El siglo XXI iniciará con nuevas perspectivas para casi todos los panameños. La transferencia del Canal a Panamá y el inicio de un nuevo gobierno, esta vez liderado por una mujer, Mireya Moscoso, son dos razones poderosas.
Lo más irónico de este pasaje de nuestra historia patria es que precisamente será Mireya Moscoso, presidenta electa de Panamá, a quien le corresponderá recibir el fruto de los tratados firmados por quien derrocara políticamente a su esposo, el tres veces presidente constitucional, Arnulfo Arias Madrid.
La década pasada representó un letargo político, social y económico para casi toda la región latinoamericana, y Panamá no escapó a esta realidad.
Se ha pronosticado que el nuevo gobierno deberá continuar, hasta por lo menos un año, con el plan económico impulsado por el actual gobierno de Ernesto Pérez Balladares, quien a lo largo de su mandato ha sido cuestionado por poner en marcha políticas que, según sus detractores, han desfavorecido a los más humildes.
Por ello, la gestión de Mireya Moscoso tendrá que navegar en un mar de retos económicos que deberán mejorar el nivel de vida de miles de panameños, quienes durante los últimos años han visto frustradas sus esperanzas de lograr un futuro mejor.
La construcción de nuevas e importantes vías de acceso, tanto en el interior como en la ciudad capital, la llegada de inversionistas internacionales, en su mayoría de origen asiático, y la consecuente reversión del Canal, han hecho de Panamá un país apto para los negocios y las inversiones millonarias, según los expertos en la materia.
Sin embargo, el incremento de nuevas inversiones, uno de los objetivos de las políticas económicas impulsadas por Pérez Balladares, no han beneficiado a los sectores más necesitados del país, según la opinión de algunos sectores.
Para el economista y catedrático universitario Juan Jované, de no reformarse ciertas políticas económicas, tanto a nivel nacional como regional, el inicio del nuevo siglo no se vislumbrará tan halagador, pues Latinoamérica está experimentando reveses, producto de las prácticas y métodos impulsados durante los últimos años y que lógicamente inciden desfavorablemente en nuestro país.
La crisis en Brasil, en Ecuador, Venezuela y Colombia ha influido severamente en que el pueblo no perciba los beneficios de ciertas medidas importantes, que se resentirán más con la llegada del nuevo gobierno, porque por ejemplo el Presupuesto del Estado fue reducido y la capacidad de mejorar la actual realidad será muy limitada, explicó.
Lo más importante, según el economista, es que el gobierno entrante debe conocer perfectamente en qué condiciones se encuentran las arcas del Estado, para entonces continuar e impulsar las medidas necesarias para subsanar los desaciertos registrados en los últimos nueve años.
Enfatizó que es necesario continuar explotando la imagen de servicio, pero que ésta sea engarzada con una propuesta de producción nacional capaz de competir con mercados tanto locales como de mayor importancia, lo que simplemente conlleva a la denominada globalización.
De acuerdo con Jované, actualmente existe bajo el tapete "un forcejeo" de parte de los actuales gobernantes, quienes buscan quitarse "cierta rigidez", por lo que el gobierno entrante tendrá que luchar por buscar su espacio económico, para que la historia los juzgue por separado.
Estudios preliminares indican que a mediados del año 2000 la economía nacional debe iniciar un balance que dependerá de la calidad del programa económico que presente la nueva presidenta, expresó Jované, quien añadió que hasta el 2004 deben buscarse los mecanismos de crecimiento, no sólo en esta materia