Una de las piezas claves para la defensa de Marco Manjarrez, asesino de monseñor Jorge Altafulla, el siquiatra colombiano Roberto Solórzano Niño, comparecerá hoy a la audiencia que se desarrolla en el Segundo Tribunal de Justicia.
Solórzano Niño, objetado por la Asociación Nacional de Siquiatría, por no tener idoneidad, revelará el estado mental de Manjarrez al momento de cometer el crimen y el impacto sufrido en su personalidad tras los hechos.
Rafael Rodríguez, representante de Manjarrez, alegó que recurrió a Solórzano Niño, porque ningún siquiatra local tuvo la valentía de realizar una evaluación de su cliente y presentarse como testigo de la defensa.
Rodríguez alega que su cliente debe ser sometido a un tratamiento siquiátrico especializado, y por ello no puede ser sometido a los rigores de un juicio.
No obstante, la mayoría de sicólogos y siquiatras nacionales que han rendido declaración ante el tribunal, han expresado que el sindicado se encontraba en control de sus emociones al momento de cometer el crimen.
Algunos muestran discrepancias en cuanto a sí Manjarrez enfrenta problemas mentales tras el homicidio, y han reconocido que presenta un gran resentimiento por su expulsión del Seminario Mayor San José. Por su parte, el fiscal Dimas Guevara y la acusadora particular, Guillermina McDonald, aseguran que el reo planificó el homicidio, llevó ropa para cambiarse y desapareció el arma.