La empresa Trafalgar Maritime International Inc, propietaria del barco Otterloo, negó ayer mantener negocios con los israelitas Oris Zoller y Uzi Kssilivich, señalados como los cerebros del trasiego del mayor cargamento de armas introducido a Colombia, para cuya adquisición se falsificó un documento de compra de la Policía Nacional y que obligó al Ministerio Público a abrir una investigación.
El director de la Policía Nacional, Carlos Barés y el secretario ejecutivo del Consejo de Seguridad, Ramiro Jarvis, negaron que los cinco mil fusiles de asalto AK-47, los 1,000 RPG y los cinco millones de municiones adquiridas en Nicaragua por la empresa guatemalteca Gir, fueran comprados por Panamá.
Barés sostuvo que la orden de compra No. 954 del 2000 fue falsificada, e incluso se utilizaron nombres falsos del ministro de Gobierno y Justicia, del jefe de Compras, del jefe de Control Fiscal de la Contraloría y se falsificó la firma del director de Servicios Generales de la Policía, Rolando Taboada.
Aseguró que todo se trató de un engaño y que las armas provenientes de Nicaragua fueron directamente hacia Turbo, Colombia, y en ningún momento el cargamento estuvo en Panamá.
Por su parte, el secretario del Consejo de Seguridad, Ramiro Jarvis, dijo que corresponderá a las autoridades nicaragüenses establecer cómo fue vendido este cargamento de armas sin certificar realmente que la empresa compradora representaba a la Policía Nacional de Panamá.
Jarvis señaló que cuando la embarcación Otterloo regresó a Panamá se realizó una inspección y se interrogó a algunos de los marinos, ninguno de los cuales se encuentra detenido por su vinculación al hecho.
En tanto, el comisionado de la Policía de Nicaragua, Marlo Montano, aseguró que desconocen los detalles de las transacciones de venta de estas armas, pero admitió que la Policía panameña ha solicitado información sobre el tema.
Por su parte, el agente residente de Trafalgar Maritime International Inc, propietaria del Otterloo, sostuvo que la nave debió desviarse hacia Turbo, por problemas mecánicos y que en ningún momento se transportaron armas.
Gustavo Padilla explicó que el gerente general y dueño de la empresa, es el mexicano Miguel Onattopp y que en la actualidad el Otterlo se encuentra en el dique seco del Puerto de Cristóbal, Colón, en transacciones para su venta.
Según Padilla, toda la tripulación fue despedida y aquí sólo permanece su capitán Carlos Aguilar, quien rechazó conversar con la prensa. También como dignatarios de la empresa figuran Julio César Matute, Ignacio Robles Chambers y Carmen Cecilia Rangel Solano.
Las investigaciones realizadas en Panamá y Colombia señalan que la compra se fraguó desde febrero del 2000, que la embarcación atracó en Turbo el 10 de noviembre del 2001 y que no fue hasta enero del 2002 que las autoridades panameñas se enteraron de este problema.