Nación

Papá Noel anda en fina motocicleta


Un motociclista vestido de Papá Noel le entrega un obsequio a una niña durante la tradicional visita que realizan centenares de aficionados a las motocicletas Harley-Davidson a los hogares de niños desamparados, en la ciudad de México.
El hecho que observemos en nuestro medio social conductas egoístas, de un oportunismo conformista, no es más que la resultante de haber hipotecado el innato sentido solidario por otro sustituto similar. El que manifiesta lealtad sólo hacia la empresa, o al partido político, o al Estado y olvida a su familia o al resto de la sociedad, es un ser perdido dentro de sí mismo. El provincialismo intelectual que nos ha llevado a este estítico individualismo cultural "in extremis", está provocando en la actualidad un conflicto social de proporciones antediluvianas. Válganos esta sentencia: el gobierno republicano de los EU ha declarado que "la solidaridad no es un principio que deba recaer en el gobierno más poderoso de la tierra." *
Hoy gobiernan al mundo un puñado de idólatras desquiciados por sus propias sectas, con el único fin de ostentar un poder cada vez más incrustado en una sociedad conformista e inerte. Sumido en la homogeneización de ese vacío, y sumergido en su pobreza, el Hombre cómodo sólo atina a intoxicarse diariamente con los productos tecnológicos que, en un círculo vicioso, la misma sociedad crea, para continuar, irremediablemente, evadiéndose de la realidad en una especie de adicción cuya dependencia empobrece no sólo su calidad de vida, sino la libertad del mismo sistema democrático que tanto venera y del cual se vale para gobernar.
Es posible que el humanismo tal cual fue concebido por los antiguos o por los renacentistas ya no tenga sentido ni cabida en un mundo cada vez más interdependiente y pequeño. Apenas somos una aldea vulnerable en un Cosmos que cada día nos resulta menos misterioso. Pero si el verdadero y único fin de la vida es simplemente vivirla, los humanos tenemos la obligación moral de hacerlo, pero de hacerlo bien. Esto no implica necesariamente seguir un código religioso o una doctrina atea. Bastaría con aprender a conocernos más y mejor. Saber cuáles son nuestros imperativos categóricos y no cederlos nunca, por nada, ni a nadie. Es humanizar los medios con que contamos para que estos justifiquen y legitimen la nobleza de un fin común: el de un mundo mejor y un poco más feliz para todos.
(*)Norman Birnbaum, noviembre de 2005. El País, España, Opinión, 4/XI/2005.


fecha edicion
old id
214115
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América