Los pacientes con el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA) o los portadores del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), que no tienen un seguro social o un buen estatus económico, no pueden pagar todos los meses los altos costos que implica el Tratamiento Antirretoviral (TAR), mejor conocido como la triple terapia.
Los costos de la terapia oscilan entre B/.900 y B/.1,000 mensuales, sin contar las veces que los pacientes tienen que acudir a realizarse los exámenes de conteo de linfocitos T (CD4) o el examen para conocer la cantidad de virus que pueden tener en la sangre, denominado carga viral. El primero tiene un costo de B/.90.00 y el otro de B/.120.00, lo que merma la esperanza de continuar con vida.
El SIDA, causado por la transmisión del VIH por vía sexual o flujos sanguíneos (jeringuillas no higiénicas y transfusiones), ha alcanzado cifras alarmantes.
Pablo, un joven de 34 años que a los 27 adquirió el VIH, es uno de los miles de panameños que ha sido infectado. En aquel tiempo se desempeñaba en una empresa que le proporcionaba estabilidad y éxito.
Comentó a El Panamá América que tenía una vida "alegre" y no tomó las precauciones debidas para evitar contagiarse, hasta que un día se enfermó. Al acudir al médico se le realizó una serie de exámenes y resultó ser un portador del VIH.
De allí en adelante su vida cambió. Perdió su empleo, enfermó de encefalitis y por dos años no pudo comer nada sólido, todo tenía que ser líquido.
Comenta que lo más difícil de este trauma son los medicamentos, debido a sus elevados costos. Las estadísticas asustan cada día más. Por cada tres hombres con SIDA hay una mujer infectada. Muchas de ellas tienen que convivir a diario con sus hijos ocultando esta gran verdad que las agobia para no hacerlos sufrir.
Entre esas mujeres está María, una panameña de 37 años, quien contó a El Panamá América que adquirió el virus a través de las relaciones sexuales con su pareja. El era una persona en quien confiaba plenamente, y nunca pensó que la traicionaría y engañaría de esta forma, por lo que no le exigía que utilizara condón.
María es una mujer que a pesar de estar contagiada con el virus se siente como una persona normal, debido a que no puede dejar que su vida cambie, por una razón valiosa: Mario.
Mario es su único hijo, por ello le ha ocultado que es portadora del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). María cree que a sus 13 años Mario todavía no está preparado para una confesión tan triste que puede cambiarle la vida o hacerle víctima del rechazo por parte de sus amigos y compañeros. A pesar de que es ella quien tiene el virus, las personas tienden a pensar que los que conviven con una persona infectada se pueden contagiar.
Al consultar a la psicóloga Geraldine Emiliani, sobre la situación de María, señaló que el portador, sus familiares y amigos deben entender el significado de estar infectado. Tanto el sujeto portador como el enfermo requieren de un adecuado apoyo psicológico para enfrentar los miedos e incertidumbre que esta enfermedad ha ido generando, individual y socialmente.
La especialista considera que en algunas ocasiones es necesario que las personas que los rodean se muestren compresivos y consoladores, pero en otras se debe ser enérgico tanto con el paciente como los familiares, ya que son los más propensos al desequilibrio emocional, lo que los puede llevar a una baja autoestima.
De acuerdo con la psicóloga, los principales problemas que afectan a los pacientes de SIDA son los temores por su condición humana, tienen miedo a lo desconocido, a la sangre, al sexo, a la enfermedad, incapacidad, abandono, la soledad y la muerte. Aunado a estos factores, la actitud alarmista y poco tolerante que existe en la sociedad afecta a las víctimas.