Justo en la entrada del Complejo Penitenciario encontramos tres fondas que venden comida para los visitantes y los familiares aprovechan para comprársela a los detenidos que visitan.
De la población existente en la Joya, un 80% recibe visita. Cada uno recibe a dos personas, lo que indica que por una población de 216 detenidos reciben el doble de personas en la visita.
Primero se le da la visita a un pabellón y luego al otro. Esto incomoda a los familiares, pero es el proceso que se debe seguir.
Hay familiares que no pueden ver a sus detenidos en la semana y se le da una visita especial, un sábado o domingo, siempre y cuando en la Oficina de Trabajo Social se compruebe el motivo por el cual el familiar no puede visitar al detenido.
En caso que la persona lleve al complejo penitenciario algo que no es permitido por el reglamento, se separan los artículos y se le pide que lo deje antes de dirigirse a la sala de visita.
Si la persona lleva droga o un arma, entonces se le remite a las autoridades competentes para que se encarguen del caso.
Nos encontramos con familiares que dijeron tener temor de represalias para con sus detenidos, y por ello no quisieron dar declaraciones, aunque aseguraron que el principal problema en el complejo penitenciario es la atención.
De acuerdo con las personas que frecuentan La Joya y La Joyita la atención en el lugar es desagradable.
Hay ocasiones en las que los funcionarios dejan pasar artículos específicos y otras veces no, además de que algunos funcionarios responden con groserías y malos tratos a muchas mujeres que acuden a visitar a sus esposos.
Se bajan del bus y forman la fila para luego ingresar al sitio, esperan entonces a que llegue el momento en que aparezca su hermano Víctor.
Pasados unos minutos el momento llega y la alegría desborda los corazones de Eliska, su madre y su abuela, quienes ven recompensadas las horas de espera y tantas filas formadas para reunirse con Víctor y compartir con él unos treinta minutos de visita.
Durante este periodo Panamá América tuvo la oportunidad de verificar el tiempo y en efecto son treinta minutos.
Para quienes viajan desde tan lejos de la ciudad el tiempo que toman con sus familiares les parece poco, porque la necesidad de compartir con sus familiares es más apremiante, pero aún así lo aprovechan al máximo y lo disfrutan por que saben que cada segundo es valioso.
En ellas se ven reflejadas las ganas de seguir en el lugar, pero saben que podrán volver otro día y ello las llena de tranquilidad.
Saben que aunque la suerte no estaba del lado de Víctor, por lo menos hay una recompensa y es que él esta bien y podrán seguir viéndolo. El sol se encuentra en todo su potencial.
Ya son las doce medio día y el hambre apremia a las cientos de mujeres presentes en aquella sala.
Ahora les queda seguir adelante, tomar el bus de retorno a casa y planear el día que regresaran.
Como si fueran sardinas y con la alegría que caracteriza a la mujer de Panamá, esconden su tristeza en las bromas, mientras van rumbo a la entrada de la sala de visita.
Algunas muy confiadas aseguran que más que preocupación, en su mente hay resignación y tranquilidad, pues lucharán por que sus familiares reciban un buen trato mientras estén en las Cárceles La Joya y La Joyita.
1. El transporte parece una lata de sardina, ya que hay pocas unidades que ofrecen el servicio.
2. Según las normas, los familiares de los detenidos deben llevar ropa que no llame la atención y se permite llevar sólo utensilios que se indican en una lista.
3. Tanto el agua, las comidas y accesorios de uso personal son revisados cuidadosamente para evitar filtraciones de armas o droga.
4. La visita comienza a regir una vez el detenido está frente a su familiar.
5 y 6. Terminado el periodo de visita llega la despedida en la que se repite el via crucis del retorno a casa.