Como ella hay muchos, de todas las edades, profesiones y condición social. Ellos y ellas no tienen el menor reparo en incomodar a otros con sus pláticas privadas. Y hay que ver de lo que uno se entera en esas conversaciones. Desde los avances en el desarrollo de los infantes de la familia hasta del estado emocional actual de otras personas.
Por lo alto del volumen que emplean algunos, pareciera que el teléfono tuviera micrófono incorporado.
Y qué decir de los aditamentos, bolitas de colores, carátulas fosforescentes o luces robóticas; más que un teléfono, termina pareciéndose a un árbol de Navidad en miniatura.
El teléfono celular se ha popularizado tanto en Panamá que muchos ya están prescindiendo de las líneas residenciales que tanta disgusto generan cuando llega la factura.
Antes, los celulares eran un privilegio para los altos ejecutivos, ahora, hasta quienes ganan sueldos modestos pueden comprarlos con su supermercado. Aún así, siguen siendo signo de estatus.
Los celulares de los pudientes son pequeñitos, plegables, con conexión a internet y "roaming" para mantenerse en contacto desde cualquier parte del mundo; mientras que los demás poseen modelitos que cargan con una tarjeta de prepago cada quincena, eso, cuando hay plata.
No tome llamadas personales durante reuniones de trabajo.
Mantenga una distancia prudencial cuando hable por el celular.
No converse en elevadores, bibliotecas, museos, restaurantes, teatros, iglesias, auditorios, buses y otros espacios públicos cerrados. Evite en lo posible discusiones o conversaciones íntimas en lugares públicos.
No utilice tonos altos y molestos. Es un teléfono, no un radio.
No realice otras tareas mientras habla, en especial el manejo de un vehículo. Es ilegal y puede provocar accidentes.
Utilice un audífono en áreas ruidosas. Con ello escucha mejor y evita gritar.