembre de 1981, pero su niñez la vivió en las calles 8 y 10 Santa Isabel, en la casa 8047, apartamento 2.
Con lágrimas en sus ojos, señaló que Vicente tiene dos hijos, César y Cristhy Smith, quienes también están preparándose en la Armada de EU, pero hasta este momento él no le ha comunicado si ellos también tendrán que ir a la guerra. La voz se le quiebra a Deisy. "Yo me siento nerviosa y le pido con velas a la Virgen de la Medalla Milagrosa que me lo proteja de todo mal".
Este soldado tiene otros cinco hermanos que tienen la fe que todo saldrá bien. El profesor Enrique Daley es uno de ellos. "Yo tengo la fe que mi hermano regresará nuevamente con nosotros, por eso le digo a mi madre que piense igual. Vicente estará mucho tiempo con nosotros, él es un hombre con mucha experiencia", sostuvo.