Nación

Para entender la invasión de EU a Panamá


Panamá, Irak, Yugoslavia...¿y Colombia?
La invasión de Estados Unidos a Panamá fue precedida por un completo programa de desestabilización en el cual se empleó el arsenal total de la inteligencia estadounidense. El patrón intervencionista, ahora perfeccionado, se remonta a 1950-1953, cuando la CIA diseñó el derrocamiento de Mossadeq en Irán, para reemplazarlo por la horrorosa tiranía del Sha; a 1954, cuando la CIA derrocó a Jacobo Arbenz en Guatemala, para implantar gobiernos dictatoriales que diezmaron cientos de miles de indígenas; a 1965, cuando invaden República Dominicana para eliminar a Juan Bosch y derrotar a fuerzas constitucionalistas; a 1970-1973, cuando la CIA intentó impedir la victoria en las urnas de Salvador Allende y luego intervino en su derrocamiento, que ocasionó la muerte de más de 30,000 personas. Ni hablar de las intervenciones de la CIA en la península coreana, Indonesia, Filipinas, y en toda la región latinoamericana y caribeña.
Estados Unidos satanizó y planificó el asesinato de los dirigentes de Cuba, Libia, Iraq y Yugoslavia y donó cientos de millones de dólares a la oposición política en esos países. Estados Unidos bloqueó la mediación de la O.E.A. para una solución pacífica a la crisis en Panamá y bloqueó e impidió el rol del Consejo de Seguridad como principal órgano responsable por el mantenimiento de la paz y la seguridad en Cuba, Iraq, Libia y Yugoslavia.
Estados Unidos, sin declaración de guerra emitida por su Congreso (en violación del "War Powers Act"), agredió a Panamá, Iraq, Libia y Yugoslavia, matando e hiriendo a considerable cantidad de personas civiles e inocentes.
En cuanto a Yugoslavia -y sólo para mencionar sus acciones desestabilizadoras anteriores al inicio de los bombardeos en abril de 1999-Estados Unidos, tal como hizo en Vietnam y con los "contras" de Nicaragua, organizó (con la complicidad de la OTAN) y financió con drogas al KLA (Ejército de Liberación de Kosovo); autorizó la participación de "fuerzas especiales" secretas en Kosovo; organizó al ejército croata, cuyos generales se sumaron al KLA; conspiró y conspira aún para desmembrar y disolver a la República Federativa Socialista de Yugoslavia; aplicó una terapia de shock para disminuir la productividad y agravar la deuda externa de Yugoslavia, de modo que las riquezas de este país quedaran a merced del capital extranjero (globalización) y aumentara la pobreza de los yugoslavos.
Estados Unidos vetó la ayuda a las seis repúblicas de Yugoslavia para crear un ambiente artificial para la separación e impuso sanciones a Yugoslavia, suspendiéndoselas a las repúblicas que se separaron. Estados Unidos creó un Tribunal Ad Hoc para satanizar a la dirigencia Serbia, Slobodan Milosevic en especial, pero, por otro lado, rechazó la creación del Tribunal Penal Internacional creado por las Naciones Unidas para que sus líderes políticos y militares (Reagan, Bush, Cheney, Powell, etc.), escaparan a la jurisdicción del Tribunal aprobado en Roma. Estados Unidos usó los medios de comunicación de alcance internacional para crear apoyo a su propaganda de guerra, justificar sus agresiones y satanizar a los eslavos, serbios, árabes, palestinos y musulmanes como asesinos genocidas.
Estados Unidos se ha constituido en la única superpotencia mundial con capacidad de agresión sin límites: no reconoce la autoridad de las Naciones Unidas ni respeta el Derecho Internacional. No admite límites geográficos ni políticos a su política de dominación mundial. Aparece como "campeón de la democracia" y líder del "mundo libre", pero en realidad su único interés es saciar los apetitos de su oligarquía y de su complejo industrial y militar mediante su acaparamiento del mercado mundial y las riquezas de los demás pueblos. Estados Unidos, el único Hegemón de la Historia, es el enemigo público número uno de la Humanidad.
SANCIONES, DEMONIZACIONES Y AGRESIONES COMO INSTRUMENTOS INTERVENCIONISTAS
La invasión a Panamá había sido precedida por la invasión a Grenada en 1983 y era como un presagio de lo que ocurriría mientras se derrumbaba el antiguo campo socialista: era la primaria invasión de la Postguerra Fría. Estados Unidos pretendió inaugurar un nuevo Orden Internacional bajo su égida, y Panamá fue un tubo de ensayo para futuras agresiones. En Panamá se aplicó por primera vez el concepto de la soberanía limitada de los Estados.
Con la disolución de la Unión Soviética, Estados Unidos y sus aliados en la OTAN comprendieron que podían actuar sin contrapeso alguno para imponer sus decisiones y concepciones estratégicas y de seguridad. El mundo, con unas Naciones Unidas impotentes, estaba a la merced de las potencias imperialistas con Estados Unidos a la cabeza.
Ahora bien: cuando Estados Unidos decide destruir a un país enemigo, por las razones que fuesen, aplican sanciones de diverso tipo: comercial, económica, financiera, política, diplomática, así como presiones mediante instituciones u organizaciones internacionales, con el fin de debilitar la base del poder político en dicho país. De este modo buscan asfixiar la economía del país y crear una crisis artificial para que el descontento de las masas identifiquen como culpable a sus dirigentes políticos y traten de derrocar al gobierno.
El gobierno de Estados Unidos -a través de la CIA- emplea su influencia avasalladora dentro y fuera del país para desacreditar, no solamente al país sino a sus líderes en particular. Se les acusa de todo lo que sea necesario para enlodarles su reputación. Lo que menos importa es si las acusaciones son ciertas: lo que importa es que la gente cree a ciegas lo que canalizan los medios de comunicación. En este sentido, la CIA impacta los mecanismos profundos del inconsciente colectivo para moverlos en la dirección que conviene a sus intereses. Mientras más se vilipendia, mejor.
Así, los dirigentes escogidos como blanco de la CIA se convierten progresivamente en monstruos ante la opinión pública. Se dejan filtrar en los medios, informaciones falsas acerca de sus vidas personales, gustos específicos, estilos de vida, vicios, aberraciones, fanatismos y creencias religiosas, condición moral y sus principios.
Como lo ha explicado Noam Chomsky: "Cuando la Casa Blanca decidió que su amigo Noriega estaba volviéndose demasiado arrogante y tenía que irse, los medios de comunicación siguieron las indicaciones y lanzaron una campaña para convertirle en el demonio más vil desde Atila el Huno, una repetición del proyecto contra Gaddafi de algunos años antes. Este esfuerzo se identificó con el engaño de la "guerra contra la droga"...La operación de propaganda fue un éxito aplastante. "Manuel Noriega pertenece a esa especial hermandad de criminales internacionales, hombres como Gaddafi, Idi Amin o el Ayatolá Jomeini, a quienes los norteamericanos les encanta odiar", salmodió Ted Koppel, de modo que "un fuerte apoyo público a una represalia estaba casi garantizado". ¿Por qué odiaban los norteamericanos a Noriega en 1989 y no en 1985? ¿Por qué era necesario derrocarle ahora pero no entonces?."
Sin embargo, con anterioridad al gobierno de Estados Unidos le bastaba utilizar las sanciones solamente, sin satanizar a sus enemigos personalmente. Cuando las sanciones no surtían el efecto deseado, Estados Unidos empleaban la fuerza, desde el bloqueo naval o la prohibición de exportar ciertos productos de carácter bélico (armas, municiones, combustible, etc.). Después de cierto tiempo, si el objetivo no había sido logrado, Estados Unidos usaba el ataque militar directo.
ESTADOS UNIDOS DECIDE DESESTABILIZAR A PANAMA
El 10 de diciembre de 1985, el director del Consejo de Seguridad Nacional, el vice-almirante John Poindexter, presionó en Panamá al general Manuel Antonio Noriega (1) para que las Fuerzas de Defensa iniciaran un ataque a Nicaragua; (2) para que autorizara la presencia militar estadounidense después del 31 de diciembre de 1999 y (3) para que Panamá se sometiera a la política exterior de dicha potencia. El ataque a Nicaragua daría lugar a la invasión a ese país por parte de Estados Unidos "en defensa de Panamá", en virtud del Tratado de Neutralidad. Pero Noriega rechazó las presiones, y Poindexter amenazó al militar panameño, advirtiéndole "que se atuviera a las consecuencias".
Diferentes fuerzas, tanto en Estados Unidos como en Panamá, convergieron en un plan para desestabilizar a Panamá. El expresidente Nicolás Ardito Barletta, quien había sido derrocado en septiembre de 1985 por haber designado a una comisión investigadora del crimen del doctor Hugo Spadafora, inició gestiones contra Noriega para recuperar el poder y, según autores norteamericanos, contrató a Norman Bailey, agente financiero de la CIA. El senador Jesse Helms organizó audiencias sobre Panamá, a principios de 1986, para promover un clima contra Panamá, utilizando el asesinato del doctor Hugo Spadafora entre otras alegatos, y buscar la forma de anular los Tratados Torrijos-Carter.
MEMORANDUM SECRETO Y AGENDA OCULTA
En abril de 1986, el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos emitió directrices (en un memorándum "Secreto" del cual solamente se hicieron siete copias) para organizar una campaña de operaciones psicológicas a gran escala con el fin de desestabilizar a Panamá con el fin de (1) restablecer el control del Canal por parte de Estados Unidos; (2) mantener la ocupación militar después del 2000; (3) eliminar la influencia de Japón en los asuntos del Canal y su posibilidad de construir y controlar uno nuevo, ya fuese al nivel del mar o mediante un tercer juego de esclusas y evitar que el canal cayese en manos de Cuba o la Unión Soviética; y (4) ahuyentar a inversionistas de Oriente para evitar que las áreas revertidas y el futuro canal cayeran en manos posiblemente "enemigas" .
Como excusa para su intervención (según el memorándum), el gobierno de Estados Unidos utilizaría los "rumores" de corrupción en la cúpula de las Fuerzas de Defensa, particularmente la supuesta participación de Noriega en el narcotráfico y el lavado de dinero.
EU ATIZA A LA OPOSICION Y APLICA SANCIONES
La campaña contra Noriega arreció a partir de junio de 1986, cuando el periodista Seymour Hersch publicó en la primera plana del New York Times un catálogo de todos los "delitos" imputables a Noriega. Años después, este periodista admitió haber reproducido datos de la inteligencia (¿de su amigo Bailey?), sin someterlos a verificación.
Estados Unidos aprovechó al máximo la aspiración de muchos panameños de instaurar un gobierno democráticamente electo y puso en escena una agenda oculta de intervención y agresión. Orientó y estimuló abiertamente toda oposición al régimen, desde la sede de la embajada hasta las instalaciones militares de Estados Unidos a orillas del Canal. Los paros, las protestas, las disensiones, las marchas y manifestaciones sirvieron de mampara a los planes intervencionistas, que incluyeron muchas operaciones encubiertas. El modelo de intervención utilizado en 1986 por Estados Unidos para derrocar a Ferdinand Marcos en Filipinas fue trasplantado a Panamá y ejecutado desde su embajada. La Cruzada Civilista, creada en 1987, contaba con oficinas en Washington.
En Panamá, el gobierno de Estados Unidos inició sus presiones con la restricción o disminución de la cuota azucarera, consciente de que el presidente Eric Arturo Delvalle (que a la sazón apoyaba a Noriega) era el dueño de uno de los ingenios azucareros más importantes de Panamá. En efecto, Delvalle decidió traicionar a Noriega para no perder sus negocios y se pasó al bando de Estados Unidos, que lo reconoció como legítimo presidente de Panamá, pese a que era un "gobierno fantasma", financiado ilegalmente por Estados Unidos con fondos pertenecientes a la República de Panamá que habían sido congelados en ese país.
A principios de 1988, el presidente Ronald Reagan invocó la Ley de Poderes de Emergencia Económica en tiempo de guerra y declaró al "régimen Noriega-Solís Palma" como "una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos"; aplicó sanciones económicas, comerciales, financieras y monetarias a Panamá; congeló depósitos bancarios de Panamá en Estados Unidos; redujo drásticamente la circulación del dólar; retuvo aviones de la empresa Air Panamá; prohibió a ciudadanos y empresas de Estados Unidos entregar dinero y valores al gobierno panameño y tendió un cerco diplomático para aislar al gobierno panameño y obligar a la renuncia de Noriega como comandante de las Fuerzas de Defensa de Panamá.
El gobierno norteamericano excluyó a Panamá de los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, para reducir sus exportaciones; usó el veto contra Panamá en las instituciones internacionales de crédito; suspendió todos los programas de ayuda al desarrollo de Panamá; canceló las donaciones y retuvo todo tipo de pago; entre ellos, los de la Comisión del Canal al gobierno panameño, los servicios públicos como luz, agua y teléfono, así como alquileres de apartamentos y casas.
Simultáneamente, los servicios de inteligencia planificaron y apoyaron la oposición interna a Noriega y las Fuerzas de Defensa, así como al partido gobernante, el P.R.D.; infiltraron las agrupaciones políticas y empresariales; penetraron, socavaron y dividieron a las Fuerzas de Defensa; obtuvieron el apoyo de la alta jerarquía de la iglesia Católica; azuzaron a diversas agrupaciones antimilitaristas y financiaron medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros. Alentaron paros, marchas, piqueteos y huelgas.
Las sanciones económicas hicieron caer el crecimiento económico de Panamá al 0% a finales de 1989.
Luego iniciaron las acusaciones (falsas unas y ciertas otras) contra el general Noriega: narcotraficante, dictador, bisexual, adicto, asesino, pornógrafo, fanático del vudú, la magia negra y la hechicería de todo tipo; violador de prostitutas y niñas; doble espía; agente de la CIA.
Construyeron un cerco diplomático en torno a Panamá mediante presiones a la comunidad internacional para que desconocieran al gobierno panameño, rompieran relaciones diplomáticas, retiraran a sus representantes, suspendieran todo tipo de ayuda y violaran el Derecho Internacional.
A la vez, el gobierno norteamericano inició "negociaciones" con Noriega para sacarlo de las Fuerzas de Defensa "honrosamente", pero con ultimátum: Noriega debía retirarse en la fecha impuesta por Estados Unidos, una condición totalmente inaceptable. Cuando todo fracasó, el Pentágono empezó a aumentar su presencia militar en Panamá de manera inconsulta y arbitraria, de manera escalonada, y en violación a los Tratados Torrijos-Carter que obligaban a la coordinación mediante la Junta Combinada de Defensa. Las tropas se instalaron dentro y fuera de la antigua Zona del Canal y circularon sin obedecer a las leyes nacionales ni a lo pactado en los Tratados.
Realizaron maniobras militares sin la aprobación panameña, muchas de ellas de alta peligrosidad en áreas prohibidas y sin controles de ninguna especie, especialmente dentro de la ciudad de Panamá. Las fuerzas armadas de Estados Unidos tomaron posesión de numerosas instalaciones de servicio público, tales como hidroeléctricas, potabilizadoras, comunicaciones, etc. Profundizando su intervención, aterrizaron en lugares prohibidos; introdujeron vehículos y lanchas artilladas a lo largo y ancho del territorio nacional; sus aviones entraban y salían del espacio aéreo de Panamá sin aprobación ni notificación y en violación del Convenio de Chicago de 1944 y acuerdos aéreos bilaterales.
Finalmente, recurrieron a la provocación abierta a los miembros de las Fuerzas de Defensa: los arrestaron, los atacaron y los insultaron. Sin embargo, las Fuerzas de Defensa tenían instrucciones de no ceder ante las provocaciones norteamericanas, que buscaban el pretexto para invadirnos. Cuando todo lo anterior fracasó, Estados Unidos lanzaron la invasión que destruyó a Panamá en forma genocida.
PRIMERA DE TRES ENTREGAS
Ex asesor de política exterior, ex agente de Panamá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, catedrático de Relaciones Internacionales.


fecha edicion
old id
53336
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América