Invertir casi medio millón de dólares en una vivienda no es hoy en día suficiente garantía de que se cumplirán las normas de construcción al pie de la letra. A la arena, el zinc y la madera, se suma el "juega vivo" como uno más de los materiales requeridos.
Panamá América recorrió varias áreas residenciales de la ciudad, las modestas y las lujosas, y todas tienen un punto en común: se viola el Código Sanitario de Panamá y de Estados Unidos en lo referente a las tuberías de ventilación.
Lo correcto es que las tuberías de ventilación suban el techo y se proyecten 30 centímetros sobre el mismo; lo incorrecto y usual, es que estas instalaciones no sobrepasan los cielos rasos y los gases que emanan de los inodoros se quedan pululando en el ambiente.
Consultas efectuadas por este diario revelaron que los gases fecales llegan a producir vómitos y náuseas, entre otros malestares, dependiendo de qué tan expuesta esté la persona.
¿De quién es la culpa? El ingeniero David Araúz, de Saneamiento Ambiental del Ministerio de Salud (MINSA), vuelve su mirada hacia los constructores, quienes en su "deshonestidad", no hacen las cosas como se debe.
"Uno confía en las buenas prácticas de la construcción. Si la sociedad civil para hacer las cosas bien necesita que la autoridad esté encima, estamos perdidos", dijo.
El que es profesional sabe lo que hace, al menos así lo considera Araúz, no obstante, reconoce que el MINSA tiene su cuota de responsabilidad en lo que concierne a las inspecciones.
Lo cierto es que aunque quisieran ser más enérgicos y constantes, como sostuvo el funcionario, "no hay personal ni recursos", por lo que se hace "hasta donde se puede".
Por su parte, Jaime Salas, ingeniero municipal se mostró sorprendido cuando Panamá América le preguntó sobre el caso específico de algunas residencias en Costa del Este cuyos dueños recurrieron a una denuncia formal en el año 2004.
Dijo desconocer los casos y repitió en varias ocasiones que le llamaba "poderosamente" la atención porque se trata de "las casas más caras de Panamá".
Salas fue parco, pero su extrañeza lo llevó a deducir que "si esto hubiese pasado en casas de interés social se entendería porque con tal de abaratar costos se pudo dejar de instalar los sistemas... por eso me llama poderosamente la atención que haya sido en Costa del Este".
A ingeniería municipal le corresponde recibir los planos de la construcción que son llevados por el arquitecto diseñador, quien los somete a aprobación de esta dirección.
Una vez aprobado, se concede un permiso de construcción. Al terminar la obra, se solicita un permiso de ocupación, explicó Salas.
"Nosotros vamos con el plano aprobado, verificamos que todo lo que está aprobado en el plano esté construido igual en campo, si es así le damos el permiso de ocupación, si no se le permite a la empresa promotora que adecue las instalaciones".
Sin embargo, justamente es de costos, como sugiere Salas, de lo que se trata. Un arquitecto consultado por este diario y que prefirió mantener la reserva de su identidad, señaló que los constructores pueden ahorrarse entre B/.80 y B/.100 por vivienda al incumplir las normas sanitarias.
El Código Sanitario de Panamá establece en el artículo 75 (párrafo 9) que las extensiones de las tuberías de ventilación deben terminar unos 30 centímetros por encima del techo y estar debidamente selladas.
Lo que se está haciendo es dejar las tuberías de ventilación entre el espacio del cielo raso y el techo, construyendo dos pequeñas rejillas de ventilación en el alero lateral. Los gases se quedan atrapados entre estos dos espacios.
MARGARITA CONDE: La guatemalteca Margarita Conde, llegó en la tercera posición.
En la media maratón se recorría 21 kilómetros. Entre los ganadores se repartían una bolsa de 30 mil balboas.
La alcaldía y el Club Corredores del Istmo son los organizadores de este evento. La competencia fue dominada por los atletas colombianos.
Peligroso incumplimiento de las normas sanitarias
La situación se presenta igualmente en edificaciones de varios cientos de miles de balboas y en viviendas de bajo costo.