Edwin tiene 14 años y con redoblante en mano, llega temprano a los ensayos de la banda de su colegio y no tiene inconvenientes en presumir su habilidad para tocar el instrumento.
Los motivos para unirse a la banda los tiene claros: la popularidad y un gusto por participar en estas agrupaciones.
¿Es patriotismo?, le preguntamos. Responde con un categórico "sí", para luego admitir que lo hace "porque le gusta y punto" .
Sucede que el pertenecer a una banda de música no es motivo para que se desarrollen inmediatamente sentimientos de amor a la patria.
El sacerdote jesuita Rosendo Torres compara al patriotismo con la religión, al catalogarlo de "personal y privado, en sus expresiones".
Edwin está convencido de que la mayoría de los integrantes de la banda no están henchidos de amor por su patria y señala a un miembro del batallón, amigo suyo, cuya motivación es "levantar" jóvenes que asisten a las prácticas.
Si Edwin y sus compañeros hubiesen vivido en 1921, tal vez sus motivaciones hubiesen sido como la de los estudiantes del Colegio La Salle.
Ese año, los jóvenes lasallistas acudieron al sargento Manuel de Jesús Miranda para que les permitiera luchar en la guerra de Coto contra Costa Rica. No fue necesario, el Fallo White solucionó parcialmente la disputa y hoy sólo permanece el recuerdo de este acto de heroísmo en las demostraciones del Batallón Juana de Arco de este plantel educativo.
Tal vez Edwin no esté seguro de lo que siente mientras desfila con su colegio, pero su forma de expresión es bien vista por la psicóloga Geraldine Emiliani.
Para Emiliani, ya sea protestar o desfilar, todo responde a una necesidad humana de identificación, en este caso el reconocimiento "con el suelo" que se preserva por generaciones.
Por su parte, Maritza no es especialista en el estudio de la mente humana, más bien es una seguidora de la "Marea Roja", pero está de acuerdo con Emiliani.
La joven recuerda con emoción el partido Panamá - Jamaica de inicios del mes pasado y al no encontrar motivos concretos para expresar el porqué de su fanatismo, sólo afirma que ella "necesita" ir a los partidos para "pelear o celebrar". Emiliani lo describe como una forma de decir "aquí estoy".
Maritza dice enfáticamente: "no soy nacionalista, ni nada de eso, pero me emociono en los partidos".
Su negación a ser llamada "nacionalista" es comprensible si se tienen en cuenta las afirmaciones del economista Roberto N. Méndez en su libro ¿Liberación...o crimen de guerra?.
Méndez sugiere que el nacionalismo adquirió un sentido despectivo al ser usado en el discurso político del general Manuel Antonio Noriega contra Estados Unidos durante la dictadura.
No falta también quienes liguen el término a la forma cómo desencadenan algunas protestas populares, por lo que acusan a los nacionalistas de "tira piedras".
En todo caso, Geraldine Emiliani no separa necesariamente las expresiones como las de Maritza del nacionalismo. Para ella, todas éstas son partes que integran al ser humano y que lo mueven de formas distintas.