Nación

Panameños se juegan la vida en una ruleta

La ludopatía aumenta vertiginosamente en Panamá.


ERAN CASI las tres de la tarde cuando una señora de edad media y muy bien vestida le dijo al portero de un casino: "No le enseñes de esto, que esto es malo.. tan malo como un robo a mano armada".
Así se refería ella a las respuestas que él le daba a nuestro interrogatorio, y no era para menos, teniendo en cuenta su aseveración.. "Todos los días dejo aquí 200 dólares, y hoy en media hora los perdí", dijo, mientras el "valet parking" le entregaba las llaves de su auto.
Para nosotros parecía grande la pérdida, pero para el portero eso no era nada. "Hay gente que se juega 10 mil (balboas), y en menos de 10 minutos los pierde en la mesa", aseguró.
Eso de que los asiáticos son los que más apuestan, no es un mito, según nuestro informante, quien contó que a ellos les fascinan los juegos de mesa como el "black jack", la ruleta, y más que nada el "bacarat".
"Los chinos son los que mantienen este negocio", dijo, explicando que incluso hasta la política de algunos casinos es prestarle dinero a los "jugadores grandes".
Detalló que el préstamo a uno de estos asiáticos puede ser de hasta B/.300 mil, entonces éste le presta a otros, con los que llega a acuerdos para que le paguen. Si vencido el plazo no le pagan en efectivo, le cobran con un carro, una tienda, una casa u otro bien.
Además, eso de que juegan habitualmente sólo las personas de avanzada edad es falso, según el portero, quien contó que conoce a jóvenes ludópatas.
"Aquí viene siempre una muchacha que trabaja en la Zona Libre.. Todos los días cuando sale del trabajo viene a apostar B/.10 mil en las máquinas, y nada de meter billetes de dólar ni de eso, sino de B/.100", comentó.
A nuestro portero estrella le pedimos que nos ubicara a un jugador de "todos los días". Su tarea no fue difícil. Nada más abrir la puerta, lo visualizó.. Allí sentado junto a una máquina estaba "Rafa", quien nunca negó su condición.
Según contó, su jornada es de todos los días e inicia de 1:00 a 2:00 de la tarde y culmina de 1:00 a 2:00 de la mañana.
Contrario a muchos de los que están allí, no es que esté apostando a cada minuto, sino que durante todo ese tiempo está a la expectativa de unas tómbolas, con las que se puede ganar de B/.150 a B/.300.
Sucede que si se mueve del lugar y llega a salir su nombre, sino aparece al canto de "a la una, a las dos y a las tres", devuelven su papelito a la urna, y por ende, pierde el premio.
De inmediato, esto nos recuerda a lo que dice la psiquiatra Juana Herrera, especialista en adicciones: que el que se endeude o pierda dinero no dice que es un ludópata, sino el hecho de abandonar actividades de estudio, trabajo o familia.
"Rafa" lleva este ritmo desde 1985, por lo que asegura que su esposa está acostumbrada, mientras que a sus hijos los ve "un rato en las mañanas".
"Mi esposa, cuando me ve en la casa, me pregunta: ¿qué tu haces aquí?", dijo. Por ello, reflexionamos en que probablemente ella prefería que estuviera jugando allí, y no con mujeres.
Sorpresivamente, "Rafa" nos contestó: "Pero si aquí hay de todo, mujeres, tragos y música.. Aquí se mueve de todo", aseguró, contando que hasta sabes con quién puedes conseguir droga.
Ante los cuestionamientos, aclaró: "Yo no soy un perdedor, yo soy un ganador, yo sé lo que hago", pero curiosamente reconoció que en 1994 perdió un negocio de fotografía.
En esos tiempos, cuando le daban dinero para un trabajo, se lo jugaba en "black jack" con la idea de "duplicarlo".
"A veces llegaba a la mesa con 200 dólares y a los segundos, sin darme cuenta, los había perdido", explicó, narrando que así perdió a la clientela y el negocio.
Ahora, de aquella experiencia le queda el recuerdo de que cuando se metió en problemas, fue su esposa quien hizo un préstamo y le ayudó a salir a flote.
Para Herrera, lo que sucede es los ludópatas tienen una fantasía increíble de que el juego les resolverá sus deudas o les mejorará su calidad de vida, pero aclaró que esto no tiene límites en cuanto a situación económica, ni tipo de juego.
En su experiencia, pública y privada, ha tratado a pacientes que se han jugado medio millón de balboas, que han vendido ganado, jugado sus fincas, girado cheques, usado las tarjetas de sus padres o esposas, incluso amas de casa que han recortado el presupuesto familiar.
Como todo adicto, hay una franca negación como mecanismo de defensa, con frases como: "yo no tengo ningún problema, paro cuando quiero, no voy todos los días y ésto no es problema para mí".
Por ello, advierte que el tratamiento justamente empieza reconociendo el problema, pero los familiares también deben buscar orientación.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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