El papa Benedicto XVI impuso ayer en El Vaticano el palio, símbolo de comunión con el Obispo de Roma, a 38 arzobispos de todo el mundo, entre ellos, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta.
El palio es una faja de lana blanca, de entre cuatro y seis centímetros de ancho, con seis cruces de seda negra bordadas longitudinalmente.
Está confeccionado con la lana de dos corderos blancos que, tradicionalmente, eran bendecidos en la basílica romana de Santa Inés en Nomentana el 21 de enero de cada año, la festividad de la santa.
En los últimos años han sido bendecidas en El Va ticano, donde son llevados los corderos ante el Papa en sendas cestas de mimbre decoradas con flores.
Los dos animales, ofrecidos por el cabildo de la basílica de San Juan de Letrán siguiendo una antigua tradición, son más tarde entregados a las monjas benedictinas de Santa Cecilia, que se encargan de esquilarlos y confeccionar los palios.
Al principio, este era un signo litúrgico exclusivo de los papas, aunque más tarde lo concedieron a los obispos que habían recibido de Roma una especial jurisdicción.
El primer Papa que lo concedió fue Simmaco, en el año 513 y lo impuso a Cesario, obispo de Arles (Francia). Desde entonces, se extendió a los arzobispos metropolitanos.
Tras la imposición del palio, en el ángelus, el Papa saludó en español a los varios centenares de fieles de España y Latinoamérica presentes, así como a los arzobispos metropolitanos que acababan de recibir el palio, a los que invitó a seguir el ejemplo de San Pedro y San Pablo "para que, cada vez más unidos al Señor, sepáis dar en vuestra vida abundantes frutos de santidad y apostolado".
Después, en portugués, tuvo palabras de afecto para los arzobispos brasileños y angoleños.