La inversión de 28 millones hecha por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y materializada por la empresa J. Young S.A. entre los años 1977 y 1981 facilitaría que los recursos de las zonas de producción se trasladasen al oeste.
Ante los augurios de desarrollo para este punto del país, pagar un peaje de 0.50 centésimos era una cantidad ínfima por transitar la recién inaugurada autopista. Sin embargo, dadas las actuales condiciones de la vía, la cifra hasta parecería exagerada.
Proyectos residenciales, senderos improvisados, fisuras en el asfalto y gran cantidad de basura le dan a esta carretera un aspecto que contrasta con el desarrollo adquirido por el sector oeste de la provincia.
Panamá América recorrió los 21 kilómetros que comprende la autopista y se pudieron observar paradas de buses improvisadas y hasta barriadas precaristas.
A pocos minutos de iniciado el recorrido, unos singulares senderos llaman la atención. Se trata de accesos creados por los propios lugareños.
Sus formas son variadas. Simples entradas rodeadas por maleza, amplias calles de tierra que dan paso a comunidades y elevaciones con innumerables escalones dan cuenta del ingenio de los habitantes de esta zona para abrir trochas.
Todo con una motivación práctica, ahorrar tiempo para tomar el transporte. Una deducción lógica que surgió cuando un residente del sector salió de entre los herbazales para abordar un "coaster" con destino a Aguadulce. El lugar estaba muy lejos de ser una parada de autobuses.
Improvisar un camino es tarea sencilla cuando la cerca que separa a las comunidades de la autopista ha sido destruida en su totalidad. Oxidados alambres de ciclón son sólo un recordatorio de lo que otrora brindó seguridad. En algunos casos únicamente permanecen erguidos los pilotes y de las cercas no hay el menor rastro.
Quienes deciden seguir las reglas y transitan por los pocos puentes peatonales existentes, lo hacen bajo su propio riesgo. Algunas entradas están obstruidas por una vegetación que alcanza hasta un metro y las luminarias, donde las hay, son escasas.
Podría decirse que hasta los automovilistas se arriesgan, pues de ocurrir accidentes, las barandas laterales no ofrecen protección alguna.
Corroídas por el óxido y retorcidas por incidentes pasados, permanecen sin ser reparadas.
En un inicio esperamos encontrar huecos en la vía pero no fue así, oportunos "parches" habían cambiado su aspecto; sin embargo, pasada la entrada a Vacamonte es otro asunto.
A partir de este tramo los remiendos asfálticos se han deteriorado para dar paso a huecos y enormes fisuras, que no son visibles a las miradas, pero sí perceptibles mientras se conduce.
En medio de todo aquello otra realidad forma parte del escenario.
En la Barriada 19 de abril fundada por precaristas, los días transcurren normalmente a menos de ocho metros de la autopista.
Una residente aprovechó nuestra presencia para solicitar al gobierno agua potable y un sistema de alcantarillado digno.
De legalizarse, necesitarían también servicios de aseo pues quienes habitan en las improvisadas viviendas arrojan gran cantidad de desperdicios a la autopista.
Así como aparentemente emergen de la nada, apresuradamente otro hombre lo hizo pero esta vez con una botella de un material inflamable.
Desapareció rápidamente luego de iniciar tres hogueras a orillas de carretera. En un lapso de dos horas vimos cómo comenzaban cinco de estas "quemas" que el calor del mediodía convierte en espeso humo que dificulta la visibilidad de los conductores.
Antes de que esta realidad fuese el pan nuestro de cada día, varias alternativas han estado rondando.
En el 2001 se habló de eliminar el cobro del peaje y hace dos años se planteó reducirlo dadas las condiciones de la vía.
Se calcula que unos 40,000 vehículos circulan a diario por la vía lo que arrojaría ganancias mensuales de B/.600,000 y anuales de B/. 7.2 millones.
Es cerca de B/.20,000 lo que se genera en días como Carnaval y Semana Santa.
Los números también revelan que su mantenimiento podría ser más barato de lo que parece. La inversión más importante al respecto se hizo hace cinco años en lo relativo al hundimiento de la vía cercana al sector de Vacamonte.
Las reparaciones en este último tramo significaron un desembolso por el orden de los B/.596,788.
Lo cierto es que la condición actual de la autopista deja mucho que decir. La inversión hecha 25 años atrás sigue generando ganancias que no quedan en evidencia cuando se transita la vía.
Hoy se podría afirmar que en los años de funcionamiento esta vía ha generado más de B/. 40 millones, lo que serviría para cubrir ampliamente sus costos iniciales de B/. 28 millones.
La Ley 40 de 24 de octubre de 1980 y el Decreto 4 de abril de 1981 establecen que los peajes pagados por uso de la autopista deben de ser destinados para mantenimiento de la vía.
No sólo la carretera, la propia garita de peaje también evidencia el deterioro de su estructura.
Anualmente se expiden unos 4.5 millones de boletas de peaje para la autopista Arraiján-La Chorrera por un valor de B/. 3 millones.
Hace falta señalización y en algunos casos los anuncios existentes reposan bajo la maleza.
Durante el recorrido pudimos percatarnos de que en algunas comunidades al borde de la autopista no han demolido la cerca porque les sirve a los propios moradores como límite para sus casas.
Y eso no es todo. En el patio trasero cuidan animales y mantienen jardines, valiéndose del alambre de ciclón que deber ser usado para impedir el paso a la vía.
La "Curva del Sueño" es el tramo más peligroso de la autopista, así lo demuestran las estadísticas.
En el 2003 y el 2004 unas 24 personas perdieron la vida en accidente de tránsito en este sector.