Nación

Por 30 minutos de felicidad

Hay visitas regulares cada 15 días y las familiares, cuando se puede llevar niños, son tres veces al año.


Vejámenes, abusos policiales, pero también fugas y misteriosos túneles. Esa ha sido la tónica de la Cárcel La Joya en las últimas semanas.
Los custodios luchan por que no se introduzcan sustancias ilícitas o armas, mientras los familiares de los detenidos van en busca de 30 minutos de felicidad junto a sus familiares.
Panamá América conversó con familiares de varios reclusos y para ellos, los días de encierro de sus parientes parecen "interminables".
Son las 4:00 de mañana cuando se levantan las madres de los reos para cocinarles y llevarle "comida de casa" a los detenidos para que olviden por un día el "menú carcelario".
Ese es el caso de "Lineth" como pidió que la llamaran. Ella sale temprano para llegar a tiempo a La Joya a ver a su esposo. A las 6:00 de la mañana comienza la odisea.
Primero, hay que hacer una fila para anotarse y saber el orden de llegada y luego, se debe esperar al personal administrativo.
En ese momento es necesaria otra fila para llenar una tarjeta con los datos personales del familiar y del reo.
Lineth hace esto cada 15 días, cuando son las visitas. Pero, indica que lo peor, hasta ese momento, no ha comenzado.
La Policía revisa la comida minuciosamente para evitar que se cuelen armas u objetos prohibidos.
Lineth dice que para entonces ya está agotada y todavía no ha visto a su esposo, quien está preso hace seis años acusado de robo a mano armada.
"Se puede llevar alimentos secos y utensilios de aseo personal. La ropa para los detenidos es pantalones de un solo color, sin bolsillo y sin cordón, camiseta amarilla y azul para los reos de confianza", explicó.
Falta aún otra fila en la que se revisa a los visitantes. Lineth dice que la situación es en ocasiones, denigrante y que el trato no es el mejor.
Mientras ella madruga, en su casa su mamá la ayuda llevando a su hijo a la escuela y explicándole que su madre está "haciendo diligencias". El niño no sabe que su padre está preso, piensa que está de viaje. Las revisiones parecen interminables.
Lo peor, dice Lineth, es que la visita sólo dura 30 minutos. Desde que su esposo está detenido, Lineth no tiene vida propia y la familia de su esposo "Julio", mucho menos.
La madre de Julio es una anciana cuya salud ha empeorado desde que su hijo, el único varón, "cayó preso". La buena noticia es que hay probabilidades de que pronto Julio vuelva a ser libre.


Aunque sólo ven a sus parientes por media hora, las filas y la revisión exhaustiva hace que estas visitas duren casi toda la mañana.
El proceso que narró Lineth fue corroborado luego por Mari, quien también tiene a un pariente detenido.
Dijo que se debe tomar un bus blanco y así por fin, reunirse en un rancho. Mari confesó que es tedioso, pero la satisfacción es finalmente llevarle a estas personas un rato diferente en medio de las penurias que les toca vivir en el encierro.
Es por ello, que la "comida de casa" no puede quedar por fuera durante las visitas.
Y el asunto no termina cuando ven a sus familiares. Para salir, los requisitos previos son similares y el cansancio mucho mayor.
Tanto Lineth como Mari coinciden en que las autoridades deben buscar la forma de agilizar las visitas.
Su esperanza es que el calvario que viven cada 15 días y que se repite durante las visitas familiares de marzo, agosto y diciembre, termine pronto.
El Complejo Penitenciario La Joya tiene 2,207 privados de libertad. El 60% son casos de droga; 15%, hurto, 10% violación, 5% homicidio y un 10% casos varios.
La visita promedio en La Joya es de 258 personas por día lo que hace que 1,290 personas vayan allá por semana.
Hay 150 internos que trabajan en los distintos talleres, según información dada por el Ministerio de Gobierno y Justicia.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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