Más de cinco tortuosas horas esperé cuando fui a Sertracen en Mega-Depot para renovar mi licencia de conducir.
Acudí engañado por la afirmación de la Autoridad del Tránsito y de esta empresa salvadoreña de que en menos de una hora tendría mi documento.
Nada más alejado de la realidad.
Esperé una hora sentado en un local afuera de las oficinas. Cuando por fin ingresé, me encontré con más de un centenar de personas que esperaban turno para pasar por la única máquina de exámenes visuales y del oído que había.
Allí pasaron unas cuatro horas y media. Cuando traté de ir al baño en el pequeño local, descubrí que no estaba disponible para los clientes. En la máquina de agua no había vasos. El aire acondicionado tampoco cumplía a cabalidad su función.
Y cuando pensaba que el tráfico de influencias era cosa del pasado, llegó una señora con aire de jefa y se coló. Lo peor es que estaba acompañada de un miembro del Servicio de Protección Institucional, quien le abría paso de ventanilla en ventanilla.
Al final, perdí el día de trabajo, salí rendido, hambriento y estresado.