Con un aire de indiferencia, el Señor Pedro Morán, reaccionó ante la noticia de que el caso de la muerte de Mayra Morán, su hija, sea cerrado por falta de pruebas.
Pedro, lo sabía, es muy difícil que las autoridades capturen a alguien, pues aunque hubo testigos del tiroteo, le confesaron a él mismo, que no podían decir nada por temor a represalias.
Y reafirmó su indiferencia al señalar, que aunque capturen a los homicidas, nada le devolverá a su hija, por lo que le deja todo a Dios.
Y precisamente la falta de cooperación de los moradores para identificar a los pandilleros que protagonizaron la balacera donde Mayra resultó herida de muerte, es lo que mantiene el caso estancado.
Esto fue confirmado por el fiscal auxiliar Eduardo Guevara, quien aseguró a que el expediente será enviado a la Fiscalía Superior de Turno, que se encargará de avanzar en las investigaciones, pero ante la falta de testimonios y los pocos indicios, ya que no se tiene ni el arma homicida, es posible que el caso sea cerrado.
Por ahora la bala que acabó con la vida de Mayra Morán el pasado 29 de diciembre a las 10:00 a.m. mientras dormía en su casa, está en manos de los peritos de la sección de Criminalística del Instituto de Medicina Legal.
Entretanto, Pedro, un hombre humilde, padre de tres hijas, residente del sector de Transportes y Talleres en Curundú, sobrevive con la pena de no haberle podido dar un mejor lugar para vivir a su hija, pues según él, ella todavía estaría con vida.
Ante la inseguridad que reina en esa área, Pedro a fin de preservar la vida de las dos únicas hijas que le quedan, mandó a la menor a Penononé.