Cuando un periodista le preguntó a Mussolini (en la cumbre de su poder) si era difícil gobernar a los italianos contestó: No es difícil, pero es inútil.
Los panameños no son los italianos pero en política se les parecen. La democracia nuestra, copia de la norteña donde ocurren todos los escándalos, vicios y corruptelas, todas las trampas y engaños de las campañas electorales, se diferencia en un punto vital: acá la impunidad alimenta los vicios y corruptelas de la democracia, allá han eliminado la impunidad y el culpable paga su culpa con la cárcel o el olvido, que para el político es la peor sanción.
Los panameños saben que la impunidad estimula al delincuente y decepciona al honesto. ¿A que vienen estas disquicisiones? A que como ocurrió en Italia, en Panamá también fue reemplazada la dictadura por una democracia parecida a la italiana, donde la corrupción democristiana dio razón a Mussolini. No fue difícil gobernar, pero hasta ahora ha sido inútil.
CRISIS ECONOMICA
Ningún gobierno panameño ha sufrido la guerra económica como la impuesta por el señor Bush a Panamá; ningún gobierno panameño ha contado con más ingenio e inventiva que la demostrada por los economistas del PRD que sin apoyos, sin recursos, acosados por todos los costados, sin divisas, abandonados por sus aliados, enfrentados al levantamiento nacional, siguieron remando con el barco haciendo agua hasta la invasión que tumbó al gobierno y mató a miles de panameños.
Ahora, con un presupuesto de miles de millones, con recursos nuevos del Canal, con nuevos ingresos, con fortunas inmensas en manos de panameños, los economistas del régimen anuncian la hecatombe y el apocalipsis y los asesores de la Presidenta permiten que le encierren en una frase autodestructiva : la bolsa o la muerte.
En realidad, ni una cosa ni la otra soltará al hombre de la calle. Lo que en verdad espera es que la palabra renuncia cobre vigencia en los predios ministeriales y se permita a la Presidenta comenzar de nuevo con el caudal de respaldo que aún mantiene y con un equipo que anuncie esperanzas y no llantos de incapacidad.
PARTIDOS Y CANDIDATOS
Lo que haga la Presidenta en las próximas semanas determinará el panorama político. Fortunas inmensas existen en el país asustadas por los mensajes apocalípticos de un sector del Gobierno. A seis meses, solamente la Presidenta guarda todavía un mensaje de esperanza por los campos. Para bien o para mal, el Partido Arnulfista ha aumentado su número con nuevos miembros cuya filosofía política no tiene nada que ver con el arnulfismo. La cantera de profesionales jóvenes (meta de todo partido) no ha logrado abrirse paso ante el espacio ocupado por los recién llegados.
En un artículo anterior sostuve que para el 2004, más que la memoria de Omar Torrijos y de Arnulfo Arias, el electorado votaría por el Partido o el candidato que más capacidad demostrara para conducir el Estado panameño.
Algunos partidos y algunos candidatos no asimilan aun el cambio radical del electorado. A una generación independiente, con educación superior, hay que sumar el acceso a la información producto de la tecnología. Omar Torrijos, con becas, con ayudas, con paternalismo, con botellas, con subsidios, con excusas, a como diera lugar, formó miles de profesionales de las clases populares. Son esos profesionales y sus herederos la fuerza y vigencia del PRD. Ni los errores, ni la codicia, ni las tragedias que siguieron a su muerte han impedido que el PRD sea el partido más grande y de mejores cuadros del país. Su drama es la carencia de un candidato creíble para el triunfo.
El mismo drama vive el Partido Arnulfista. Agotada la esperanza y la herencia de Mireya Moscoso, el candidato del Partido será, por ahora, un arnulfista o un liberal. Ni uno ni otro lograrán la unidad y así, otro gran partido se encontrará sin candidato creíble lo que, para todos los efectos, nos dejará con partidos sin candidatos ganadores.
CANDIDATO SIN PARTIDOS
Si el gobierno sigue como va (y el país lo resiste) llegaremos al periodo electoral con dos partidos en busca de candidatos y un candidato en busca de partidos. Nos referimos a Alberto Vallarino que ha logrado, por ahora, convertirse en un candidato creíble, pero un candidato sin partido.
En una ocasión me dijo Augusto García (uno de los artífices del triunfo de Mireya Moscoso). "Ningún candidato gana sin el aparato del Partido", lo que resultó ser una gran verdad en el caso de Alfredo Oranges. En el caso de Alberto Vallarino, la incógnita es (a pesar de su carácter) si se convierte en un instrumento del aparato o si convierte el aparato en su instrumento. Hasta ahora parece contar con dos aparatos: uno que organiza y vitaliza Juan Carlos Varela y otro que obedece al Dr. Ricardo Arias Calderón.
El primero nunca abandonará su esperanza de volver al Arnulfismo, el otro jamás soltará el ancla de la Democracia Cristiana. La clave estará, quizás, en un esfuerzo por algo nuevo, no de nombre, sino de contenido. El tiempo dirá si ese esfuerzo, parafraseando a Mussolini, no será difícil, pero será inútil.