A través de la piel se pueden adquirir parásitos porque en la tierra viven larvas capaces de penetrar los poros de la dermis y completar su ciclo de vida dentro del organismo de un infante, según el doctor Angel Zorrilla.
El Panamá América pudo constatar que la parasitosis también puede contraerse por cubitos de hielo hechos con agua contaminada, así como las frutas y verduras rociadas con fertilizantes que han estado en contacto con heces humanas.
El médico manifestó que entre los parásitos más frecuentes en el populoso distrito de San Miguelito están las amebas, que pueden causar disentería, la que se presenta con inflamación del colon y diarrea con sangre.
El gusano ascari lumbricoides, las uncinarias y los oxiuros, son otros tipos de parásitos comunes, el último de los cuales ocasiona al infante charrasqueo dental, intranquilidad y picazón. Este tipo de parásito no es fácil de hallar mediante exámenes de excremento, porque no vive en los intestinos, sino en el margen anal.
Según el galeno, para tratar la parasitosis generalmente se usan medicamentos que en algunos casos producen la parálisis de la lombriz, que en este estado es fácilmente expulsada por el movimiento peritáltico. Entre ellos está el combatrín y los otros medicamentos son los inhibidores de glucosa que impiden que el parásito se alimente y viva, como es el caso del zentel.
Pero el facultativo aclara que estos medicamentos no deben ser automedicados, sino que en el caso de sospecha de la presencia de parásitos lo mejor es llevar al niño al centro.
De acuerdo con Zorrilla, existen signos que pueden indicarle a la madre que el menor tiene lombrices, entre ellos: pérdida del apetito, charrasqueo dental, picazón anal (prurito anal) e intranquilidad del chico a la hora de dormir.
El doctor manifiesta que algunas veces los exámenes de laboratorio para determinar si hay parásitos salen negativos, pero no es porque el infante no tenga lombrices, sino que el parásito hembra no ha dado a luz y en ese momento no se pudo monitorear su presencia dentro del organismo.
El galeno recomienda que se le practiquen exámenes a los niños cada seis meses y más si se han realizado viajes al interior del país, porque es allí donde más se presentan problemas de este tipo.
Una telaraña se forma cuando ya existe una red de distribución cerca y los ciudadanos se conectan al tendido eléctrico, a través de palos de bambú o de mangle, y de él hacen infraestructuras ilegales para obtener energía en las casas.
Castrejón expuso que para frenar esta práctica todas las semanas realizan recorridos para evitar que más clientes se adhieran a la red. "Es una rutina quitar telarañas", pero gracias a la comunidad, que las denuncia, les indica quiénes están robando energía en esas áreas.
Según el director del Ente, Carlos Rodríguez, hasta ahora no han aplicado ninguna norma que se le haga pagar esto como robo o como un delito a las personas, pero las empresas están acudiendo a las autoridades civiles para hacerlo.
Por su parte Pablo Castrejón, de Unión Fenosa, dijo que quienes insistan en mantenerse ilegalmente los van a llevar a las corregidurías para aplicar las debidas sanciones.
Castrejón dijo que acuden a las comunidades para conocer los nombres de las personas que hacen estas conexiones a quienes califica de inescrupulosas porque cobran por hacer estos trabajos que no son garantizados y ponen en riesgo la vida de terceros.
Castrejón no justifica estas conexiones ilegales porque si ya existe el tendido eléctrico, en uno o dos días de haber realizado la solicitud, se les puede instalar el servicio.
Según el Ente si los asentamientos se encuentran a una distancia menor de los 100 metros, es obligación de la empresa darle el servicio, de no ser así la ésta podría ser multada.
Las telarañas no sólo perjudican a las empresas o usuarios ilegales; afectan mayormente a quienes viven en esos sectores y tienen sus contratos legales. En estos casos, explica Castrejón, se producen daños como fluctuaciones de voltaje, daños en los electrodomésticos y situaciones anómalas. Si para los usuarios los daños además del orden material se traducen en pérdidas económicas, entonces al final de la ruta quién paga esas pérdidas.
A esta pregunta el director del Ente explicó que hay pérdidas aceptables y no aceptables. Las pérdidas aceptables son las técnicas, que andan por el 10 por ciento. Se consideran pérdidas técnicas aquéllas que no se pueden evitar. Por ejemplo todos los artefactos eléctricos convierten la energía en luz o en otra forma, pero en esa transformación se da una pérdida. También en los alambres del tendido eléctrico que se calientan y esa energía no es recuperable, explicó Rodríguez.
Sobre las pérdidas no aceptables son aquéllas que superan el 10 por ciento y que se producen por robo de energía de los usuarios y las empresas deben absorberlas.
Rodríguez manifestó que por esta situación las empresas presentan sus quejas para que al momento de estructurar sus tarifas se les amplíe el porcentaje de pérdidas oficialmente aceptadas, porque de lo contrario deberán asimilarlas en sus presupuestos.
"Esa es la razón principal para que ellos la presenten al Ente"; de lo contrario los clientes pagarían las pérdidas por robo y las empresas estarían exentas de buscar mecanismos para evitar los robos.
Parásitos capaces de penetrar los poros
Los médicos recomiendan que se le practiquen exámenes a los niños cada seis meses.