El director de la Policía Nacional (PN), Carlos Barés, repudió la intención de algunos candidatos presidenciales de persistir con el argumento de modernizar la institución y mejorar la seguridad del país para obtener votos.
Según Bares, la modernización de la Policía no debe ser tratada de manera política, pues la reestructuración de esta entidad de seguridad viene desde el pasado gobierno y mucho más con el actual que ha reestructurado su sistema.
“Todos hemos hecho un esfuerzo y ojalá que este tema de la Policía no sea un tema de campaña política, porque será lamentable que la utilicemos para ganar votos”, dijo Barés.
El director de la Policía afirmó que en este periodo de gobierno se han hecho inversiones significativas en capacitación del personal policial y recursos para su mejor empleo, logrando la creación de una universidad policial.
Barés reiteró que ojalá la persona que reemplace a la presidenta Mireya Moscoso, tenga el criterio de seguir invirtiendo en seguridad pública y no se utilice esta materia como un tema de campaña política.
Para el director de la Policía, los políticos que cuestionan la eficiencia del sistema policial “son aquellos que creen en las estadísticas para algunas cosas, mientras que aquellas que muestran el mejoramiento de la institución, no las toman en cuenta. Son personas que nada más hacen cuestionamientos que nos adversan”.
Carlos Barés espera poner mayor presencia policial en las calles, pues aspira a que antes que concluya su periodo, se logre la promoción de nuevos agentes, principalmente personal especializado, técnico y de comunicación.
Barés, recalcó la creación de nuevas dependencias enfocadas a tareas muy específicas, tanto en el combate al delito urbano como a contener grupos irregulares extranjeros en la frontera oriental del país.
Aseguró, además, que la Policía Nacional de hoy está formada sobre una base democrática y de respeto a los derechos humanos.
Entre septiembre de 1999 y diciembre de 2003, la Policía Nacional (PN) ha graduado unos 3 mil 758 agentes policiales que han sido puestos en las calles, sin embargo, a pesar de ello, aún persisten los cuestionamientos por la inseguridad.
Explicó que "hay que seguir un trámite que implica la referencia del médico del área. Incluso ACNUR a través de ONPAR ha sufragado altas sumas de dinero que alcanzan hasta los 11,000 en el traslado de personas enfermas".
Milena expresó que no podía echarse a llorar por este obstáculo, porque tiene que darle fuerzas a su madre.
Eneida Garcés pudo regresar a Juradó a través de una comisión creada para que palparan la situación actual de la ciudad, junto a otros paisanos con motivo de la repatriación. Pero dijo que no regresará a su natal Colombia, pues en el estado en que se encuentra su hija, el hospital no tiene los especialistas ni las condiciones para ayudarla.
Eneida ya había terminado de preparar las cocadas que serían vendidas en el pueblo por el pequeño Plácido, de 10 años. Había que aprovechar la presencia de muchos turistas.
En medio de la conversación las lágrimas brotaron incontenibles. No soportó recordar que aún dos de sus hijos están en Colombia, y su dolor se profundiza porque el de 21 años se prepara para el servicio militar obligatorio.
Dice que cuando fue a Juradó aquello le pareció un "teatro montado". Por lo que le mostraron las autoridades, todo se veía normal.
Pudo averiguar que había sólo tres médicos y varias enfermeras, una escuela abierta y la otra ocupada por militares. "No tienen cuartel", lo que puede poner en peligro a los estudiantes si hay una incursión armada, sostuvo.
Sólo en el denominado casco urbano hay seguridad. Más de cien soldados profesionales cuidaban el área y se movilizarían al área rural, luego de ser relevados este mes por los soldados campesinos.
Eneida aseguró que el alcalde de la ciudad no le pudo responder sus inquietudes, ni tampoco de las condiciones actuales de Juradó. No quedó convencida, por lo que decidió no repatriarse junto a sus hijos.
Pensó primero en las condiciones de salud de Milena, quien aunque no reciba en estos momentos las terapias, tiene acceso a un buen servicio hospitalario.
También recordó a Didier Zuñiga, su otro hijo de 16 años, quien se ganó una beca para estudiar en el centro básico de Metetí. Tampoco quiere negarle la oportunidad a Plácido y a Stailer, de 12, de continuar con su educación básica.
Milena miraba a su madre con dolor, mientras Eneida decía que no puede regresar porque sus hijos pequeños tienen mucho temor.
Esta familia se acogió a los principios de voluntariedad para no retornar.
Eneida Garcés y sus hijos no han sido acogidos como refugiados. El ACNUR reconoce la figura de protección humanitaria provisional cuando el Estado que recurre a ella tiene un excelente proceso de elegibilidad de refugiados. En Panamá, por la gran demanda, no es posible responder adecuadamente.
Pese a su impedimento físico, Milena Mosquera se las arregla para vender bolis y paletas en su casa. En la tierra que la acogió disfruta de un paseo al atardecer en su silla de ruedas, y mirar las olas.