Directivos del Partido Popular (PP) manifestaron que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) vinculados a actos de corrupción deben renunciar y ser investigados por la Asamblea Nacional, toda vez que existen méritos suficientes para hacerlo.
El secretario general del colectivo, Vasco Torres, aseguró que es "necesario e imperativo" la remoción de todos los magistrados, porque según dijo, "no podemos ignorar los señalamientos concretos de la sociedad civil y de un funcionario de un país extranjero".
Sin embargo, precisó que esta acción debe darse paulatinamente, porque removerlos del cargo a todos sería entrar en un debate de "ilegalidades".
"Ya es hora de enfrentar el problema actual que ha deteriorado la imagen de la Corte y mandar un ejemplo muy claro a la ciudadanía. Los magistrados deben ser investigados uno a uno", puntualizó Torres.
Aunque respetamos las decisiones del mandatario Martín Torrijos, "lo instamos a tomar medidas drásticas en este caso", sentenció Torres; subrayando que los diputados tienen las vías legales para investigar a los magistrados porque "hubo señalamientos concretos de corrupción de uno de ellos".
Recuerda que uno de los comandantes sacó de su bolsillo una lista y preguntó quiénes eran Julio Arango y Beatriz Echeverri.
Después de la identificación, los guerrilleros los instruyeron para que abordaran la lancha que tenía el motor de 200 caballos.
Antes de embarcar, y en medio de una gran incertidumbre, Arango se despidió de su esposa, y tras pensar que sería la última vez que la vería le dijo que no se preocupara, que él había vivido bien por muchos años, y que lo único que le pedía era que le cuidara a sus hijas, que era lo que más la importaba en la vida.
Arango dijo a Panamá América que durante cuatro días navegaron río arriba, y durmieron en comunidades indígenas hasta que fueron trasladados de la embarcación original a una más chica y luego instalados en un campamento en plena selva, que fue su hogar durante los 20 meses que duró el cautiverio.
En ese período, para llevarlos de un lugar a otro les vendaban los ojos, los acostaban en el piso de las lanchas y los cubrían con plásticos o cauchos.
"Nos dieron ropa de camuflaje y unas botas de caucho negras, altas, y se tomaban todas las molestias para que dentro de lo posible, estuviéramos cómodos, pero era intolerable. Por ejemplo, la nube de mosquitos que nos rodeaba. Una vez, en una mano me conté 180 picadas", manifestó.
Mientras tanto desde Panamá y en Colombia sus familiares comenzaron a realizar gestiones para su liberación. Al principio nada se sabía de Arango, pero en mayo los secuestradores hicieron contacto con Sandra. "Pidieron un poco de plata", y después nos enviaron una prueba de que estaba vivo. Era una carta de Julio, de su puño y letra. Después no hubo más contacto".
Para Sandra Arango fueron días interminables, pero entre las medidas que tomaron, estuvo contactar a Radio Caracol. Allí se transmite todos los domingos un programa denominado "Voces del Secuestro", a través del cual los familiares le envían mensajes a los secuestrados.
"Le decía que por acá todo estaba bien, que las niñas estaban bien, y que hiciera ejercicios de yoga", narró Sandra a Panamá América.
El día que Julio Arango concedió esta entrevista a Panamá América confirmó la recepción de esos mensajes, dijo que lo habían ayudado a vivir y que durante la semana, lo que marcaba el tiempo era la espera de los mensajes a través de la radio que los propios guerrilleros le proporcionaron.
Afirma que el trato de los guerrilleros fue bueno. "Siempre estuvieron atentos a cualquier situación que nos pudiera afectar, inclusive la consecución de medicamentos para la salud".
El 28 de noviembre los soltaron en plena selva, y un campesino mayor los trasladó hasta una comunidad que se llama Las Guacamayas, y de ahí comenzaron a establecer contactos.
Julio y Beatriz tomaron tres horas en vuelo de avioneta desde Puerto Inírida hasta Bogotá. El 4 de diciembre en horas de la mañana, 20 meses después de su secuestro, Julio Arango pudo abrazar a sus hijas.